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Las emociones de Pixar en 10 escenas inolvidables

Alberto Frutos Miércoles 15 julio 2015

Si tuviéramos que definir el cine de animación más importante de las últimas décadas en tres apellidos, esos serían: Disney, Miyazaki y Lasseter. Al menos, en cuanto a éxito de crítica y público, a su capacidad de unir los paladares cinéfilos más exquisitos con aquellos que necesitan poco más que el entretenimiento justo. Por supuesto, existen muchos más artistas que han convertido el dibujo en arte mayúsculo, vehículo para alcanzar niveles de sensación a la altura de cualquier personaje de carne y hueso, pero estos tres tipos han sabido llegar de un modo más especial, arriesgado, innovador y diferente a los espectadores. El último en aparecer, el rey de las camisas extravagantes, John Lasseter, es uno de los miembros creadores de Pixar, o lo que es lo mismo, uno de los responsables de la factoría de obras maestras más deslumbrante de los últimos años. Puestos a comparar, usaremos referentes del tamaño de Spielberg, Scorsese o Capra como ejemplos de cineastas cuya obra se podría equiparar a la de este genio y su equipo. ¿Las claves? La mezcla de los ingredientes mágicos del cine de animación, es decir, la diversión y entretenimiento para toda la familia unido a la construcción de personajes, principales y secundarios, repletos de carisma, con inyecciones de inteligencia, calidad técnica y, por encima de todo, emoción. Guiones que consiguen mantener a los más pequeños al borde del asiento, maravillados ante el espectáculo que se despliega ante ellos mientras los mayores vibran, ríen y lloran con historias convertidas, automáticamente, en clásicos. Incluso en sus trabajos menos logrados podemos encontrar escenas con el poder suficiente como para ponernos la piel de gallina, el nudo en la garganta y el lacrimal hundido.

Toy Story 3

A través de este especial, repleto de SPOILERS, celebramos el estreno de 'Del Revés' que, por cierto, ya está en la lista de mejores películas de animación de todos los tiempos y, de paso, descubrimos una vez más los momentos más emotivas de Pixar. Nos sumergimos en el corazón de los genios.

1 'Toy Story': la mirada triste de plástico

El inicio de una de las mejores trilogías de todos los tiempos, en cualquier tipo de género, podría haber conquistado el mundo por ser la primera cinta animada completamente con efectos digitales en la historia del cine, por su categoría de pionera, por ofrecer al espectador algo que no había visto antes. Pero no. La historia del vaquero Woody y el héroe espacial Buzz Lightyear, revolucionó Hollywood, reventó taquillas e instauró el reinado Pixar gracias a un guion que funcionaba como un reloj. Todo estaba en su lugar, todos los personajes tenían su momento de gloria y, de principio a fin, la película mantenía un ritmo imparable. Sin embargo, el momento clave, de esta entrega y y puede que de la trilogía en toda su extensión, corresponde a Buzz. El instante en el que descubre su identidad como muñeco revela una intensidad emocional inesperada en una película vendida como 'aventura de juguetes'. El cine de animación explotó en una escena que, a pesar de la canción de turno, no necesitaba más que un salto al vacío y una mirada triste, perdida, de plástico.

2 'Toy Story 2': el olvido hecho juguete

Tras la notable 'Bichos', Pixar regresaba al universo de nuestros juguetes favoritos con una secuela que no tenía nada, absolutamente nada, que envidiar a su aclamada predecesora. Crecía la historia y, con ella, aumentaban unos personajes que continuaban enamorando a los más pequeños sin dejar de fascinar a los mayores. Aumentaba la diversión, la acción, la profundidad y, claro, la emoción. En esta ocasión, es bastante fácil identificar la escena más representativa ya que funciona como giro dramático y, al mismo tiempo, como reverso oscuro de la idea que 'Toy Story 3' elevó a arte, el olvido. Dejar de lado los elementos que nos acompañaron en la infancia, perder a los compañeros de juegos que pensamos que nunca podrían quedarse perdidos bajo la cama, en un cajón o en una bolsa. Todo está en la mirada de Jessie, una cowboy que, de repente, se convirtió en recuerdo. ¿Duele? Por supuesto. Y Pixar lo sabe, por eso lo cuenta con elegancia, delicadeza. Y tristeza.

3 'Monstruos S.A.': buenas noches

Las despedidas siempre tienen un componente emocional indiscutible. ¿Quién no ha llorado viendo a Clint Eastwood despidiéndose con la mirada en 'Los puentes de Madison'? ¿Quién ha superado el adiós entre Elliot y E.T.? Yo, desde luego, NO. Son dos ejemplos pero podríamos haber mencionado muchos más y, entre todos, no podría faltar nunca esa mirada de la pequeña Boo tras recibir un último abrazo de Sulley, una criatura diseñada para asustar pero que, a la hora de la verdad, no era más que otra (maravillosa) creación de los genios de Pixar para, en compañía de su inseparable Mike Wazowski, arrebatarnos el corazón a base de sentido del humor y amistad verdadera. Si ellos son el espíritu de 'Monstruos S.A.', Boo, con su mirada gigante capaz de destrozar el escudo de los más fuertes, es el corazón de una propuesta que encontraba, en medio de su torrente de ideas geniales, el tiempo suficiente para hacernos llorar. De la carcajada a la lágrima en cuestión de segundos. O en cuestión de un buenas noches.

4 'Buscando a Nemo': la pérdida convertida en prólogo

Bienvenidos al trauma general. Ríete tú de la muerte de la madre de Bambi y de Mufasa, 'Buscando a Nemo' iba a convertir todos esos momentos en pura anécdota usando un mecanismo tan efectivo como contundente, el despiste. Lo menos que se podía esperar uno cuando se sumergía en el universo de la extraordinaria película que comenzó, en cierto modo, la etapa más gloriosa de la compañía, era un prólogo tan dramático. La madre de Nemo fallecía y la película hacía toda una declaración de intenciones. Esto ya no era un juego solamente de niños, si es que alguna vez lo fue. Construida con maestría, diseñada con pulso firme, con un manejo del suspense y el drama a la altura de los mejores, aquel prólogo volvía a presentar a Pixar como maquinaria perfecta para crear emociones sin aparente esfuerzo, tan solo con el uso de una historia que estuviera a la altura. Y 'Buscando a Nemo' lo dejaba bien claro desde el principio. As en la manga con el que ganar la partida en la primera jugada.

5 'Ratatouille': lección de arte

La escena que hizo que todos los críticos cinematográficos nos emocionáramos la podemos encontrar en una película protagonizada por una rata que cocina. Tal cual. Dentro de todo el catálogo de excelencias Pixar, 'Ratatouille' siempre ocupa un lugar injustificadamente menor. Deliciosa en todos sus apartados, la película de Brad Bird reflexionaba sobre el arte y sus conceptos, sus orígenes y consecuencias, la capacidad puramente humana de infravalorar a los que intuimos más débiles. De paso, convertía al mundo de la cocina en un personaje más, en unos años en los que NADIE tenía esa aspiración loca por ser un chef de postín. Sí, antes de que todos descubriéramos al cocinero que, suponemos, habita en nosotros, apareció el inolvidable Remy y nos robó el corazón sin opción a la resistencia. Su épica victoria como genio de los fogones sobre los incrédulos se certificaba a lo grande con la reflexión final del implacable crítico gastronómico Anton Ego, emocionado hasta la lágrima por un plato dirigido como una bala al centro de la diana de la nostalgia. Sin florituras, sin artificios ni grandes despliegues, Remy cocinaba desde las entrañas, el impulso y el entusiasmo, para llegar directamente al corazón. Lo mismo que una película que conseguía con un espectador que, tras escuchar las palabras de Ego, no podía más que combinar la sonrisa y la lágrima sin dejar de reflexionar acerca del valor auténtico de los genios en la sombra. Si hay que reivindicar una película, un momento, una escena en la trayectoria en la filmografía de Pixar hasta la fecha, aquí está.

6 'Wall-E': bailando en las estrellas

Lo que se intuía en 'Ratatouille', un salto cualitativo de altos vuelos, se terminó confirmando en la siguiente propuesta Pixar. 'Wall-E' llegaba a nuestras vidas para quedarse, dispuesto a convertirse en el trabajo más arriesgado, adulto y fascinante de la compañía y, especialmente durante su primera hora de metraje, no solamente conseguía esa meta sino que superaba el resto de expectativas depositadas. Mucho se ha hablado desde entonces de la diferencia entre ese tramo inicial y una segunda mitad mucho más convencional pero, con el paso del tiempo, 'Wall-E' se erige como una obra maestra de principio a fin, un clásico contemporáneo que tiene mucha parte de culpa de la admiración actual que despierta el cine de animación entre la crítica cinematográfica especializada. Para la posteridad queda el diseño de los dos personajes protagonistas, pura ternura, y su historia de amor, arrebatadora en los detalles, delicada, atemporal y representada a la perfección en un baile espacial que no ha perdido ni una pizca de su capacidad para hipnotizar a todos aquellos espectadores que, desde el verano de 2008, abrazaron a 'Wall-E' como una de las grandes películas de la pasada década.

7 'Up': la aventura de toda una vida

La cima. Si hablamos de emociones, 'Up' se lleva la palma. Y lo consigue en menos de cinco minutos. Tal cual. Si eres de los afortunados que aún no la han visto y están a punto de hacerlo, advertirte que estás a punto de presenciar una lección de cine en toda regla. Toda una vida cabe en un flashback, el amor, la ilusión, las expectativas, las esperanzas, las aspiraciones, el miedo, los sueños rotos, la realidad y la imaginación, las risas, las lágrimas, lo cotidiano y lo especial, el principio y el final. Todo, absolutamente todo, estaba presente en un tramo inicial que, al igual que ocurría en 'Wall-E', parecía eclipsar el resto del metraje. Y, de nuevo, error. La inolvidable aventura que vivían Carl Fredricksen y el pequeño Russel contenía momentos de una emoción desbordada, contenida en la mirada de un anciano que leía la última página de un libro que, más allá de los recuerdos, escondía una lección de vida que estaba por encima de cualquier crítica u opinión que se pueda describir. Es cierto que todo estaba en aquellos cuatro minutos iniciales pero, en esta ocasión, recordaremos otro de los instantes por los que 'Up', para muchos, sigue siendo la mejor película de Pixar. O lo que es lo mismo, una de las mejores películas de la historia del cine.

8 'Toy Story 3': hacerse mayor

Somos muchos los que seguimos buscando a la persona que consiguió aguantar las lágrimas tras la escena final de 'Toy Story 3'. ¿Eres tú? ¿No? Normal. Cima emotiva, guiño al espectador que ha crecido con Pixar desde sus comienzos, tenía como protagonistas, no podía ser de otro modo, a los personajes más memorables de la factoría. Andy se hacía mayor, como todos, y cedía sus juguetes a una niña que servía perfectamente como metáfora de las nuevas generaciones de espectadores que nunca terminarán de entender el valor real de ese vaquero y sus amigos. La mejor entrega de la saga cerraba la etapa más gloriosa del cine de animación reciente, con una escena para la historia, un retrato implacable, melancólico y prodigiosamente familiar que nos recordaba dos cosas. La primera, que es imposible crecer sin las despedidas y, la segunda, que Pixar ya tiene el cielo ganado. Una mano de trapo diciendo adiós y los lagrimones cayendo entre las butacas.

9 'Mostruos University': el sentido de la amistad

Escribir un artículo sobre la presencia de la emoción en la obra de Pixar parece una excusa tan perfecta como cualquier otra para reivindicar 'Monstruos University'. Secuela recibida con ese aire de semi decepción que rodeaba a toda propuesta de sello Pixar estrenada después de la, también infravalorada, 'Cars 2' y la correcta, a secas, 'Brave', la sensación general fue la de estar ante una película perezosa, una propuesta que iba a lo seguro sin asumir más riesgo que el de ofrecer una factura técnica cada vez más apabullante. Cumplida esa meta con creces, lo que nos queda es una historia de superación con lema de aceptate tal y como eres y encuentra al gigante que habita en ti que, si bien es cierto que no suponía ningún triunfo especialmente destacado para Lasseter y compañía, contenía escenas de levantarse y aplaudir. Entre todas ellas, una conversación bañada por la luz de la luna, entre nuestros dos protagonistas, Sulley y Mike, que condensaba todo el espíritu del universo monstruoso, tanto de la primera parte como de la segunda, y que, al mismo tiempo, funcionaba como definición exacta, en fondo y forma, de un concepto tan complejo como el de la amistad. No es poca cosa para un trabajo menor, ¿no? (A falta del vídeo del momento, siempre nos quedará el baile. Porque la carcajada también es emoción pura y dura)

10 'La Luna': los pequeños (grandes) tesoros

No debemos hablar de Pixar y la emoción sin mencionar, al menos, uno de sus cortometrajes. Elementos esenciales, casi tan importantes como el largometraje posterior, los chicos del flexo no se permiten acomodarse ni a la hora de contar una historia en seis minutos. Las virtudes deben ser las mismas, los logros idénticos, las sensaciones calcadas a las que después se intentarán conseguir con una hora y veinticinco minutos extra. Desde el año 1984, se han ido perfeccionando las técnicas hasta alcanzar una perfección que parece imposible que envejezca en algún momento, sin embargo, el alcance emocional de estas propuestas se ha mantenido siempre con la musa de su lado. Y es complicado escoger uno entre el amplio y maravilloso catálogo pero, en esta ocasión, vamos a centrar nuestra mirada en 'La Luna', por su naturaleza de cuento tradicional, lección de vida, inyección de belleza visual y capacidad de hipnosis masiva. Como una brisa de verano, un buenas noches antes de apagar la luz o un abrazo alargado durante cinco minutos, el cortometraje dirigido por Enrico Casarosa conseguía, también, ser mejor que el largo al que acompañaba, la correcta 'Brave'. Un logro más para una historia inolvidable, hermosa hasta el más mínimo detalle. Un tesoro diminuto que, instalado en la memoria, terminaba convertido en gigante. Y una demostración más de que el talento de Pixar no entiende de pilotos automáticos.

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