Hollywood nos ha tenido algo ocupados con la ceremonia de los Oscar, pero estamos en un momento del audiovisual español en el que conviene contemplar el panorama y la taquilla nacional. Y es que marzo de 2026 quedará marcado en el calendario cinéfilo como el mes en el que dos figuras irreconciliables de España se dieron cita frente a la gran pantalla. Por un lado, el regreso de Santiago Segura con 'Torrente presidente' y, por otro, su antítesis, 'Amarga Navidad' de Pedro Almodóvar.
Este duelo podría ser visto como una simple coincidencia, pero representa la colisión de dos formas de entender la identidad nacional: la catarsis colectiva del cine de masas frente al prestigioso cine de autor. En un ecosistema donde las plataformas dictan sentencia, estos dos gigantes del cine español demuestran que la industria se sostiene gracias a una especie de simbiosis. Mientras Segura es una garantía de éxito financiero, Almodóvar continúa siendo el embajador que representa nuestra marca cultural a nivel internacional.
Santiago Segura, conquistador del pueblo
’Torrente Presidente’ se estrenó el pasado 13 de marzo por todo lo alto, recaudando 7 millones de euros durante su primer fin de semana y convirtiéndose en el cuarto estreno más exitoso de la historia de nuestro cine, con 'Torrente 3: El protector' y 'Torrente 4: Lethal Crisis' encabezando los puestos dos y tres, respectivamente. Santiago Segura llevaba más de 12 de años sin acercarse a la franquicia y, tras una temporada guardando refugio en la comedia familiar de Padre no hay más que uno, ha recuperado a su personaje más famoso.
Este regreso triunfal no es solo cuestión de nostalgia, ni una simple secuela, sino que se trata de un movimiento estratégico impulsado por alguien que comprende a la perfección lo que quiere el gran público popular. Tras tantos años produciendo y triunfando con una imagen mucho más blanca, ha decidido hacer la película con la que ha demostrado que el espectador seguía deseoso de esta sátira poco habitual que él ha logrado instalar en el imaginario español.
Esto se vuelve todavía más interesante si tenemos en cuenta la trayectoria profesional de Santiago Segura: de actor representante del cine underground de los años 90 al magnate más potente del audiovisual español. 'Torrente Presidente' suscita todo un fenómeno. Es la culminación de un personaje que nació en los márgenes de la sociedad y ha terminado ocupando el centro del debate público, recordándonos la capacidad de su director para convertir lo políticamente incorrecto en un éxito de masas.
A través de este humor, ha logrado mantener un reinado intocable, transformando lo que en su momento empezó con el filme 'El brazo tonto de la ley' en todo un icono representativo, para bien o para mal, de la cinematografía de nuestro país.
Pedro Almodóvar, la otra cara de la moneda
Por su parte, Almodóvar estrenó el 20 de marzo su vigésimo cuarto largometraje ‘Amarga Navidad’, que es, en toda regla y al contrario que el cine de Segura, un repliegue hacia dentro.
Representa el culmen de la línea intimista que empezó a desarrollar con 'Dolor y gloria' y que siguió con 'Madres paralelas' y 'La habitación de al lado'. Pero más allá de esta etapa de su carrera, lo que nos interesa de Almodóvar, en este caso, es cómo se configura en el panorama del audiovisual español como la más contundente contraposición (a nivel magnitud) al fenómeno ‘Torrente Presidente’.
Actualmente parece no ser competencia en salas a las películas de Segura, con sus últimos dos filmes recaudando 2,6 y 3 millones de euros en taquilla española, respectivamente. Puede que no gane en estrenos, pero es que su papel es distinto: Almodóvar sigue ganando en las universidades especializadas y en las filmotecas de todo el mundo. Su cine es nuestra marca más solida y, en definidas cuentas, también nuestro mayor exponente en el mercado internacional.
Este prestigio, por mucho que pueda verse simplemente decorativo o intelectual, al fin y al cabo permite que gran parte de la industria sobreviva, sobre todo si tenemos en cuenta que la presencia ‘almodovariana’ es uno de los motivos por los que España continúa siendo un socio prioritario para los fondos de coproducción europeos y otras ayudas internacionales.
La industria
Plantear el antagonismo de los cines de Santiago Segura y Pedro Almodóvar como una guerra sería no solo quedarse en la superficie, sino estar ajenos a cómo funciona la industria. La realidad es algo más incómoda.
Y es que ambos mantienen, como dijimos antes, una relación simbiótica, aunque nos cueste un poco digerirlo. Las películas de Segura son, nos guste o no, las que permiten que muchas salas de provincias sigan abiertas. Pedro Almodóvar, sin embargo, es nuestro embajador global, el sello que abre las puertas de festivales como el de Cannes o galas de premios como los Oscar, haciendo del cine español una potencia cultural. El grueso financiero y el prestigio, ¿dándose la mano para poder seguir subsistiendo? Seguramente por muchos años más.
El mismo Santiago Segura ha querido meter baza en esta comentada y supuesta rivalidad a través de un tweet publicado el pasado sábado en su cuenta de X, respondiendo al artículo escrito en El Debate comparando el desempeño de una y otra película en taquilla durante el fin de semana del 20 al 22 de marzo. 'Amarga Navidad', con sus 700 mil euros, no se acerca, ni por asomo, al volumen de recaudación de 'Torrente Presidente', que ha sumado 5,5 millones de euros a los 10 millones que había amasado durante su primera semana en cines
Por mucho que el cineasta trate de calmar las aguas, esta diferencia es el reflejo de que el público general español se decanta por una de las dos vertientes y de que, a pesar de que Almodóvar goce de ese reconocimiento a nivel mundial, el público nacional y él no parecen estar remando en la misma dirección.
La ética de la creación
Hablar de Segura en 2026 es hablar de una contradicción que sufre la historia del cine. Sí, los números lo demuestran: su producto es capaz de mantener los cines funcionando, incluso en las horas más bajas, pero una parte de la profesión y del público se pregunta: ¿a qué precio?
Ya no se trata de una cuestión de gustos, sino de una ética de la creación: qué estamos consumiendo y por qué. Segura no busca desarrollar nuevos lenguajes o desmarcarse como artista, sino que las fórmulas que utiliza, gran parte de ellas recicladas, persiguen el éxito comercial. A día de hoy, hacer ruido y crear polémica, hacerse hueco en el espacio mediático, puede ser garantía de permanencia.
Por eso también es contradictorio hablar de que el director de 'Torrente' salve el cine porque sus películas dan dinero. Son económicamente rentables pero también funcionan como agentes colonizadores. Cuando ocurre la situación que ya se dio en los primeros días de su estreno (el fenómeno 'Torrente', o como queráis llamarlo, que acaparó la taquilla española durante el fin de semana del 13 al 15 de marzo), quien paga el precio es la hornada de directores que buscan introducir miradas frescas.
Pregunta para el espectador
Este duelo de marzo pone de manifiesto que hay distintas maneras de consumir ficción. Por un lado está el espectador prototípico de Segura, que ve el cine como un mecanismo de evasión. Por otro lado, el de Almodóvar, que acude a las salas buscando cierta profundidad y que exige algo al cineasta.
Y el peligro real de este primer tipo de cine, del cine catártico sin riesgos ni implicaciones, es cómo el gran público se educa en un consumo rápido que no requiere mirada crítica. Películas que no te incomodan, que no te quieren ver pensando, dedicadas al mero entretenimiento.
Y esto es algo en los que todos nos podemos ver reflejados, ¿a quién no le gusta pasárselo bien? Por eso la oferta audiovisual es amplia, para que el cine como refugio y el cine como señalización puedan convivir. La gran pregunta es otra: ¿existe todavía el espectador capaz de disfrutar de ambos?
Quizás localizar este punto de encuentro sea fundamental para evitar la polarización extrema del cine, para entender que el entretenimiento y el intelectualismo no son opuestos sino que lo conveniente sería que sus públicos puedan comunicarse. De no ocurrir, corremos el riesgo de que el cine español esté partido en dos y de que el dinero y el talento hablen idiomas diferentes.