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Lizzie33

10

Y yo opino que ha estado bien

01 mar 2009

La peli va de Joy y Jack no pueden ser más diferentes. La primera es "broker" en una empresa, ordenada y eficiente, siempre planificándolo todo... Lo que conduce a que su novio le dé calabazas. Por contra Jack es un joven caótico, que ignora el significado de la palabra compromiso en el amor, y que en la empresa de carpintería de su padre no es capaz de hacer un mueble en condiciones; hasta el punto de que su progenitor le pone de patitas en la calle. Ambos viven en Nueva York, y no se conocen de nada... Pero tras confiar sus cuitas a su mejor amiga y a su mejor amigo respectivamente, se marchan a Las Vegas de juerga, una forma como otra cualquiera de olvidar las penas. Allí se conocen, mucha risa, jijijí, jajajá, alcohol y... se casan. Sí, se casan. A la mañana siguiente, casi ni se acuerdan de las circunstancias: los dos piensan que el enlace ha sido un disparate y piensan en divorciarse. Pero el juez que les toca considera que el matrimonio es algo muy serio, y les pone un período de seis meses para ver si pueden superar sus diferencias. Además, hay otro detallito... la "feliz" pareja ganó 3 millones de dólares en el juego, un botín de reparto no claro si se separan.


Comedia romántica que sigue los cánones del género sin despeinarse, o sea, sin riesgo alguno. Las bromas se basan en la diferencia de caracteres de los dos protagonistas, los bien escogidos Cameron Díaz y Ashton Kutcher. Así tenemos abundante guerra de sexos, planes para hacer la vida imposible al otro, los consejos de los amigos, la entrada en escena de los padres de él, alguna que otra broma zafieta... La cosa podía ser más o menos resultona, pero el desconocido Tom Vaughan ofrece una realización bastante plana y de ritmo absolutamente caótico (tan pronto se pone frenético en la noche de Las Vegas, como se ralentiza y acumula gags que pueden funcionar en solitario -y no todos-, pero que en conjunto agotan), lo que perjudica el resultado final. Falta unidad a los distintos tramos, poco parecen tener que ver las sesiones de la terapeuta con la competencia en el trabajo de Joy, por señalar dos escenarios muy distintos, de escenas que bien podían pertenecer a películas diferentes. Añoramos los clásicos. Y por si no ha quedado claro, lo diremos otra vez: añoramos los clásicos.

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