Liza Johnson es una directora cuya aún corta filmografía es completamente desconocida para nosotros. Esto es curioso si tenemos en cuenta que, a pesar de que sus dos obras anteriores se enmarcan dentro del cine independiente estadounidense, ambas contaban en sus filas con actores relativamente conocidos. Y digo relativamente porque, en el caso de 'Return', estrenada en el año 2011, Michael Shannon todavía no había alcanzado la fama que tiene en este momento (muy poca para la que merece, pero está claro que ya no es ningún desconocido). Sin embargo, en su segundo largometraje, 'Hateship Lovership', tenían papeles importantes Kristen Wiig, Guy Pearce, Hailee Steinfeld, Jennifer Jason Leigh y Nick Nolte. Casi nada.

Las circunstancias han hecho que 'Elvis & Nixon' sea la primera cinta de la autora que logra traspasar nuestras fronteras. ¿Qué ha podido motivar este acontecimiento? Está claro que la etiqueta de basado en hechos reales vende mucho, más aún si se trata de llevar a la pantalla figuras tan relevantes como Elvis Presley y Richard Nixon, pero hay otro elemento que vende todavía mucho más: Kevin Spacey. La valía interpretativa del actor de 'House of Cards' y el reconocimiento que tiene en nuestro país (no debería sorprendernos que fuera así en todo el mundo) es una apuesta segura para cualquier distribuidora. Y es en este contexto donde aparece 'Elvis & Nixon', un divertimento sin demasiadas pretensiones que homenajea a las dos figuras mencionadas a través de la comedia, con un resultado irregular pero con momentos que merecen la pena (y quizá el precio de una entrada de cine).
En la mañana del 21 de diciembre de 1970, el Rey del rock (interpretado por Michael Shannon en la ficción) visitó la Casa Blanca para reunirse con el presidente Richard Nixon (Kevin Spacey). El encuentro entre Elvis y Nixon fue inmortalizado en una fotografía, y fue este improbable acontecimiento el que inspiró a Liza Johnson, que decidió investigar más sobre los hechos para realizar el filme. Los hechos (o lo que se conoce de ellos, pues las reuniones que tenían lugar en el Despacho Oval de la Casa Blanca no eran registradas) son tan pintorescos que la única opción coherente era hacer una película con un tono satírico, lo que tiene sus pros y sus contras.
En cuanto a la inesperada visita de Elvis a Nixon, parece ser que el Rey quería recibir una placa de agente federal autónomo, para luchar así contra la drogadicción de los más jóvenes y servir a su país. Aunque a priori parecía una estupidez concertar una reunión para que el presidente escuchara la petición del artista, los asesores de Nixon pensaron que unas fotografías suyas junto a la persona más querida del planeta podrían mejorar la imagen pública del presidente de cara a la próxima candidatura.

La película se encarga de dejar claro desde un primer momento (y de repetirlo tras la escena final) que sus intenciones no son ni mucho menos recrear los hechos de forma fidedigna. Es más, el no saber qué se dijo realmente en el Despacho Oval de la Casa Blanca es una oportunidad que Liza Johnson y sus guionistas no han querido desaprovechar, haciendo de la exageración y lo inverosímil (no todo y no tanto) el sello identitario de la obra. El resultado, aun siendo un tanto irregular, demuestra que la directora tenía muy claro lo que quería hacer. Y hay que admitir que ha creado una película bastante divertida.
Shannon, el rey de la función
'Elvis & Nixon' no sería ni la mitad de lo que es sin la presencia de Michael Shannon, que hace de este Elvis ficticio un personaje sumamente atractivo, el centro de atención de la película. Y, como suele ocurrir en estos casos, todas y cada una de las interrupciones son contraproducentes. El plantel de secundarios está ahí únicamente para satisfacer las necesidades de los guionistas relativas a la construcción y desarrollo de los dos personajes principales (y las de los propios Elvis y Nixon en la ficción), por lo que los pequeños intentos de darles algo de profundidad (especialmente en el caso de Jerry, el hombre de confianza del Rey) terminan siendo una distracción innecesaria.

Shannon, que aquí se transforma en el Rey del rock y de la función, convierte cada linea de guion en una excusa para desatar las risas del público. Consciente de ello, Johnson exprime al máximo el talento del intérprete, que con un registro similar al que nos tiene acostumbrados traza un personaje irresistiblemente divertido. Pero el mayor problema de la película es que tanta autoconsciencia deviene en exceso, estirando cada situación cómica hasta el punto de restarle eficacia. Y esto no es ninguna nimiedad, ya que es algo que se percibe durante los 86 minutos de metraje. Incluso en la más grande de las sátiras se requiere algo de mesura. Respecto a la otra estrella del reparto, Kevin Spacey, cabe destacar que su función se limita a darle la réplica a Shannon, aunque con unos resultados maravillosos. Los últimos 20 minutos de la cinta son un verdadero show en el que los dos monstruos sacan a relucir gran parte de su talento, y la fuerza y carisma de ambos consigue solventar las reiteraciones de un libreto escrito a seis manos.
En definitiva, 'Elvis & Nixon' es un producto satisfactorio dentro de sus limitaciones, con un dúo protagonista que saca oro de donde hay muy poco. Sin embargo, la narración se resiente de la inconsistencia del hilo argumental, dando en determinados momentos la sensación de no ser más que una sucesión de gags con más o menos gracia. A su vez, el trabajo de dirección destaca por su discreción, pues más allá de algún zoom no se distingue personalidad alguna tras las cámaras. Conocedor en todos momentos de sus limitaciones y posibilidades, el tercer largometraje de Liza Johnson no destaca precisamente por la asunción de riesgos, dedicando (casi) todos sus esfuerzos a la caracterización de personajes y la dirección de actores.
Nota: 6
Lo mejor: El despliegue interpretativo de Michael Shannon.
Lo peor: La inconsistencia de su hilo argumental y algunas situaciones alargadas y/o repetitivas.