Pese a que su carrera ha contado con algún traspiés importante, especialmente en unos primeros compases algo irregulares, a nadie se le escapa que Enrique Urbizu es uno de los grandes directores de nuestro cine. Especializado en el thriller, al menos es el género en el que encontramos sus cimas más indiscutibles, hablamos de un tipo capaz de transitar con la misma convicción por otros terrenos como la comedia, el drama o incluso el western.

De formas clásicas y un gusto excelente en lo que respecta a la confección de repartos y dirección de los mismos, Urbizu se ha ido ganando su merecido estatus dentro de la industria a base de propuestas alejadas de los elementos más comerciales, planteando así un camino tan personal como satisfactorio, tan independiente como propio y tan identificables como disfrutable.
A la espera de conocer sus próximos pasos, los cuales siempre se deben seguir con interés, ilusión y expectativas, nos queda seguir disfrutando con la revisión de una filmografía en la que los aciertos superan a los errores y en la que podemos encontrar más de un sobresaliente. Enrique Urbizu como su propio y único punto de medida e inflexión.