Se trata de sentarte en una butaca o sillón, sumergirte por completo en una historia y, de manera casi literal, desaparecer por completo. Tú o el mundo. Puede que ambas cosas, especialmente si la película en cuestión sobrepasa los límites de lo magistral. Entre todos los géneros cinematográficos con capacidad para llevar a cabo esta proeza, nunca olvides que (casi) todo depende de lo que sucede en la pantalla, está claro que el thriller es uno de los más privilegiados.
Y es que la hipnosis, cuando transitamos por estos modelos narrativos, está más cerca que nunca. Sucede por la atmósfera, las sensaciones, lo que se intuye y lo que se muestra, la certeza de estar en mitad de un rompecabezas de múltiples piezas, un laberinto de múltiples salidas, una caja fuertes con múltiples códigos. Los personajes transitan el suspense en compañía del espectador, haciéndoles partícipes de sus hallazgos, derrotas y confusiones. La ruta continúa, no hay demasiado tiempo, pero cada instante suma, cuenta, importa.

En este sentido, las once películas que aparecen en este especial suponen un ejemplo bastante claro y satisfactoria de esta teoría de intriga que empapa, secretos que rompen y confesiones que desbaratan quinielas y pronósticos. El thriller, en definitiva, estallando en su condición de género único, esencial e incomparable.