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'Glass (Cristal)': We can be heroes

Luisa N. Jabato Miércoles 09 enero 2019

19 años han tenido que pasar para que M. Night Shyamalan, el rey de los giros de guion, pudiese ver completada su trilogía de superhéroes, un peculiar análisis metacinematográfico sobre los comics y la aceptación personal, abrazar quienes somos y quienes estamos destinados a ser. A estas alturas no debe quedar nadie que no sepa ya que 'Glass (Cristal)' es una secuela directa de 'Múltiple', y que a su vez concluye la historia de David Dunn, el único superviviente de aquel accidente de tren de 'El protegido'.

La breve aparición de Bruce Willis como gran colofón de 'Múltiple', después incluso de que el titulo final de la película apareciese en pantalla, convertía aquel thriller sobrenatural de secuestros en cine de superhéroes, cambiaba la lectura de todo el film y nos daba la bienvenida al Universo Cinematográfico de Shyamalan. Las posibilidades parecían infinitas en la mente del director de 'El sexto sentido', que ya nos había disfrazado el nacimiento de un héroe de drama familiar con 'El protegido' y nos llevó a ver su secuela, el origen del villano, sin darnos siquiera una pista de lo que realmente estábamos viendo. Esa es la mejor y única manera de enfrentarse al cine de este director de origen indio, dispuestas a dejarnos sorprender, a permitir que el género y todas sus convenciones empiecen a llevarnos por una senda para luego desviarse en medio del bosque hacia historias tan personales e íntimas como una crisis de fe, el amor o la esperanza. Siempre ha sido así, o siempre había sido así, porque 'Glass', quizá por primera vez, no busca contar más que lo evidente, no pretende ser nada más que lo que esperábamos y lo que promete su omnipresente campaña de promoción. Shyamalan ha optado por reducir sus pretensiones dramáticas y entregar un entretenimiento puro y duro, un ejercicio visual notable que, aún así, resulta cuanto menos decepcionante para quienes admiramos los anteriores trabajos del director y sabemos todo lo que su cine puede ofrecer.

Bruce Willis en 'Glass (Cristal)'

Ya conocemos a los superhéroes de esta historia. También conocemos a los supervillanos. Ahora toca enfrentarlos. La falta de factor sorpresa probablemente sea su mayor lacra, no tanto para la película en sí como para el propio Shyamalan, que conduce la narración exactamente hacía lo que se espera de ella: un encuentro épico al servicio de los fans, y poco más. Aunque el comienzo es muy prometedor, durante todo el nudo central ninguno de los tres personajes principales, David Dunn, Elijah Price y todas las personas que viven en Kevin Wendell Crumb; tienen un propósito claro, se encuentran encerrados en una institución psiquiátrica donde la doctora Ellie Staple (Sarah Paulson) pretende convencerles con mucha terapia de que no hay nada extraordinario en ellos. 'Alguien voló sobre el nido del cuco' con superpoderes. Un tramo demasiado largo en el que los diálogos resultan evidentes y reiterativos, tediosamente explícitos. No es que Shyamalan sea un narrador especialmente sutil, pero se ha perdido toda la contención y reflexión que hacían de 'El Protegido' una rara avis del género; al igual que la capacidad de mutar entre géneros con la que construyó su propio universo cinematográfico en 'Múltiple' Todas las cartas estaban sobre la mesa y al final la jugada ha sido evidente.

Sin embargo, aunque haya fallado a la hora de ofrecernos una historia con más aristas, capas o lecturas, 'Glass' está muy lejos de ser una mala película, ni siquiera mediocre. La dirección está llena de virtudes y la idea de hacer dudar a los superhéroes de su propia condición a través de la lógica es muy original, pero sobre todo no hay nada como presenciar el despliegue interpretativo de James McAvoy dando vida hasta a 20 personajes diferentes, transformarse en segundos, solo con una expresión, un gesto o una palabra. Patricia, Dennis, Hedwig, Kevin o La Bestia, todos son igual de auténticos en manos de McAvoy, cuyo maravilloso trabajo quizá no reconozcan los premios, siempre dando la espalda al género, pero es una oportunidad única para cualquier actor de la que él ha sabido exprimir cada gota.  Samuel L. Jackson retoma su papel de Elijah Price, que ya ha adoptado por completo su identidad de supervillano: Mister Glass (Don Cristal suena demasiado raro). Su personaje no es solo la figura del Mastermind clásica de las viñetas, hace las veces de narrador o demiurgo que va conduciendo a la audiencia a través de todas las referencias a la tradición de los comics y sus clichés. Porque si algo tiene 'Glass' es que es absolutamente consciente de lo que quiere hacer y cómo lo quiere hacer, trasladando cada elemento esencial de los tebeos y las novelas gráficas, no solo a la gran pantalla, si no al mundo real, reconociendo con admiración y fascinación todos sus recursos narrativos.

James Mcavoy en 'Glass (Crsital)'

El que corre peor suerte es Bruce Willis, cuyo David Dunn queda relegado a un segundo (si no tercer) plano. Da la sensación de que su personaje debía tener una trama familiar, más íntima y solemne, que ha desaparecido del montaje final, quedando solo algunos retales sueltos en forma de escenas descartadas de 'El Protegido' que se han recuperado para 'Glass'. Sus apariciones son escasas y su desarrollo simplemente brusco. La semilla de la duda que siembra la Dr. Ellis no da ningún fruto en Dunn. El de Paulson es el único personaje nuevo en la saga, el único cuyas intenciones no son evidentes y que representa la dualidad entre el bien y el mal cuando aún no tienes claro de qué bando está. Regresan también Anya Taylor-Joy como Casey Cooke, esa niña secuestrada y traumatizada de 'Múltiple', Charlayne Woodard como la madre de Elijah y Spencer Treat Clark que retoma su papel de Joseph Dunn. Ellos son los sidekicks sin poderes que acompañan a los superhéroes, quienes creen en su dinámica pero están condenados a participar en ella con lo único que pueden ofrecer: amor. Ellos, en el fondo, son el público.

El sello personal

La carrera del director no es precisamente uniforme. Tiene dos películas, 'Airbender, el último guerrero' y 'After Earth', que con sus efectos especiales, grandes presupuestos e historias de terceros, descolocaron por completo a la audiencia. Sin embargo, incluso en ellas que parecen tan ajenas a su sello, hay escenas rodadas con todo el cariño y el mayor virtuosismo, como la batalla final de Avatar, su primera película con autenticas escenas de acción, donde manipula el tiempo y la distancia a su antojo para crear una coreografía visual que no se recrea en la violencia. Shyamalan cuida cada encuadre y cada secuencia para que contengan su propia historia. En 'El protegido' los personajes ocupaban un espacio lejano en la escena y a menudo están enmarcados por las cortinas de un hospital, los marcos de una puerta o el contraluz en los túneles de un estadio de fútbol, líneas de fuga que delimitan la acción como los márgenes de una viñeta.

En 'Glass' ha elegido el color como lenguaje principal en su narración. Morado para Mr. Glass, verde para David Dunn, ocre para la horda y rosa para la doctora Ellie. Cada uno de estos colores, vivos y llamativos, inunda la escena y todos los elementos que les rodean, además, los planos se vuelven mucho más cerrados y breves, otorgando mayor importancia a la psique de los personajes que a sus propios actos. Las grandes peleas están rodadas a menudo desde la distancia, a través del punto subjetivo de cada personaje o mediante planos fijos por los que entra y sale la acción. Una apuesta arriesgada donde cada movimiento está orquestrado y que tanto difiere de la épica en las batallas de Marvel. El pulso narrativo al que nos tiene acostumbradas vuelve a hacer acto de presencia en el tercer acto, donde se concentra prácticamente toda la acción, los descubrimientos se atropellan y la lógica sobre la estructura de su desarrollo y desenlace se hace más consciente y autoparódica. Shyamalan nos habla de los comics, pero también de su propio cine.

Sarah Paulson

Giros hay, hablando de quién hablamos eso no es ningún spoiler, pero ni siquiera tener esa certeza o lo imprevisible de un personaje mitad animal, mitad humano como La Bestia resulta capaz de generar la misma tensión o desasosiego ante lo inesperado que sí alcanzaba 'Múltiple'. En definitiva, 'Glass' adolece de una falta de ambición dramática, pero conoce y explota muy bien el lenguaje del cómic y lo acompaña de una idea bastante subversiva en el mundo de los superhéroes: ¿somos realmente quienes creemos ser? Al final, el mayor plot twist de la carrera de Shyamalan va a ser que a mí no me guste una de sus películas.

Nota: 7

Lo mejor: JAMES MCAVOY, así, en mayúsculas.

Lo peor: Está todo demasiado explicado y reiterado.   

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