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CRÍTICA

'El sacrificio de un ciervo sagrado', un sádico ejercicio de preciosismo visual... ¿para qué?

El director de 'Canino' y 'Langosta' hace su segunda incursión en el cine anglosajón, de nuevo con Colin Farrell, y desaprovechando a Nicole Kidman.

Por Javier Pérez Martín 1 de Diciembre 2017 | 13:19

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Para aquellos que dicen que Nicole Kidman peca de histrionismo y exagera todas sus interpretaciones, la nueva película de Yorgos Lanthimos será todo un placer. Para los que pensamos que la australiana es la mejor actriz de su generación, ver cómo se convierte en un robot en 'El sacrificio de un ciervo sagrado' es simplemente imperdonable. Una ofensa por parte de Lanthimos, que subraya de nuevo su manía por dirigir a todos sus actores como si no tuvieran vida o sentimientos en su interior. Algo que se nos escapó en sus primeras películas más conocidas, 'Canino' y 'Alps', quizá porque no estamos tan acostumbrados a ver cine griego, pero que ha quedado clarísimo con 'Langosta' y esta, su segunda incursión en el cine anglosajón.

'El sacrificio de un ciervo sagrado'

Colin Farrell repite, ya que con la anterior le salió muy bien la jugada: además de ser nominada a mejor guion en los Oscar, el actor fue nominado en los Globos de Oro, los premios del cine independiente británico y los del cine europeo, entre otros. Aquí interpreta a un reputado cirujano de cardiología que mantiene una extraña relación con un joven desconocido, al que oculta de sus colegas y su familia.

Lanthimos vuelve a construir un thriller repleto de personajes ambiguos y siniestros y con un sangriento desarrollo de los acontecimientos. Esta vez, la premisa no es tan llamativa como en 'Canino' (esa familia aislada del mundo real), 'Alps' (una empresa para sustituir a los seres queridos fallecidos) o 'Langosta' (un hotel en el que las personas solteras son convertidas a la fuerza en animales). De hecho, podríamos decir que es una historia de venganza bastante usual, si no contamos con un par de detalles que no desvelaremos para no destripar la película.

Los ingredientes sí son más o menos los mismos: sadismo, oscuridad, dilemas morales y un estilo visual que, mediante la puesta en escena y el montaje, busca, irónicamente, el preciosismo. Las películas de Lanthimos son historias muy feas grabadas de forma muy bonita. 'El sacrificio de un ciervo sagrado' no es una excepción, y resulta visualmente tan magnética como el resto de la obra del griego. Y aunque no es una sensación que me quedara con 'Langosta' (que convirtió a algunos seguidores de Lanthimos en detractores), cuando termino de ver esta serie de planos bonitos llenos de sangre e inocencia pervertida, me pregunto si es suficiente.

Como de costumbre, Lanthimos no juzga a sus personajes. Tampoco lo hace mediante sus historias, pues en ellas las líneas entre víctimas, verdugos, ganadores y perdedores siempre están muy difusas. Y ese gris moral en el que prácticamente todos los personajes se convierten en villanos en algún momento no tiene nada de malo. Siempre y cuando haya un objetivo, un tema. En 'Canino' había una magnífica exploración de la falsa inocencia, la hipocresía del puritano más peligroso. En 'Alps', se hablaba sobre el peligro del luto más tóxico, la negación de la pérdida. En 'Langosta'... Rascando, podías leer algo sobre el sistema de obligadas relaciones monógamas en el que vivimos. También es verdad que, por lo general, todas estas lecturas nos vienen dada casi a priori, por las premisas pensadas por Lanthimos y su coguionista, Efthymis Filippou; es decir, sus guiones no ahondan demasiado en los temas que plantean, simplemente se revuelcan en el fango de violencia e inmoralidad que crean.

¿Cuál es el tema esta vez? Quizá es tan simple como la venganza. ¿Está justificada? ¿Quién es el villano y quién la víctima? Preguntas que hemos visto tantas veces y mejor planteadas en muchas películas y series antes de esto.

'El sacrificio de un ciervo sagrado'

Por el camino, Lanthimos ofrece de nuevo una imagen de la mujer algo problemática. Son frecuentes las "Lolitas" en su cine: niñas inocentes que abrazan la perversión y se vuelven peligrosas. Las lecturas al respecto pueden ser muchas y variadas, pero la intención (o la simple fascinación) del director con respecto a esta figura sigue sin resolver. ¿Quiere decir algo al fin y al cabo o se está limitando a exponer, como si fuera una película porno, un tabú que le resulta atractivo? Si al menos este tabú no se hubiera explorado hace más de medio siglo...

Hay mucho de porno en el cine de Lanthimos, ya sea alrededor del sexo, mostrado siempre como algo pérfido, peligroso, vergonzante; o alrededor de la violencia, que acaba siendo el centro y final de sus historias. Con el paso de los años y mientras el griego acumula películas, sus manías y obsesiones parecen desvelarse y perder su sentido. ¿Estamos viendo la obra de un psicópata que rueda de maravilla? Eh, algo es algo.

Lo que más me apena, sin embargo, es lo de Nicole Kidman. La actriz ha protagonizado un gran "comeback" en 2017, lanzándose a la televisión con dos series aclamadas, 'Big Little Lies' y 'Top of the Lake', y volviendo a trabajar con autores en interesantes proyectos, como este y 'La seducción' de Sofia Coppola. Lo que diferencia a 'El sacrificio de un ciervo sagrado' con las demás es su visión de la mujer. El personaje de Kidman, la esposa del cirujano, es tan pasivo como suelen ser las esposas de los protagonistas en el cine mainstream. Además de obedecer y esperar, actúa en contadas ocasiones, siempre respondiendo por oposición y en un caso concreto prostituyéndose para conseguir información, utilizando el que quizá sea, para Lanthimos, el único don de las mujeres. Mientras que los demás proyectos que hemos visto este año de Kidman se han puesto a la cabeza de un movimiento cultural feminista (y en el caso de Coppola no por negarle a la mujer su sexualidad y su perversión, sino porque explora sus causas y sus consecuencias), aquí la actriz da un paso atrás, al menos en ese sentido.

Lo mejor del reparto: Barry Keoghan

'El sacrificio de un ciervo sagrado'

Además de una puesta en escena muy cuidada y un uso de la cámara y el montaje excelentes, Lanthimos ha reunido a un puñado de actores muy potentes (aunque sea para desperdiciarlos por sus manías con la inexpresión). Kidman y Farrell no tienen nada que demostrar, tampoco Alicia Silverstone en su pequeño papelito. Raffey Cassidy y Sunny Suljic también están muy bien como los hijos del matrimonio, pero la estrella de la función es Barry Keoghan. Su interpretación como Martin es probablemente lo más memorable del relato, aunando dolor, crueldad y candidez. El joven de 25 años ('Dunkerque') ha conseguido beneficiarse de la constreñida dirección de Lanthimos para convertirse en un terrorífico villano. ¿O es una víctima?

Nota: 5

Lo mejor: Barry Keoghan

Lo peor: Nicole Kidman (no por su culpa, claro)