La belleza de lo cotidiano. La poesía en el día a día. Lo normal convertido en algo extraordinario. Todos los frentes que ha ido abriendo Jim Jarmusch en su cine parecían destinados al fracaso, a la pedantería y al aburrimiento. Sin embargo, el milagro no ha dejado de producirse a lo largo de las décadas hasta construir una filmografía tan única como personal, tan relevante como imprevisible, tan libre como valiente. Genuina en su rareza y excepcional en su cotidianidad.
Hipnosis colectivas, versos sin cadenas danzando en la pantalla, desorientados y enamorados, sumisos y alborotados, fugitivos y presos. La filmografía de Jarmusch es siempre una historia en la que aparentemente no ocurre prácticamente nada, pero que, prestando un mínimo de atención, se descubre ante nosotros como un precioso relato de esa tarea tan natural como compleja llamada (sobre)vivir. No es sencillo, requiere de tiempo y paciencia, pero la experiencia (casi) siempre merece la pena.

Ahí están para demostrarlo propuestas tan magníficas como 'Extraños en el paraíso', 'Dead Man', 'Noche en la Tierra', 'Coffee and Cigarettes', 'Flores rotas' o esa obra maestra reciente titulada 'Paterson', quizá la película más redonda de su carrera. En cualquier caso, sin entrar en clasificaciones, todos y cada uno de sus trabajos llevan la firma inconfundible de un extraterrestre de lo cotidiano llamado Jim Jarmusch. Y ojalá le queden muchos mensajes por entregar.