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Rompiendo la cuarta pared

30 sep 2017

Era 2009 cuando vimos por vez primera en pantalla a Deadpool, el mercenario bocazas de la Marvel, y desde entonces, el universo fílmico de los X-Men ha dado un giro de 360º. Tras la trilogía original, llegó 'X-Men Orígenes: Lobezno', primera precuela de la saga en la que, como bien reza su título, se nos contaba la épica vida del mutante interpretado por Hugh Jackman hasta antes de ingresar en la Escuela Charles Xavier para Jóvenes Talentos. Durante su paso por el proyecto Arma-X liderado por el Coronel William Stryker, Lobezno conocería a Wade Wilson, ya entonces interpretado por Ryan Reynolds.

Los fans de la Patrulla X no quedaron (quedamos) contentos con la primera adaptación del mítico personaje de la Marvel y, tal como pasó con la trilogía original, Bryan Singer tuvo que retomar las riendas de la saga con 'X-Men: Días del Futuro Pasado' para instaurar una nueva línea temporal, la cual daba pie a una nueva formulación de la saga y servía como excusa perfecta para enmendar errores (véase 'X-Men: La decisión final'). Así pues, con el viejo Deadpool borrado por culpa de una paradoja temporal, era hora de instaurar un nuevo comienzo para el antihéroe por excelencia de la Casa de las Ideas, y lo ha hecho con todas las de la ley.

Y es que la solemnidad con la que ha ido avanzando el universo cinematográfico de los X-Men de la Fox, necesitaba un revulsivo como 'Deadpool'. Si 'Los Guardianes de la Galaxia' supusieron el soplo de aire fresco y gamberro al Universo Cinematográfico de la Marvel, este spin-off mutante dirigido por Tim Miller (en lo que supone su debut en el largometraje, y quien ya ha firmado por la secuela) supone lo mismo, aunque más exacerbado y pasado de vueltas, hecho que otorga credulidad a la adaptación de un personaje harto conocido por su verborrea no apta para menores y una moralidad que camina entre la delgada línea que separa el bien del mal.

Ryan Reynolds hace un ejercicio de autocrítica en el que no pasa por alto reírse de él mismo, del cine de superhéroes y de lo caótica que, a ojos del espectador, puede resultar la saga fílmica de los X-Men. Mención aparte merecen los descacharrantes gags, hijos de la verborrea sin censura de Wade Wilson, quien hace gala de una de sus más características cualidades con las que nos tiene acostumbrados en el cómic: romper la cuarta pared. Porque Deadpool le habla al espectador, ya sea para introducirlo en flashbacks, como para hacer un alto en el camino y reírse de todo y cuanto le rodea, y esa es la principal atracción de un film que ha preferido pasar por alto la línea editorial del cine de superhéroes de los últimos años, para lograr ser una de las adaptaciones más fieles que se han hecho hasta día de hoy de la Marvel.

Ahora sí: bienvenido, Deadpool.

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'Deadpool': Una chimichanga en su punto
Crítica Ecartelera
7,0