Vale, sí, venga.
Sin spoilers
¿Entretenida? Entretenidísima. ¿Grandes actuaciones? Sin duda; los pilares de la película son las magníficas interpretaciones tanto de protagonistas como de secundarios, empezando por un Mark Ruffalo descomunal y acabando por un Peter Guilfoyle tenebroso, cercano, escalofriante. El ritmo no decae y se consigue un resultado sencillo, sin demasiados artificios, que logra (más o menos) llegar al espectador.
El problema está en las reglas del juego, en haber intentado encajar una pieza cuadrada en un molde circular. Esto es: han errado al usar los recursos de un género que no le corresponde a la trama, forzando los clichés de lo policíaco para lograr una oscuridad y una tensión que realmente no forman parte de la historia. La potencia de la trama era suficiente, y es precisamente cuando se deja que lo periodístico cobre fuerza que la película roza la brillantez. La escena de Ruffalo corriendo hacia el taxi y su viaje acompañado por la voz en off es el ejemplo de lo que debería haber sido la cinta, sin difuminar su garra en giros innecesarios (la trama interna) o en insistentes clichés (hasta la banda sonora parece fuera de lugar). Esto no es 'Zodiac' ni 'Todos los hombres del presidente', pero es que no necesitaba serlo.
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