Pese a que sus dos películas anteriores ('Breakdown' y, sobre todo, 'U-571') nos hacían albergar alguna esperanza, lo cierto es que 'Terminator 3: La rebelión de las máquinas' sirvió para demostrar que, efectivamente, Jonathan Mostow no era James Cameron. Ni mucho menos. ¿Significa eso que nos encontramos ante una entrega desastrosa de la saga? En absoluto.

Esta tercera parte, estrenada más de una década después de la imbatible 'Terminator 2: El juicio final', no cumplió con las (tremendas) expectativas depositadas en ella, pero, a cambio, ofreció un entretenimiento palomitero tan ligero como disfrutable. Con las dosis de humor ligeramente elevadas y un puñado de escenas de acción bastantes solventes, Mostow y su equipo, con la inestimable ayuda de un Arnold Schwarzenegger encantado de volver a la fiesta, consiguieron ofrecer un espectáculo solvente y efectivo.
Y es que, pese a situarse a años luz de sus entregas previas, 'Terminator 3: La rebelión de las máquinas' sigue funcionando como excusa para desconectar el cerebro durante unas horas. Para eso, claro, y para disfrutar de la siempre estupenda Claire Danes y una Kristanna Loken que cumple de manera ejemplar como villana letal de la función. En definitiva, una de esas secuelas a las que ha beneficiado el paso del tiempo.