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7,5

Heridas abiertas, mujeres violentas

03 sep 2018

Cuando nos enteramos de que HBO iba a estrenar la adaptación de la primera novela de Gillian Flynn (autora de éxito por la adaptación de 'Perdida') a muchos se nos hizo la boca agua, nada más y nada menos por su reparto y su equipo de creadores.

La serie prometía mucho, produciendo Amy Adams, Marti Noxon (una de las cabezas pensantes detrás de 'Buffy, Cazavampiros') y el propio director, Jean Marc-Vallée (realizador canadiense que se ha ganado la fama de creativo y especial no solo por dirigir otra serie de éxito como 'Big Little Lies' sino por films como 'Dallas Buyers Club', 'Demolition' o 'C.R.A.Z.Y.').

Adams interpreta a Camille Preaker, una personaje profundo, muy torturado por sus demonios (los del pasado más lejano se mezclan con los del más próximo al presente). Esta protagonista es una periodista que debe volver a su pueblo natal, muy a su pesar, a cubrir un asesinato y un secuestro de dos adolescentes. Pero más pronto que tarde todo se vuelve personal, y Camille debe luchar por mantener cierta distancia y, sobre todo, cierta cordura para tenerse a flote.

La serie, que si bien no es perfecta (con un ritmo lento y algo contemplativo que en ocasiones no da sensación de avanzar) es de interesante visionado, no sólo por el gran trabajo técnico y artístico con el que cuenta la serie (la puesta en escena de la propia localización del pueblo es impresionante, así como la mansión propiedad de la madre de Camille o la cantidad de palabras que van a apareciendo por los espacios en los que se mueven los personajes), sino por el trabajo interpretativo de Adams, por el estilo en la dirección y la edición de Vallée o por la mezcla de thriller, intimismo y algo de sarcasmo.

Tanto la novela como su adaptación homónima buscan plantearse cómo gestionan las mujeres la ira, y en gran parte esa es la pregunta que flota en el ambiente denso que acompaña a la serie, que es casi un estudio de los propios demonios de su protagonista. Una solitaria Camille que se encuentra entre el presente y sus propios recuerdos tormentosos (uno de los rasgos de dirección de Vallée, que es especialista en lo que a la edición se refiere para evocar elementos emoconales que no se pueden expresar con palabras).

Al final del trayecto quedan algunos huecos vacíos. Preguntas sin respuesta que quizá en la novela se contestan o quedan para la imaginación; y aunque se ha disfrutado el camino y se valoran los esfuerzos, la serie de 8 únicos capítulos parece dejarte con la miel en los labios: las ganas de un "algo más" que resulta inconcluso. Un producto como otros, que busca resolver quién es el asesino, pero contada desde otro punto de vista, con otras miradas y reflexionando bastante, pero quizá durante demasiado metraje.

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