Junto a 'El resplandor', 'El exorcista' se ha considerado desde hace décadas como una de las mejores películas de terror de todos los tiempos, algo incontestable por mucho que pasen los años y cuyo legado ha sido infinito en lo que al cine sobrenatural y de posesiones se refiere. No es exagerado decir que la película de William Friedkin marcó un antes y un después en la historia del cine de género.
Alcanzado un estatus de culto casi desde el momento de su estreno, y pese a que se llegó a pensar que todo apuntaba a que sería un rotundo fracaso que podría llevar a la bancarrota a Warner Bros., 'El exorcista' no solo acabó siendo una de las películas de terror más rentables de la historia, sino que llegó a conquistar a la Academia de Hollywood con diez nominaciones a los Oscar, de los cuales acabó ganando tan solo dos: el de Mejor Sonido y el de Mejor Guion Adaptado para William Peter Blatty, también autor de la novela original en la que se basó.

El exorcismo por antonomasia
En ella, conocíamos la historia de la joven Regan, quien interpretaba la mítica Linda Blair, quien se convertía en una poseída por el propio demonio. La desesperación de su madre, una Ellen Burstyn soberbia y absolutamente metida en el papel, le llevará a contactar con un sacerdote que optará por practicar un exorcismo.
Mucho se ha escrito acerca de la maldición de 'El exorcista', posicionándola junto a otros títulos supuestamente malditos como lo fueron 'Poltergeist' o 'La profecía', cuyas leyendas negras y extraños sucesos tachados de paranormales acabaron por encumbrarlas como hitos del cine de terror. Sin ir más lejos, hay que ahondar un poco en el rodaje de 'El exorcista' y las cuestionables formas de dirigir de Friedkin, para darse cuenta de que la película fue más el fruto de la mente de un director desquiciado, que algo oscuro ligado a las fuerzas sobrenaturales a las que hacían mención.
Es por ello que en el presente especial hacemos un repaso a toda la gestación de una película que, a casi medio siglo de su estreno, sigue provocando escalofríos a los espectadores.