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Comedias televisivas con las que reír por no llorar

Javi P. Martín Jueves 04 agosto 2016

"Si mi película hace a una sola persona infeliz, sentiré que he hecho mi trabajo".

Lo dijo Woody Allen en 1979, con 'Manhattan' recién estrenada. Sobre la película, que fue nominada a dos Oscar pero no se llevó ninguno, dijo que estaba contento con el resultado. "Quería hacer una película que fuera más seria que 'Annie Hall', una cinta seria que provocara risas".

'Annie Hall'

Curiosamente, Allen es el último en apuntarse a una fiesta que él empezó hace más de 30 años. El realizador neoyorquino prepara una serie de seis episodios de la que poco se sabe: que estará ambientada en los años 60, que él la protagoniza y que el reparto tendrá, entre otros, a la polémica Miley Cyrus.

La serie de Allen se dice que llegará a Amazon antes de que acabe 2016. Podemos suponer que encajará a la perfección con una corriente de nuevas comedias televisivas que están dando voz y visibilidad a una generación de autores. Hoy en día, estos no encuentran proyección en un cine cada vez más polarizado entre las producciones gigantes y los pequeños proyectos que no tienen viabilidad más allá de los festivales.

Es en las cadenas de televisión de cable y en modelos más libres de intermediarios y anunciantes como Netflix donde los herederos de Allen han encontrado sus huecos. En plural, porque son muchos, son pequeños, y son únicos. Series de autor individuales, muy pegadas a la "marca" que es la persona que, en la mayoría de los casos, las crea, las escribe, las dirige y las protagoniza. E individualistas, porque hablan de temas muy concretos y personales, esperando encontrar a su público en el nuevo panorama, con una audiencia global y fragmentada.

Quizá el hijo más directo sea Louis C.K., que además fue uno de los pioneros de esta corriente con su serie 'Louie', que se estrenó en FX en 2010. Un producto minoritario que atrae buenas críticas y premios, la serie del estadounidense afincado en Nueva York, de ascendencia judía y mexicana, empezó como una sit-com subversiva y acabó demoliendo conceptos como la estructura, la verosimilitud y el pacto de ficción.

'Louie'

El propio C.K. ha afirmado que no cree que haya límites para la comedia, porque es la única manera de lidiar con los problemas: "Decir que no puedes bromear sobre algo es como decir que una enfermedad es tan grave que no podemos curarla". Y así, su sit-com ha tratado temas como el divorcio, la soledad, la masturbación, la paternidad, la culpabilidad, la vejez, la inmigración, la incomunicación, la guerra. La mayoría de las veces en sketches de unos cinco minutos.

El humorista sirve también para vislumbrar diferentes caminos a los que la industria audiovisual podría dirigirse: este mismo año, ha producido, dirigido, guionizado y protagonizado un experimento llamado 'Horace and Pete' que ha colgado en su web personal. La serie de diez episodios de duración oscilante estaba protagonizada por nombres de la talla de Steve Buscemi, Edie Falco y Jessica Lange y cualquiera puede adquirir sus capítulos por unos 5 dólares cada uno.

Lo curioso de 'Horace and Pete' es que su premisa se desarrolla en un bar, ese espacio común que comparten sit-coms como 'Cheers', 'Friends' o la española '7 vidas', pero la óptica es algo más trágica. Desprovista de one-liners y risas de fondo, esta especie de teatro serializado y difundido por Internet parece anunciar la muerte definitiva del género. El fin de esa mentira que ha sido la televisión durante 20 años, para hacer hueco a las diferentes verdades.

Y si bien ha habido quien se preguntaba si lo de 'Horace and Pete' es siquiera televisión, es indudable que está dentro de esta nueva forma de consumo audiovisual que no tiene un espacio concreto porque los tiene todos.

'Girls'

Lena Dunham, con 20 años menos, también aspiraba en 2012 a ser "una" voz de "una" generación. Su 'Girls' cerrará sus puertas la temporada que viene, tras haberse convertido sin duda en eso, un retrato de unas personas con una edad, educación y nivel adquisitivo concretos. Un retrato que es trágico y paródico, hipertrofiado y fiel, todo a la vez.

Desde la comedia están surgiendo las visiones jóvenes más interesantes, y las que con más atino cuentan los dramas de una generación que se ha quedado sin modelos de conducta, sin ambiciones concretas, sin planes prefijados y, también, sin sustento económico. A Dunham se le han sumado las también neoyorquinas Abbi Jacobson e Ilana Glazer, que orquestan 'Broad City', Aziz Ansari y su 'Master of None', Rachel Bloom en 'Crazy Ex-Girlfriend' o, un poco más allá, en Australia, Josh Thomas con 'Please Like Me'.

Cada uno de ellos parte desde el humor y la concreción, con diferentes tonos y estilos, para alcanzar lo universal: la incorrección de Hannah, la deriva hedonista de Abbi e Ilana, la búsqueda de identidad de Dev e incluso la redefinición de los roles y las relaciones sociales de un joven gay como Josh. Todos ellos se diseccionan a sí mismos ante la cámara y exploran las consecuencias de sus hábitos y comportamientos. Es gracioso porque es verdad, pero por esto mismo también duele como un puñetazo al estómago.

Usemos el manido término: son "dramedias", porque no abandonan la orilla del gag y el enredo, pero se anclan inevitablemente en el terreno del costumbrismo más trágico. Pero también en la sit-com hay cabida para momentos de lucidez dolorosa. Últimamente ha ocurrido en 'Mom', en 'Black-ish' y en 'The Middle' con temas como la adicción, la maternidad, la brutalidad policial o la salida del armario, y tampoco es nada nuevo que las sit-coms se pongan, de vez en cuando, serias.

'Transparent'

La diferencia con este otro tipo de series es que, a veces, parece que lo único que tienen para que les lluevan los premios en las categorías de comedia es que duran de 20 a 30 minutos. 'Transparent' es un ejemplo muy claro de saber que estás viendo un drama mal etiquetado. Es lo más parecido a 'A dos metros bajo tierra' que tenemos esta década, por su irónico retrato de la familia desestructurada, y además es la primera serie que pone en el centro ese complejo y desconocido tema que es la transexualidad. Unas risas.

También de Amazon, como 'Transparent' y la serie top secret de Woody Allen, es 'Catastrophe', aunque originaria de la cadena británica Channel 4. Creada por un exalcohólico que se hizo famoso por sus chistes en Twitter y una humorista tras conocerse y comprobar que desprendían química, ambos interpretan a dos adultos que se conocen en un bar y practican sexo sin protección. Ella se queda embarazada y deciden seguir adelante. La primera temporada de 'Catastrophe' explora los problemas de un embarazo pasada ya una edad, y la segunda muestra con punzante fidelidad cómo es la vida en pareja. Y lo hacen con gracia, el guion va a chiste por cada cinco segundos, pero solo porque los personajes de Rob Delaney y Sharon Horgan deciden, como Louis C.K., reírse por no llorar.

Todas estas comedias funcionan, en muchos casos, como reflejos de nosotros mismos, y como tales son, en la actualidad, los que con más fidelidad nos retratan. Las sit-coms exitosas, esas cuyas estrellas acaban siendo multimillonarias y marcando a una generación, nos devuelven un reflejo distorsionado, blanco e inofensivo. La tele siempre quiso hacernos sentir bien con nosotros mismos.

Pero ya no es el caso. Si ves una deformación, no devuelvas el espejo: es tuya. ¿Acabas siendo más infeliz? Han hecho bien su trabajo, porque has aprendido algo de ti mismo. Sí, es una hostia. Y sí, te la ha dado a traición. El caso más extremo de esto mismo lo hemos tenido este verano en Netflix.

El nuevo Don Draper

'BoJack Horseman'

Una serie de animación protagonizada por un caballo, estrella exitosa en otros tiempos por haber protagonizado una famosa sit-com (y no, esto no es casualidad), que hoy en día se dedica a correrse juergas e intentar levantar sin éxito su agotada carrera y/o conseguir algo en el terreno personal tras haberlo descuidado durante toda su vida. 'BoJack Horseman' suena muy loca, y cuando uno empieza a verla no espera más que unas risas tontas con su humor absurdo.

Pero conforme la primera temporada, estrenada hace dos años, se acerca a su recta final, las capas van desprendiéndose y los chistes, amainando. BoJack tiene un viaje psicotrópico en el que descubre todos sus arrepentimientos. En medio de una conferencia, le pregunta a su biógrafa: "¿Soy una buena persona?". Ella prefiere no responder, y el caballo se queda de pie, esperando como un niño que acaba de admitir sus errores la absolución de los mayores.

10 comedias para echarte a llorar

1 'BoJack Horseman'

2 'Catastrophe'

3 'Girls'

4 'Horace and Pete'

5 'Louie'

6 'Man Seeking Woman'

7 'Master of None'

8 'Please Like Me'

9 'Transparent'

10 'You're the Worst'

La absolución no llega para BoJack ni en la magnífica segunda temporada, ni en la recién estrenada tercera, y mientras le da vueltas a sus problemas continúa en su espiral de autodestrucción y arrepentimiento. BoJack, un caballo animado, se ha convertido en el nuevo Don Draper.

Negaré haber dicho esto en cualquier reunión social, pero 'BoJack Horseman' es más dura que 'Mad Men'. Pero es solo por esa ventaja que tienen estas comedias, traicioneras y falsas. Te invitan a la fiesta con chistes pero acabas saliendo de ella apaleado. Sin embargo, hay algo de terapéutico en todas estas series. Porque, a pesar de que la carcajada es trágica, es carcajada, y tiene algo de redentora.

Perdonamos las imperfecciones de estos personajes al mismo tiempo que nos perdonamos las nuestras propias. Todos somos Hannah (y quizá por eso la odiamos tanto), todos somos Josh, Dev, Abbi, Ilana, BoJack. Todos somos un caballo alcohólico que sufre depresión. Es tan absurdo que lo mejor es simplemente reír. La alternativa siempre es peor.

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