¿EL MEJOR GUION DEL AÑO?

Festival de San Sebastián, Día 3: Martin McDonagh nos adentra en la América profunda de Ebbing, Misuri

Martin McDonagh protagoniza la tercera jornada del festival gracias al memorable guion de 'Tres anuncios en las afueras de Ebbing, Misuri'

Por Antonio Miguel Arenas Gamarra 25 de Septiembre 2017 | 10:50

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La cosa hoy en el Festival de San Sebastián va de gigantes. Algunos forman parte de la leyenda, como el gigante de Altzo que protagoniza 'Handia', la producción vasca por la que este año se vuelve a apostar en Sección Oficial; otros demuestran serlo por su talento, como Martin McDonagh gracias al memorable guion de 'Tres anuncios en las afueras de Ebbing, Misuri', una de las Perlas del año tras su paso por Venecia y Toronto; y por último, con la vista puesta en Horizontes latinos emerge una gigante de nuestro cine, Emma Suárez, que en 'Las hijas de abril' se adueña de la pantalla, interpretando a una madre cuya crueldad se equipara a la de Saturno devorando a sus hijos.

Diario de San Sebastián, día 3: 'Tres anuncios en las afueras de Ebbing, Misuri'

El título de 'Tres anuncios en las afueras de Ebbing, Misuri' es una declaración de intenciones, pues no conviene adelantar ninguna de las distintas capas, giros y sorpresas que aguardan en el guion de Martin McDonagh, pero precisamente en la sencillez de esa sentencia está su esencia. Porque sí, nos encontramos ante otra historia de violencia construida en torno a ciertos estereotipos y personajes caricaturescos de la América profunda, pero en cambio siempre hay una doblez en su construcción, un diálogo afilado, un gesto inesperado, una decisión que los convierte en seres tridimensionales.

Sirva de muestra la presentación de su protagonista, una Frances McDormand que añade una nueva muesca cargada de ira a su figura, la de una madre que se enfrenta a las autoridades locales con un recurso tan posmoderno como la compra de tres vallas publicitarias para denunciar que no hacen nada por encontrar al culpable de asesinar, violar y quemar viva a su hija. Cuando se dispone a pagar los anuncios la vemos ayudar a una cucaracha que se encuentra boca abajo, a la que tratará con mayor aprecio que a los policías, cuya comisaría se encuentra situada enfrente de la agencia, en el fondo de la imagen. No será el único detalle de una película presta a revelar la humanidad que sus en apariencia arquetípicos secundarios esconden tras esa fachada.

'Tres anuncios en las afueras de Ebbing, Misuri'

En 'Siete Psicópatas', su anterior y no lo suficientemente apreciado largometraje, McDonagh llevaba al paroxismo un ejercicio metalinguístico sobre la escritura de un guion imposible en el que los personajes de ficción terminaban cobrando vida y viceversa. Superado ese bloqueo creativo hecho película, el dramaturgo británico ha vuelto reforzado a las esencias del género mediante una realización clásica, sin estridencias ni golpes de estilo, más allá de un brutal plano secuencia que surge como respuesta a un valiente cambio de rumbo en la trama.

Alma de escritor en el cuerpo de un cineasta, McDonagh trata de ser lo más eficaz posible para sacar el mayor partido a las interpretaciones de su reparto y explotar sus diálogos. El resultado es un recital, cuyo inusual desarrollo de personajes conduce a un delicioso final abierto, el broche perfecto para uno de los mejores guiones del año.

De gigantes e instinto maternal

Otra madre coraje parece ser en un principio la Emma Suárez de 'Las hijas de Abril', que viaja de España a México para ayudar a su hija adolescente, de la que ha descubierto que se ha quedado embarazada. Aprovechando el contraste de su rígido punto de vista formal, repleto de largos planos secuencia y vacíos narrativos, y la naturalidad de la interpretación de Emma Suárez, el cineasta mexicano Michel Franco consigue asombrar gracias a la facilidad pasmosa con la que esta exigente madre se instala en el domicilio para convertirse poco a poco ante nuestros ojos en un ser autoritario, una seductora y criminal, toda una mantis religiosa.

'Las hijas de abril'

Franco, al que se le acusa de caer demasiado en el cinismo y la crueldad más propias de Haneke, aquí demuestra tacto y humanidad al no caer en el morbo y la truculencia a la que todos nos temíamos podría muy fácilmente conducir su guion. En cambio, el director de 'Después de Lucía' es plenamente consecuente con su propuesta, entregando un sólido final mediante el que asevera que tanto el instinto maternal como la maldad son una cuestión hereditaria.

En 'Handia' hay una gran historia que merece ser contada, pero también una que merecía ser contada mejor. Es difícil encontrar a los responsables de 'Loreak' detrás de esta producción vasca a gran escala, que con más de tres millones de presupuesto vuelve a la historia (o la leyenda) de un gigante que poblaba Guipúzcoa en el siglo XIX y recorrió el mundo hasta desaparecer sin dejar rastro.

'Handia'

Puede achacarse a una estricta cuestión económica que la desmedida inversión en recrear la época no termine de resultar convincente, que su mirada etnográfica e histórica esté desaprovechada y que la batalla en plena Guerra Carlista luzca peor que una producción televisiva, limitaciones perdonables en todo caso. Lo que cuesta entender es el propósito de un guión en exceso ambicioso y desequilibrado, que hace aguas y pierde el rumbo de forma sucesiva durante el metraje, cayendo en la cursilería, la poesía malentendida y el subrayado con demasiada facilidad.

Por su parte, la puesta en escena, en su afán por resultar expresiva ahoga por acumulación las imágenes en el montaje, haciendo vulgar un relato insólito y pegado a la tradición vasca, que no está exento de virtudes como sus valiosos trucajes artesanales, la relación entre los hermanos, algún dialogo inspirado debido a las dimensiones del miembro del gigante (¡Isabel II!) y su forma tan autoconsciente de imprimir la leyenda, pero que nunca termina de encontrar su razón de ser ni justifica su presencia a concurso en la Sección Oficial.

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