Hubo mucho tiempo, pero mucho, en el que recuperar a Michael Keaton parecía imposible. Su trayectoria, repleta de películas tan formidables como 'Bitelchus', 'Batman', 'De repente, un extraño', 'The Paper (Detrás de la noticia)', 'Jackie Brown', había empezado a caer en picado a comienzos del siglo XXI y el futuro andaba lejos de las promesas de la resurrección. Sin embargo, claro, hablamos de Hollywood, un espacio imposible que tritura y rescata con la misma pasión.
Así, tras el estreno hace ya diez años, madre mía, de una 'Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia)' que le debería haber valido para recoger su primer Oscar y recibir una tremenda ovación, Keaton volvió a lo grande. Y decidió quedarse. Y aquí sigue.
Salió ganando él, pero, ojo, también nosotros. Michael Keaton es un actor muy particular cuya presencia desprende un magnetismo casi hipnótico. Puede ser excesivo o abrazar la contención más extrema, resultar divertido y aterrador, pero nunca dejará de perder una esencia que le convierte en un intérprete distinto y carismático. Ojalá no volvamos a perderle por el camino.