Jonathan Demme, director que nos dejaba el pasado 26 de abril tras perder la lucha contra el cáncer de esófago, era un tipo que no fallaba. De acuerdo, no todas sus películas estaban al mismo nivel, no todas conseguían cumplir sus objetivos más esenciales, pero pocas veces, por no decir ninguna, se podía achacar el error a su trabajo detrás de la cámara. Y es que, hablamos de un cineasta que, alejado de cualquier tipo de ambición mayor que la de contar una historia de la mejor forma posible, construyó una trayectoria marcada por la solvencia, la elegancia y la combinación, siempre agradecida, de música y cine. Porque, pese a tratarse de uno de los grandes realizadores de thrillers de las últimas décadas, Demme siempre tuvo una especial debilidad hacia los retos relacionados con algo tan complejo y apasionante como transformar una melodía en (memorable) imagen.

Convertido en director estrella en los primeros años de la década de los noventa, Demme consiguió mantener intacto el respeto y admiración de la industria a lo largo del tiempo. El público, más cauto a la hora de elevar la devoción hacia su cine, y la crítica, mucho más apasionada, siempre se mostraron mucho más entregados a su faceta de director de ficción que a la dedicada al género del documental musical, terreno en el que Demme sigue siendo uno de los creadores más imprescindibles. En cualquier caso, antes de establecer un criterio basado en la comparación es mejor, sin lugar a dudas, enmarcar todas estas facetas alrededor de su incuestionable talento. Sobran argumentos para ello.
A continuación, nos sumergimos de lleno en el legado de Jonathan Demme destacando sus seis trabajos esenciales, las películas en las que las musas aparecieron para arrasar con todo a su paso y que consiguieron, de forma contundente, la siempre ansiada unanimidad en el aplauso. En definitiva, un recorrido por las cimas de un director que no necesitaba artificios ni golpes de efecto para alcanzar la emoción y la complicidad con el espectador. Se trataba, sencillamente, de hacer que todo pareciera fácil. Demme, un maestro en el arte de la grandeza dentro de la sencillez. Y viceversa.