Iluminar la pantalla. Paralizar un plano, eclipsar sin querer hacerlo, casi pidiendo disculpas, y terminar emocionando con la ayuda de un simple gesto, casi imperceptible en algunas ocasiones. Manejar la tensión, la risa, el miedo, la inseguridad, la firmeza, la furia, el desamparo, la oscuridad de una celda y la radiante luz del verano en el pueblo. Capturar, en definitiva, la misma esencia de una historia con las manos de una interpretación. Esta meta es la que lleva cruzando Inma Cuesta de forma incansable durante toda su trayectoria.
Actriz de vena e impulso, romanticismo embriagador y manotazo al aire, rugido y caricia. Actriz de versos y prosa, de tinta y sangre, de océano infinito y árido desierto. Actriz de presencia inabarcable, de naturalidad y cotidianidad contagiosa, de ruta y destinos cruzados. Actriz de raza sin límites ni fronteras, de belleza deslumbrante y mirada desarmante, de nostalgia e ilusión, de lágrima y sonrisa. Mil registros y un Talento con mayúscula obligada.

Repasar los mejores papeles de la carrera de Inma Cuesta es un viaje repleto de recompensas y recuerdos, de interpretaciones que, con mayor o menor fuerza, saltaron de la pantalla y se anclaron en la memoria. No tienen demasiado sentido las categorías y las clasificaciones, pero, si se trata de señalar a las mejores actrices españolas de nuestro tiempo, poca duda, estamos ante una de las más importantes. Inma Cuesta en pasado, presente y futuro.