El espíritu, la esencia y, bueno, el presupuesto de 'Terminator' eran claramente de serie B, pero tanto sus resultados en taquilla como la respuesta de la crítica correspondieron claramente a una cinta de primerísima categoría. Una propuesta tan sencilla en su fondo como imponente en su forma, protagonizada por Arnold Schwarzenegger, una elección de casting absolutamente acertada, y dirigida con pulso de hierro por un James Cameron de ideas clarísimas y destreza envidiable al otro lado de la cámara.

Y es que, gracias principalmente a esa capacidad tan característica y envidiable de Cameron para hacer que todo lo que toca se convierta en oro, esta propuesta bastante sencilla en términos argumentales, algo que no tiene porque ser siempre negativo, se elevaba por encima de la media con la fuerza, contundencia y rigidez de un serio aspirante a clásico del cine de acción y ciencia ficción. No importaba el tamaño, 'Terminator' iba a por todas. Y arrasaba sin piedad.
Un espectáculo de acción futurista que todavía hoy mantiene intactas las virtudes que lo convirtieron en un apabullante éxito de público y crítica, celebrado por varias generaciones y aplaudido como la referencia e influencia que ha supuesto para decenas de propuestas posteriores. 'Terminator' sigue siendo un artefacto cinematográfico infalible. Tan icónica como deslumbrante.