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CRÍTICA

'Detective Conan: El Puño de Zafiro Azul': Conan Super Saiyan

La nueva aventura de Conan Edogawa da otra vuelta de tuerca al mítico anime japonés.

Por Guillermo Hormigo López 8 de Noviembre 2019 | 09:50

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¿Qué hacemos con las historias que marcaron nuestra infancia? ¿Volver a acercarnos a ellas, aunque quizá no aguanten el paso de los años y el peso de nuestros años? ¿O simplemente mantener el recuerdo, de forma que no resulte herido? Es una cuestión que revolotea en el aire viendo 'Detective Conan: El Puño de Zafiro Azul'. La ¡vigesimocuarta! película (segunda estrenada en España) del mítico personaje creado por Gosho Aoyama dista en gran medida de lo que el anime nos regaló a muchos niños y niñas. Lo que todavía nos brinda, ya que 23 años después de su lanzamiento continúa en emisión.

Ran y Conan

Breve introducción al argumento del anime: Shinichi Kudo es un brillante detective juvenil que vive enamorado de su compañera Ran. Una noche, tras presenciar casualmente los planes secretos de una misteriosa organización, es envenenado. Pero en lugar de morir, se transforma en un niño de 6 añitos. Adopta el pseudónimo de Conan Edogawa (tomado de los escritores Arthur Conan Doyle y Rampo Edogawa) y es acogido por Ran, que desconoce su identidad. Conocerá también al padre de esta, el poco talentoso investigador Kogoro Mouri, que será su perfecta tapadera para desentrañar crímenes allá por donde vaya.

En esta ocasión, la acción se desplaza hasta Singapur. El resort de lujo Marina Bay Sands, uno de los edificios más representativos de la ciudad-estado, se convierte en la escena de un misterioso asesinato. Estrechamente vinculado a él parece estar el Zafiro Azul, una valiosísima joya que acaba de ser rescatada de las profundidades marinas. Kogoro, Ran y su amiga Sonoko acuden a Singapur para asistir a una competición de kárate en la que participa Makoto (novio de Sonoko). Al mismo tiempo, Conan es secuestrado y trasladado al país asiático por parte de su archienemigo: el mago, maestro del disfraz y ladrón de guante blanco Kaito Kid, que durante todo el viaje se hará pasar por Shinichi.

Makoto y Sonoko

El de esta cinta es un Conan distinto, hipertrofiado. 'El Puño de Zafiro Azul' es una película tan frenética que no respira, en la que los eventos se suceden sin una razón de ser y sin que el espectador tenga tiempo de asimilar lo que está viendo. No hay rastro no ya de verosimilitud, algo que nunca le interesó a 'Detective Conan', sino de una mínima elaboración dramática que lleve a que sintamos empatía hacia estos personajes. Si nos importa el devenir de la trama es porque a muchos de ellos ya les conocemos y queremos de antemano.

Pero lo peor es que apenas hay una investigación como tal. Existe una trama, sí, pero abandona lo más interesante de la serie original: la recopilación de pistas, los sospechosos que tiene en mente Conan, las deducciones... Todo ello se ve reducido para dar cabida a elementos más manidos que no son los que hacían especial este anime. La historia es previsible y anodina porque la acción desenfrenada gana la partida, especialmente en un clímax directamente delirante. Un tramo final que parece sacado de 'Bola de Dragón'. Y que esto no se malinterprete, la creación de Akira Toriyama es el manga y el anime por antonomasia, otra saga para muchos vital. El problema es que 'Detective Conan' era otra cosa. Ver a algunos de sus personajes convertidos poco menos que en Super Saiyans resulta cuanto menos chocante.

¿Un problema de nostalgia?

Para ser justos, sin embargo, conviene pararse a pensar qué papel tiene en todo esto el rastro que puede dejar una serie clave durante la infancia. Se habla mucho de que la nostalgia actúa como dique de contención. Que permite triunfar a producciones de calidad cuestionable apelando a una sensibilidades y unas formas pasadas. Pero en ocasiones puede jugar el papel contrario. Cuando algo a lo que guardamos muchísimo cariño evoluciona, sea en la dirección que sea, es muy complejo analizarlo dejando a un lado esa sensación de extrañeza. Es lógico por ello que el único momento que me eriza la piel es la rápida puesta en situación del personaje: quién es, qué le ocurrió, de quién está rodeado... Eso y cada vez que suena el mítico tema principal de la serie. Ese saxofón es todo un empacho de nostalgia.

Kaito Kid

Sea como sea, sigo quedándome con los episodios que veía cada tarde con mi primo, después de que mi abuela nos preparara la merienda. Es curioso. Cuando ahora le visito, aunque hayamos pasado mucho tiempo sin vernos y haya ocurrido de todo en nuestras vidas, no sé muy bien qué decirle. Pero le sigo queriendo muchísimo. Algo queda de esa conexión que nos hizo inseparables cuando éramos pequeños. No sé si hablo ya de mi primo o de 'Detective Conan'. A ambos les debo muchos de los mejores momentos de mi infancia.

Nota: 6

Lo mejor: Poder disfrutar una vez más en pantalla grande de un anime tan querido.

Lo peor: Que no es exactamente ese mismo anime.