Pocos directores pueden presumir de la increíble hazaña de tener entre sus manos dos ansiadas Palmas de Oro del Festival de Cine de Cannes. El prestigioso concurso, vigente desde 1946, ha otorgado su máximo galardón, por partida doble, a nueve directores en su largo y prolífico recorrido: Alf Sjöberg, Francis Ford Coppola, Shôhei Imamura, Emir Kusturica, Bille August, Luc Dardenne y Jean-Pierre Dardenne, Michael Haneke y, el cineasta que nos ocupa, Ken Loach, son los afortunados de contar con este distintivo.

Curtido, durante sus primeros años, en una carrera televisiva profundamente marcada por los telefilmes sociales de la BBC (en la que comenzó a trabajar tras conseguir una beca audiovisual), Loach supo encontrar, en aquellos temas, la línea que posteriormente trataría incansablemente en su característica filmografía. Corrían los años 60 y la programación de la British Broadcasting Corporation se caracterizaba por un marcado carácter político y social. Una de las series estrellas de la parrilla, 'The Wednesday Play', abrió las puertas de la dirección a un joven conocido, por aquel entonces, como Kenneth Loach. Más de seis largometrajes firmó para la serie antológica, entre los que destacó 'Cathy Come Home' (1966), película que abordó la problemática de la vivienda y la pobreza en el contexto del estado de bienestar británico. El filme no fue solo uno de los más polémicos y vistos de la cadena en el momento de su emisión, si no que consiguió modificar leyes en torno a la población indigente que nunca antes habían sido tratadas seriamente por el gobierno.
En este contexto de cine revelador, que se alzaba como voz de las injusticias de la clase obrera, fue dónde Loach plasmó su mirada y ha seguido plasmándola más de 55 años después. Su salto de la pequeña a la gran pantalla no tardó en llegar. Sin dejar de lado su trabajo para la BBC, el cineasta británico inició un largo y laureado recorrido que abarca desde 'Pobre vaca' (1967) hasta la reciente 'Sorry We Missed You' (2019). Los 27 largometrajes cinematográficos, realizados en todos estos años de carrera, podrían dividirse entre lo político y lo social, entre lo observacional (en su primera etapa) y lo marcadamente discursivo (en su segunda y más extensa etapa).

Probablemente por esto último, Loach ha terminado situándose como uno de los cineastas más queridos y odiados, más defendidos y detractados, a partes iguales. Mucho del cine europeo actual es imposible de entender sin sus películas. Ahí quedan, no solo los premios internacionales, si no su siempre buen recibimiento por parte del público y la taquilla. Y es que es fácil que mucha gente se identifique con esos personajes e historias al borde del abismo, que recogen a los perdedores y perdedoras de la sociedad, siempre con voz insuficiente para mostrar sus problemas. Es un cine necesario y, por ende, aplaudido. La cuestión, sobretodo a partir de obras como 'Ladybird, Ladybird' (1994), es si su cine fatalista ha terminado cayendo en demasía en la esquematización y poca sutileza de unos personajes maltratados por las incansables situaciones del día a día.
Los primeros años y el 'Free Cinema'
El Free Cinema fue el movimiento cinematográfico británico de la década de los 50 y los 60 que, influenciado por la Nouvelle Vague, se caracterizó por implementar una estética realista en el cine de ficción y documental, ocupándose de retratar siempre historias cotidianas y comprometidas con la realidad social de la época. A Loach, los principales años de esta etapa le cogieron todavía fuera de los ruedos. Fue el cine con el que creció en su juventud y con el que, claramente, aprendió a narrar. Llegó por ello a enmarcar dentro del movimiento sus dos primeras películas: 'Pobre vaca' (1967) y 'Kes' (1969).
Quizá el cine más libre y revelador de la carrera del cineasta se encuentre aquí, especialmente en su segunda obra. Era un cine observacional, atento a los quehaceres de unos personajes a los que no solía formularizar tanto y a los que siguieron dos cintas tan interesantes como 'Family Life' (1971), más en la línea fatalista de su último cine, aunque tratada con pulcra mirada incisiva, y 'Black Jack' (1979), cine de marcado carácter histórico y destacada ambientación social.
Tras estas cintas, el cineasta se encontraría con unos problemas de producción que no le permitieron seguir con el mismo volúmen de obras (ni en el terreno del cine ni en el de la televisión) que había tenido las anteriores décadas y que volvería a recuperar más tarde en los años 90.
Ken Loach y el Thatcherismo
Su claro estilo de realismo social y temática socialista, ligados a una marcada militancia trotskista, llevaron a Loach a un enfrentamiento directo con La Dama de Hierro durante su ejercicio como primera ministra del Reino Unido desde 1979 a 1990. Con Margaret Tatcher en el poder, los presupuestos a la cultura se ven flagrantemente recortados, a la vez que el paro en todo el país comienza a subir. Los documentales de Loach, como 'A Question of Leadership' son prohibidos y retirados por combatir el Thatcherismo.
De esta forma, el cineasta solo encuentra el hueco suficiente para rodar tres largometrajes, que son, probablemente, los menos conocidos y recordados de su carrera. Con apenas distribución y posibilidad de acceder a ellos, 'El guardabosque' (1980), 'Miradas y sonrisas' (1981) y 'Fatherland'(1986) se sitúan en ese limbo de cine a hurtadillas que el cineasta de Nuneaton consiguió filmar en los años 80.
Etapa post-thatcherista y cine político
Loach consiguió volver a estrenar a lo grande tras el fin de Thatcher como primera ministra. La sequía cinematográfica proporcionó al director una mirada aún más política de la que tenía y, probablemente, más marcadamente partidista. 'Agenda oculta' (1990), premio especial del jurado en Cannes, se convirtió en toda una revelación, llegando a ser considerada como una de las mejores películas de los 90 por parte de la crítica internacional de la época. Probablemente nunca hizo, ni ha vuelto a hacer, un thriller tan marcadamente genérico. Con mirada punzante, aunque mucho menos maniquea de lo que mostraría después, 'Agenda oculta' es una película menos loachniana formalmente que las posteriores 'Riff-Raff'(1991), 'Lloviendo piedras' (1993), 'Ladybird, ladybird' (1994), 'Tierra y libertad' (1995) y 'La canción de Carla' (1996).

Aquí podríamos diferenciar las sociales 'Riff-Raff', 'Lloviendo piedras' y 'Ladybird, Ladybird', que navegan entre lo profundamente realista y fatalista, exceptuando la liberadora comicidad de la primera; y las políticas 'Agenda oculta', sobre la guerra del IRA, 'Tierra y libertad', retrato republicano de la guerra civil española, para muchos la mejor película sobre el conflicto, para otros un panfleto con demasiadas fallas históricas, y 'La canción de Carla', historia de amor enmarcada en la revolución Sandinista.
Con esta última, Ken Loach inicia una larga y prolífica etapa de colaboración con el guionista Paul Laverty, solo interrumpida con la película 'La cuadrilla' (2001), escrita por Rob Dawber, y el documental 'El espíritu del 45', escrito por el propio Loach.
Ken Loach y Paul Laverty
Director y guionista trabajaron por primera vez juntos en 'Tierra y Libertad', película en la que Laverty tenía un pequeño papel (el único de toda su carrera) y, desde entonces, se inició una colaboración casi única (fuera de la filmografía de Loach, Laverty solo ha escrito para su esposa Icíar Bollaín, sin contar la película 'Cargo', de Clive Gordon). De este modo, más de 23 años unen las carreras de estos creadores, que se han dedicado a sacudir las conciencias de la sociedad contemporánea, a través de la denuncia y reivindicación de los problemas de la clase obrera.
Muchos de los premios obtenidos por Loach, incluyendo sus dos Palmas de Oro ('El viento que agita la cebada' y 'Yo, Daniel Blake', que están lejos de ser sus mejores películas), los ha conseguido en esta época tan laureada. También en ella ha conseguido recolectar la mayoría de sus detractores. Laverty, tendente al maniqueísmo y el subrayado, ha generado en los últimos años películas ciertamente sentimentalistas, fáciles y previsibles. Esto, sumado al gusto de Loach por el fatalismo, lleva a un cierto rechazo por parte del público que busca mayor sensibilidad y sutileza en las propuestas cinematográficas.
Aun así, la dupla ha conseguido levantar filmes tan interesantes y devastadores como 'Felices dieciséis' o 'Mi nombre es Joe', películas de marcado carácter social, que bordeando algunos de los problemas antes citados, consiguen bucear de manera mucho más profunda en el declive de sus personajes.
De este modo, llegamos al estreno de 'Sorry We Missed You', presentada en el último Festival de Cannes y ganadora del Premio del Público a mejor película europea en el 67 Festival de San Sebastián. Premio que, sin duda, deja clara la gran conexión que Loach tiene con el público. Conexión de un director que, aun con sus trucos y errores, siempre ha mantenido intacto un bello y arrebatador compromiso con sus ideales.