'Star Wars: Episodio V - El imperio contraataca', la mejor entrega de la saga, por oscura, adulta y profunda, superaba a su magistral predecesora en todos niveles, excepto en ese insuperable factor de sorpresa inicial de apabullante descubrimiento de un universo nuevo y maravilloso. Sin embargo, esta impecable secuela se guardaba unos cuantos e inolvidables ases en la manga, empezando por un conjunto de nuevos personajes que, a diferencia de otros capítulos de esta historia, aportaban elementos realmente importantes, resultando mucho más que simples invenciones en busca del merchandising más efectivo.
Asimismo, sin dejar de lado la aventura y acción que hizo grande a 'Una nueva esperanza' (ahí está su espectacular prólogo para demostrarlo), esta continuación sabía aportar con inmenso talento una mayor capa de profundidad a su historia, tramas más complejas y, por encima de todo, un número alto de giros que terminaban con una de las revelaciones finales más emblemáticas, impactantes y valientes del género blockbuster.

Y es que, sabiendo que los espectadores esperaban menos locuras en una propuesta de estas características, George Lucas y Lawrence Kasdan, con la inestimable ayuda de Irvin Keshner, se guardaron el truco perfecto para el desenlace más potente de la saga. Una escena, una frase, un grito. Historia del cine. El universo de 'Star Wars' saltaba por los aires convirtiendo, de manera definitiva, a Darth Vader y Luke Skywalker en algo más que figuras de acción. Y a 'El imperio contraataca' en la mejor y más completa entrega de todas. Insuperable. Inigualable. Incomparable.