Tres cortometrajes y cinco largos es todo lo que ha necesitado Henry Selick para ganarse el corazón del público y las ovaciones casi constantes de la crítica. Es lo que tiene la genialidad de un autor con todas las letras capaz de inyectar su particular talento en todo tipo de historias, elevando la (evidente) perfección técnica que rodea todas sus propuestas de un elemento tan codiciado en el arte de contar historias como es el alma.

Pese a que los paréntesis entre cada uno de sus proyectos son más extensos de lo deseado, cada nuevo estreno de una cinta de Selick es recibido con las mismas dosis de ilusión y nervios que de expectativas, algo justificado plenamente en base al conjunto de maravillas que conforman su trayectoria profesional. ¿Lo mejor? Las pocas, poquísimas veces que la decepción hace acto de presencia una vez producido el ansiado reencuentro.
Responsable de una serie de cortometrajes deliciosos, dos obras maestras tan incontestables como 'Pesadilla antes de Navidad' y 'Los mundos de Coraline' y la notabilísima 'James y el melocotón gigante', Selick regresa ahora con 'Wendell y Wild', excusa perfecta para celebrar su carrera a través de los personajes más memorables de la misma.