Para quienes vivimos en plena adolescencia su estreno, situado ya en el lejano pasado que supone 2004, la primera entrega de 'Saw' supuso un impacto de esos que consiguen generar escalofríos de memoria, terror y felicidad al segundo. Era una cuestión de sorpresa y golpe (de genio) que te atravesaba y te dejaba pegado a la butaca durante un buen rato, especialmente gracias a su memorable giro final.

¿A partir de ahí? El dolor implacable de una serie de secuelas que navegan entre el desastre más absoluto y el aprobado (muy) justo. Contando con la nueva entrega que llega ahora a las carteleras, la saga alcanza, nada más y nada menos, que las diez películas, manteniendo casi inalterable el interés y pasión de una auténtica legión de admiradores y admiradoras que no dejan de acudir a su cita con el bueno de Jigsaw.
Perdida la originalidad y el encanto de la novedad, lo que queda es una franquicia siempre entretenida, aunque solamente sea por descubrir el próximo juego que llenará la pantalla de vísceras y sangre, a la que tampoco se le puede negar una ambición considerable por mantener una línea narrativa y señas de identidad realmente marcadas. Quizá las trampas se deberían haber acabado hace mucho, pero es hora de volver a meternos de lleno en el universo de 'Saw'.