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'Mi obra maestra': La farsa del arte

Miguel Ángel Pizarro Viernes 16 noviembre 2018

La dupla de directores argentinos Mariano Cohn y Gastón Duprat han dado magníficos resultados con películas como 'El hombre de al lado', 'Todo sobre el asado' o 'El ciudadano ilustre', la que es su película más célebre hasta el momento. Después de poner en apuros a un prestigioso diseñador mobiliario y a un Nobel de literatura, ahora toca retorcer las tuercas a los pintores, a los artistas y el mundo que les rodea con 'Mi obra maestra', ganadora del premio del público en la 63ª Semana de Cine de Valladolid, la Seminci, y presentada fuera de concurso en el 75º Festival de Venecia.

Mi obra maestra

Arturo lleva ya décadas dedicándose a la venta de obras de arte en su galería en pleno centro de Buenos Aires. Encantador y con la habilidad del verbo, es amigo desde hace varios años de Renzo, un pintor de gran prestigio que se encuentra en sus últimos años de vida y cuya pasión por el arte ha derivado en un carácter amargo y un estilo de vida que va más allá de lo decadente. Arturo, fiel a Renzo, ha intentado varias veces impulsar de nuevo el prestigio de su amigo, pero su forma de ver la vida y su carácter misántropo ha provocado que acabe en la ruina. Con un final que parece destinado a una muerte trágica, como la de los pintores bohemios parisinos, a los dos se les ocurre una absurda idea que, de ser tan loca, podría funcionar.

Sátira sobre el mundo del arte y el lujo

A diferencia de 'El ciudadano ilustre' y 'El hombre de al lado', la dupla Cohn-Duprat esta vez se divide el trabajo, ya que es Duprat quien firma a solas la dirección, mientras que Cohn se limita a producir el filme. Con el guion de nuevo a manos de Andrés Duprat, que ya firmó la película protagonizada por Óscar Martínez, 'Mi obra maestra' continúa con la visión ácida e irónica sobre los intelectuales argentinos, mostrando un interesante enfoque sobre la burguesía que se mueve en ambientes artísticos, volviendo a hacer una dura crítica a lo banal de la vida cultural.

Mi obra maestra

Cierto es que 'El ciudadano ilustre' fue mucha más maliciosa en su crítica, llegando a niveles de delirio propios de 'Relatos salvajes', pero 'Mi obra maestra' aborda con sumo acierto lo superficial y vacuo del mundo de los galeristas y los marchantes en el arte contemporáneo, gracias a una vuelta de tuerca sobre qué se esconde detrás de la valoración de una obra, sobre si dicha valoración entra dentro de lo puramente artístico o realmente es un negocio de mera especulación, carente de escrúpulos y vocación artística.

Guillermo Francella y Luis Brandoni, la otra estupenda dupla

Cierto es que 'Mi obra maestra', siendo una sátira sobre el significado del arte, ofrece una mirada más amable que los anteriores filmes del dúo Cohn-Duprat, al también tener de tema la amistad, que los hermanos Duprat abordan de forma diferente, alejada de su acostumbrada mirada satírica y cínica. De hecho, la amistad del artista con su galerista es, sin duda, el otro gran punto, al ver la conexión espontánea de dos grandes actores argentinos: Guillermo Francella y Luis Brandoni. El actor de 'El clan' sorprende con un personaje refinado y alejado de la imagen que se tiene de Francella, logrando crear una figura auténticamente burguesa y cultural, propia de la izquierda caviar parisina. A su lado, Brandoni, cual ermitaño moderno, es el perfecto contrapunto. Tremendamente amargado, Brandoni logra ser el auténtico misántropo, aquel artista que ha perdido su pasión y se abocado a vivir de glorias pasadas.

Mi obra maestra

'Mi obra maestra' es una buena crítica al mundo del arte contemporáneo, al de la ostentación y el lujo. Se echa en falta que Duprat y Cohn codirijan, es de esperar que la firma en solitario no sea sinónimo de divorcio creativo también. No obstante, se está ante una película más que notable con dos actores magníficos, cuyos afilados diálogos son atinan con precisión en su diana. Una sátira bien llevada.

Nota: 8

Lo mejor: La amistad que desprenden Guillermo Francella y Luis Brandoni.

Lo peor: Al final, su crítica no es tan afilada como la que hizo el director con 'El ciudadano ilustre'.

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