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'Mentes brillantes': La realidad del primer año universitario

Miguel Ángel Pizarro Viernes 05 abril 2019

El cine de Thomas Lilti es fascinante. De fuerte carácter costumbrista, el realizador, que es también médico, se ha propuesto acercar su vocación sanitaria al cine. La verdad, lo ha logrado con cada película que ha dirigido. Después de las estupendas 'Hipócrates' y 'Un doctor en la campiña', llega ahora 'Mentes brillantes', con la que Lilti hace un ejercicio de retrospectiva de sus años como estudiante de medicina.

Mentes brillantes

El acceso a la carrera de medicina no es fácil. Varios estudiantes se enfrentan cada año a su primer curso en la facultad, con el gran reto de pasar al siguiente, en un sistema numerus clausus, por el que existen un número de plazas limitadas para el segundo año. En ese primer curso coinciden Antoine y Benjamin, que se convierten en compañeros de clase y grandes amigos. Ambos no podían ser más opuestos. Antoine cursa, por tercera vez, primer año, su sueño máximo es convertirse en médico, pero no se le dan bien los estudios y esta es su última oportunidad de aprobar para pasar al siguiente curso. Benjamin, por el lado contrario, solo sigue los pasos de su padre, cirujano, lo hace sin preguntarse si tiene vocación de médico, aunque se le da muy bien el estudio. Dos personalidades opuestas que se ayudarán en el difícil curso académico.

Una crítica a un sistema educativo excesivamente competitivo

Lilti sabe mostrar las diferentes facetas de la medicina, además, lo hace con un mensaje tremendamente humanista, acercando su profesión al público, que puede conocer una realidad que parece ajena. En el caso de 'Hipócrates', mostró las deficiencias de la sanidad pública, lo hizo de forma muy certera, combinando costumbrismo con una mirada casi documental. En 'Un doctor en la campiña', Lilti supo acercar la realidad de la medicina rural, así como de la excesiva entrega del protagonista con su profesión.

Mentes brillantes

Con 'Mentes brillantes', el cineasta da un paso más, mostrando cómo la educación universitaria en Francia fomenta un sistema excesivamente competitivo y tremendamente deshumanizado, en el que priman los números y el memorizar, más que el talento. También pone en jaque a un sistema arcaico (en 2020 en Francia se eliminará el numerus clausus por el que las plazas en medicina estaban limitadas) que, realmente, no prepara a sus estudiantes para el mundo real.

Lilti hace una feroz crítica al sistema educativo de estudios superiores, llevándolo a su terreno, la medicina, pero perfectamente aplicable a otras aéreas. En esa realidad de "hipercompetencia", el cineasta, que firma también el guion, crea una historia mundana pero muy cercana, con la que su mensaje llega perfectamente.

Un nuevo acierto costumbrista de Thomas Lilti

La relación de amistad de los dos protagonistas es esencial. Lilti transmite magníficamente la vida universitaria, el contraste entre ambas personalidades, el difícil equilibrio de prioridades, el método de estudio de cada uno. Antoine y Benjamin son muy humanos, imperfectos, con momentos agradables y con situaciones un tanto incómodas. Todo gracias a la estupenda química entre Vincent Lacoste, con el que Lilti había trabajado en 'Hipócrates', y William Lebghil, que ya destacó como secundario en 'Les combattants', 'C'est la vie' y 'Los recuerdos' y que aprueba con sobresaliente su primer papel protagonista.

Mentes brillantes

'Mentes brillantes' es un nuevo triunfo de Thomas Lilti, como también otro logro del cine francés, al conseguir traer propuestas notables que, aparentemente, son poco ambiciosas pero cuyo trasfondo es tremendamente fascinante, con cierto toque divulgativo y de compromiso social. Un acierto que va en la línea de las maravillosas 'Háblame de ti', 'El gran baño' o 'Las invisibles'.

Nota: 8

Lo mejor: La feroz crítica al sistema competitivo, que es también una crítica velada al sistema capitalista actual.

Lo peor: Infravalorarla por su aparente falta de ambición.

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