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CRÍTICA

'El sastre de la mafia': Las costuras de la muerte

Crítica de 'El sastre de la mafia', dirigida por Graham Moore, escrita por Moore y Johnathan McClain. Protagonizada por Mark Rylance, Zoey Deutch, Johnny Flynn, Dylan O'Brien y Simon Russell Beale.

Por Miguel Ángel Pizarro Más 20 de Mayo 2022 | 10:15
Colaborador de eCartelera. Apasionado del cine y la cultura en general. Cine europeo y de animación, mi especialidad.

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Reconocido como escritor, el estadounidense Graham Moore ha sabido dar el salto al cine de manera rápida y certera, primero lo fue en calidad de guionista de la notable, solemne y oscarizada 'The Imitation Game (Descifrando Enigma)', con la que exploró la imprescindible colaboración del matemático Alan Turing con el gobierno británico para ganar la Segunda Guerra Mundial (así como su trágico destino al ser condenado en 1952 por ser homosexual). Ahora, Moore da un paso más, al ponerse también tras las cámaras como realizador con 'El sastre de la mafia'.

El sastre de la mafia

Presentada en la 72ª edición del Festival de Berlín, 'El sastre de la mafia' trae ese espíritu callejero y pandillero de los años 50, con el que muestra los últimos retazos del cambio de ciclo dentro del escenario underground, con la mafia italiana irrumpiendo con fuerza y dominando sobre las organizaciones criminales irlandesas o afroestadounidenses. Pero, aunque la cinta tenga de contexto una lucha entre clanes, no es lo que Moore quiere mostrar en este sublime thriller, cuya esencia teatral prepara al público para una historia en la que el cineasta, quien firma el guion junto con Johnathan McClain, va revelando poco a poco su baraja, como si de una magistral jugada de póker se tratase.

O de ajedrez, porque Moore controla calculadoramente cada escena, cada detalle que se va dejando, provocando la intriga entre los espectadores, que verán cómo cada paso se aleja de lo previsible, con una serie de diálogos certeros y parcos, en los que su reparto destaca. Aunque la historia atrape, son sus intérpretes los que logran mantener en la expectación hasta el final, muy especialmente Mark Rylance. Ganador del Oscar por 'El puente de los espías', es de esos actores que es capaz de mostrar con suma frialdad y naturalidad desde escenas aparentemente mundanas a otras extremas, provocando que su personaje esté impertérrito en secuencias tan distintas como tomar las medidas para confeccionar un traje, coser una herida en el estómago o rajarle el cuello a un rival, todo sin apenas despeinarse.

El sastre de la mafia

Sublime thriller de época con esencia teatral y un Mark Rylance brillante

Aunque Rylance esté magnífico y sea el que se lleve todas las miradas; toca reconocer que no está solo en este baile de lealtades, comenzando con Johnny Flynn, camaleónico al pasar de ser David Bowie en 'Stardust' o el galán de una novela de Jane Austen en 'Emma' para pasar a ser un sanguinario sicario; también destaca Simon Russell Beale, cuyo personaje de inspiración shakespeariana recuerda la esencia teatral del filme, pues su escenario único permite que fluya la trama desde una perspectiva tan inesperada como claustrofóbica. No pueden faltar las féminas, quienes aportan también una mirada distinta a la posición femenina en esta historia de espías y mafia, con Zoey Deutch con un personaje adelantado a su tiempo y con Nikki Amuka-Bird como una líder camorrista de armas tomar cuyo ingenio es más sagaz que el de sus contrapartes masculinas.

El sastre de la mafia

Por la austeridad de su escenario, como también por su apartado técnico y de vestuario, Moore parece haberse inspirado en que saben exprimir la intriga en situaciones aparentemente sobrias, al ser 'El sastre de la mafia' una digna heredera tanto de 'Atraco perfecto' de Kubrick, como también de 'La huella' de Mankiewicz o 'La trampa de la muerte' de Lumet. Moore demuestra tener una mirada clásica y elegante del thriller, que se estaba prodigando poco en el cine reciente. Una sólida ópera prima que supone un paso más en el meteórico ascenso del cineasta nacido en Chicago.

Nota: 8

Lo mejor: La manera en la que aprovecha su austero escenario, sus sólidas interpretaciones, especialmente la de Mark Rylance.

Lo peor: Ciertos giros en la trama provocan cierta sensación de Deus ex machina.