Tras la polémica 'Matrix Reloaded', tan amada como odiada, las hermanas Wachowski procedieron a cerrar lo que, hasta la llegada de la muy decepcionante 'Matrix Resurrections', parecía una trilogía con un capítulo, 'Matrix Revolutions', que trataba de conectar de la mejor forma posible el espíritu, ritmo y esencias de sus dos entregas anteriores.
Una combinación en la que, a la hora de la verdad, terminó prevaleciendo por goleada la fascinación visual, la perfección y el riesgo técnico y la incansable búsqueda de la épica. Es decir, muchas de las claves que convirtieron a 'Matrix' en un clásico instantáneo de la historia del séptimo arte.

Con menos confusión de la esperada, afortunadamente, 'Matrix Revolutions' resolvía su enrevesada trama a golpes en cámara lenta, homenajes claros y evidentes al mundo del anime, las artes marciales y el western crepuscular y, sobre todo, confirmando que la forma siempre estuvo muy por encima del fondo. Desde luego, si hubiera sido el final, estaríamos hablando de un último capítulo más que digno para una de las sagas más importantes e influyentes de las últimas décadas.