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'Frozen' o cómo la película más LGTB+ de Disney revolucionó los cuentos de hadas

Adrián Jiménez 24 noviembre 2019

*Este artículo no incluye spoilers de 'Frozen 2', pero sí de 'Frozen: El reino de Hielo'

Cuando 'Frozen: El reino del hielo' se estrenó en noviembre de 2013, era difícil imaginar que se convertiría en el éxito que es hoy en día. En ese momento, Disney estaba dando una nueva oportunidad a las historias de princesas. 'Tiana y el sapo', 'Enredados' y 'Brave (Indomable)' habían tenido un éxito decente pero discreto. ¿Cómo actualizas el mensaje y eliminas los tópicos machistas anticuados en los cuentos de hadas pero sin renunciar a su espíritu? 'Frozen' lo hizo de una forma sencilla y elegante, que siempre había estado ahí pero nadie había visto. Y por eso conquistó el mundo.

Las grandes historias no se pueden entender sin sus personajes, y 'Frozen' no se puede entender sin las hermanas Anna y Elsa. En Disney ha habido hermanas que molaban mucho (sin ir más lejos, en 'Lilo y Stitch'), pero nunca la relación entre dos hermanas había sido el eje de la historia. Hasta aquí. Analizaremos 'Frozen' en un viaje junto a sus dos protagonistas para entender cómo la guionista Jennifer Lee tomó 'La reina de las nieves' y lo convirtió en el cuento de hadas definitivo para el siglo XXI.

'Elsa entona 'Let it go''

'Frozen' como metáfora perfecta sobre ser LGTB+

En los primeros pasos, Elsa iba a ser la villana de Frozen, pero terminó evolucionando hasta el personaje que nos encontramos en la película. Esto le da un recorrido muy interesante, pues reúne características típicas de villanos, pero 'Frozen' no la presenta como tal en ningún momento. De hecho, al final de la película se la perdona por todas las malas acciones que ha cometido y no se la condena por ellas (esta idea del perdón de Elsa será importante más adelante).

Así, Elsa aparece como un personaje turbulento, lleno de matices y aristas, al que caracteriza el miedo a sí misma y lo que tiene dentro. Durante toda su vida, ha escuchado que sus poderes son algo malo. Que ella hace daño a las personas. Una parte de sí misma, tan natural para ella como el respirar, es algo que hay que temer. Lo escucha tantas veces que al final acaba creyéndoselo. "Escóndelo", "que no se vea", "no has de sentir, no han de saber". ¿No nos suena de algo?

Elsa funciona como una metáfora muy certera de lo que supone pertenecer a una minoría oprimida. Ha nacido con poderes, igual que una persona homosexual, negra o trans nace siéndolo. No hay nada de malo en ello. Pero si desde fuera nos dicen que lo que somos está mal y no debe verse, ¿cómo reaccionamos? Lo escondemos. Lo reprimimos. Elsa es la niña trans que se obliga a sí misma a actuar como un niño. El niño homosexual que esconde que le gustan los chicos.

'Elsa y la represión de los sentimientos'

Hay demasiados detalles que apuntan a esto como para que sea una coincidencia. Los guantes que el rey le da a Elsa simbolizan el odio a sí misma y la culpa por ser quien es. Para su padre, son una forma de protegerla y evitar que sus poderes hagan daño a nadie. Pero se terminan convirtiendo en su prisión. Depende de ellos, de esa barrera que tiene con el resto del mundo para que no conozcan su secreto. La negación de la identidad trae consigo duras consecuencias y puede manifestarse en enfermedades mentales como la depresión. Todo esto puede apreciarse claramente en el desarrollo de Elsa.

Por eso, antes de entonar la archiconocida 'Let it go', Elsa se quita el guante. Por primera vez en su vida, asume quién es y que no puede hacer nada para cambiarlo. Permite que los poderes salgan a la luz en todo su esplendor, en un acto enorme de valentía. Es la niña trans que se prueba un vestido. El niño homosexual que juega con muñecas, rompiendo los roles de género que le colocan encima. 'Let it go' es una salida del armario interior, es verse a uno mismo, dejar de esconderse y aceptarse. Porque ya lo saben. Ya qué más da.

El villano de 'Frozen'

Antes decíamos que Elsa no es la villana de Frozen. Pero entonces, ¿quién lo es? El duque de Weselton es bastante irrelevante y Hans no se revela como villano hasta el tercer acto. No. El verdadero villano de Frozen son el miedo y la inseguridad de Elsa. Un antagonista mucho más real y complejo que cualquier otro, al que es casi imposible derrotar. Y esto convierte a Elsa en el personaje más profundo, adulto y complejo que Disney ha creado jamás. Porque es el primer acercamiento de Disney a la depresión y a la realidad de las personas LGTB+. Porque ella convive con el villano, un miedo que sus padres crearon y la devora por dentro, sin permitirla ser quien realmente es.

¿Cómo se derrota a un villano como el miedo? Un miedo escrito en la piel, terror a que lo que tienes dentro haga daño a los demás y te aparte de ellos. ¿Cómo te enfrentas a un villano así? Demostrándole a Elsa una y otra vez que estás ahí. Pase lo que pase. Aunque te eche atrás una vez, y otra, y otra. Parece fácil pero no lo es. Y eso nos lleva a...

'Anna detrás de la puerta de Elsa una y otra vez'

'Frozen' y su actualización de los cuentos de hadas

Anna es una princesa Disney como las de toda la vida. Una joven algo ingenua en busca del amor que quiere conocer el mundo. Anna parte de este estereotipo para hacerlo evolucionar, que no destruirlo. Así, mientras suena 'Por primera vez en años (Reprise)', Anna es maldecida por accidente con un corazón congelado, que la matará si no encuentra un acto de amor verdadero. Se convierte de esta forma en la princesa en apuros, que necesita al héroe que la salve.

En 'Frozen' reconocemos estereotipos y fórmulas que se nos han contado mil veces. Durante siglos han estado en los cuentos de hadas y después el propio Disney los convirtió en su marca. La princesa en apuros. La maldición de la bruja. El héroe. Todo eso lo hemos visto una y mil veces, así que sabemos perfectamente cómo funcionan. Es casi imposible sorprendernos.

Pero la cinta juega de forma muy inteligente con nuestros prejuicios machistas, que utiliza en su propio beneficio para desbaratarlos una y otra vez. Cuando crees que sabes por dónde va, 'Frozen' desvía el camino sin saltarse las reglas, dando un final revolucionario a su propio cuento de hadas. Porque aquí empieza la nueva búsqueda. ¿Quién es el héroe que salvará a la princesa y vencerá al villano?

El nuevo héroe

Todo apunta a que el héroe es Hans. La historia nos lo ha señalado como interés romántico de Anna y príncipe. Pero hacia el tercer acto, Hans revela sus verdaderas intenciones, con una autocrítica impecable al Disney antiguo y a la idealización del amor. Hay que buscarse otro...

¡Claro! ¡El héroe es Kristoff! Hemos visto durante toda la película cómo Anna y él se enamoran y ahora él vuelve para salvarla. Nos van a contar cómo reconocer el amor de verdad. Kristoff corre hacia Anna. Ya casi está. Están a punto de reunirse. Es el clímax. Todo se va a arreglar y tendremos nuestro beso de amor verdadero. Pero no. 'Frozen' le da la vuelta a nuestras expectativas. Anna ve a Elsa a punto de morir a manos de Hans, duda, da la espalda a Kristoff y corre a salvar a su hermana.

La maldición surte efecto y Anna cae congelada. A Elsa se le parte el corazón y la abraza. "Ya está", pensamos, "ahora sí". Frozen habla del amor entre hermanas. Elsa se ha dado cuenta de cuánto la quiere y su abrazo es lo que rompe el hechizo. Otra vez, error.

El héroe es Anna. Ella es la princesa en apuros y también el héroe que la salva. Porque, ¿qué define al héroe según todas las teorías clásicas? El sacrificio. El mismo que realiza Anna cuando renuncia a su salvación y se coloca entre Elsa y la espada.

Una vez más, como ha hecho durante toda la película, Anna le demuestra a su hermana que está a su lado. Golpeando la puerta de su habitación sin descanso aunque nadie la abra. Persiguiéndola hasta el castillo de hielo. Avanzando con tesón a través de la tormenta que desencadena el miedo de Elsa. Anna la quiere. Siempre. Y esta vez es hasta las últimas consecuencias.

'Anna se sacrifica por Elsa en el clímax de 'Frozen''

El arma de las princesas

De forma paradójica, con su sacrificio, y al renunciar a su propia salvación, Anna se salva a sí misma, rompe el hechizo y vence al villano (los miedos de Elsa). Anna es el héroe. Ella es quien ha realizado el viaje del héroe durante toda la película y ha llevado a cabo el sacrificio final. Y lo mejor de todo es que para convertirse en el héroe, Anna solo necesita el arma que las princesas han tenido dentro de sí durante años: el amor.

El amor de Ariel, que la lleva a convertirse en humana pero también a despedirse de su familia. El de Bella, que rompe el hechizo de Bestia pero le arrebata su sueño de conocer mundo. El amor, para bien o para mal, siempre ha definido a las princesas, y siempre hemos creído que las hacía débiles, pero en 'Frozen' es lo que convierte a Anna en el héroe. No necesita fuerza. Solo amor. Anteponer las necesidades del otro a las propias. Hasta el final.

'Anna es la heredera de todo lo que las princesas Disney han representado durante años'

En 'Mulan' o, más recientemente, 'Brave' y 'Vaiana', Disney nos ha demostrado que las princesas pueden protagonizar otras historias. Que pueden dar la espalda a los estereotipos anticuados de los cuentos de hadas y convertirse en los héroes de sus viajes siendo fuertes, intrépidas y aventureras. Y eso está genial. Por supuesto que necesitamos princesas que construyan nuevos estereotipos y nuevas formas de pensar a la mujer.

Pero 'Frozen' efectúa un giro diferente. No da la espalda a los cuentos de hadas, sino que los abraza y los modifica desde dentro para permitir que la princesa sea la heroína sin saltarse las reglas. Sin necesidad de ser fuerte, ni intrépida, ni aventurera. Sino con un acto de amor emitido, que no recibido. Un sacrificio, una demostración de amor mucho más grande que un beso. Y mediante el amor fraternal, que puede ser tan fuerte o más que el romántico. Las reglas de los cuentos de hadas son las mismas, pero se adaptan a una historia que expande los límites.

El amor y el perdón de Anna destruyen los miedos de su hermana, que, por fin, se da cuenta de que merece ser amada y toma conciencia de su poder. 'Frozen' se convierte así en una reivindicación total del poder femenino, de aquello que durante siglos hemos tachado de débil. El amor entre mujeres y la sororidad salvarán el mundo.

Lo que Kristoff supone para los hombres

No solo en las mujeres se fija 'Frozen'. El acompañante de la princesa en la película es Kristoff, una representación muy interesante de las nuevas masculinidades actuales que podría llenar un artículo entero. No es tradicionalmente guapo, ni noble, se define por su buen corazón. Pero lo mejor es lo respetuoso y feminista que es su relación con Anna.

'Anna y Kristoff en 'Frozen''

Cuando todo termina, Kristoff reprime su impulso de zurrar a Hans y permite que sea Anna quien salde las cuentas con él, dándole un puñetazo que se llevaba mereciendo bastante tiempo. Y no solo eso. Kristoff le pregunta a Anna si puede besarla. El hombre pregunta, no da por hecho que la princesa lo ama. El beso de amor llega cuando la princesa decide y no cuando el príncipe se ve obligado a besarla para romper el hechizo. No es salvación, es elección. ¿Cuándo se ha visto esto antes en Disney?

'Frozen' asume el pasado, recoge el presente y apunta hacia el futuro. Une el viaje del héroe y los cuentos de hadas para contarnos un cuento actualizado para el mundo de hoy. Un cuento en el que la bruja no es tan mala, un joven del pueblo es el mejor acompañante de la princesa, los villanos se disfrazan de príncipes y la princesa en apuros puede ser el héroe de la historia.

'Frozen 2' ya está en cines.

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