Los cantos de Homero siempre han sido una bestia difícil de domar. Durante milenios se dudó acerca de lo que aquellas historias imposibles contaban, cuánto tenían de cierto y cuánto se disfrazaba de mito. Su naturaleza como arte transformativo, cambiando poco a poco a cada voz que interpretaban los versos, hacía de sus relatos algo único e imposible de imitar.
Ese acercamiento está presente en 'La Odisea' , la última película de Christopher Nolan. El célebre director ha tomado la historia del gran viaje de Odiseo que inspiró a millones antes que a él, y en vez de imitar lo que otros hicieron, toma el canto en sus manos y nos ofrece una versión propia. Una que coloca al viajero bajo un análisis diferente, que se plantea las consecuencias de sus actos no como un zorro avispado o un genio sin parangones, sino como un ser humano con mucho, mucho de lo que arrepentirse.
El largo camino a casa
'La Odisea' nos lleva a una era lejana, un momento en el que la civilización humana crece cerca de los dioses y sus bendiciones sobre las tierras que habitan. Un conflicto armado en Troya cambia todo, despertando intereses políticos y económicos en un mundo que, hasta entonces, se regía por el sentimiento y la pureza. La guerra no trajo consigo ningún bien, y nuestro protagonista ha tenido mucho tiempo para reflexionar sobre ello.
Matt Damon nos trae al Odiseo más humano que hayamos visto en cines hasta la fecha. Es el centro de la historia, por descentralizada que esté en el espacio y el tiempo: todo el mundo quiere saber qué fue de Odiseo, el gran héroe que trajo la victoria a la guerra de Troya. Dieciocho años han pasado desde que su tierra Ítaca le vio por última vez, y su ausencia se empieza a notar en hombres ansiosos de poder. Su regreso es lo único que podría salvar la isla.
Por supuesto, no va a ser una vuelta fácil. Hay motivos de sobra para que el rey aún no haya llegado a la isla, y es por todo el periplo que le esperaba. Criaturas mitológicas, monstruos imposibles y la mismísima furia de los dioses a los que Odiseo ha decidido desafiar en vez de rendirse frente a ellos. La película lo cuenta todo, desde la playa de Troya hasta las tierras de Calipso, y no teme a emborronar la ficción y la realidad. Es una historia con los pies en la tierra que no tiene miedo de entrar en el campo del misticismo, tal y como lo hizo Homero.
Todos los caminos conducen a Ítaca
El conflicto de Odiseo no se cuenta sólo desde su perspectiva. La película se enriquece contando la espera a su regreso desde el lado de su familia, interpretada por Anne Hathaway y Tom Holland. Ambos hacen un trabajo magnífico en sus actuaciones bajo la dirección de Nolan, pero destaca especialmente Hathaway como Penelope por la lucha interna a la que se enfrenta y los sentimientos encontrados con los que debe lidiar. Como mujer en una era en la que su sexo se ve discriminado desde su nacimiento, es la máxima representante de la frustración que se vivía en la era de bronce.
El caso de la mujer como objeto y no como personas es algo que vemos más veces en la historia, concretamente con Helena de Troya, interpretada por Lupita Nyong'o. Su papel es breve, pero deja una marca indistinguible en el espectador: de hecho, los actores de reparto son quienes más magnetismo manejan en pantalla. Jon Bernthal como Menelao atrae toda nuestra atención cuando hace acto de aparición, Bennie Safdie como Agamenón es una presencia aterradora con el increíble juego de cámara que Nolan usa y Elliot Page como Sinón impresiona más de lo que cabería esperar en una de las escenas más tensas de toda la cinta.
No es algo que se limite a estos nombres: son sólo algunos de los destacados y que demuestra la fuerte capacidad de Nolan por saber cómo dirigir cada pequeño aspecto de una película que es gigantesca por naturaleza. Por muchos eventos que haya que contar, por muchos actores que haya presentes, el director cuida cada detalle para que su visión se logre completar en pantalla. Se niega a soltar el control del barco y sabe cómo capitanear a todo el equipo de producción, tanto para escenas íntimas como los gigantescos sets de Troya y otras batallas épicas.
Rumbo a nuevos horizontes
Nolan se mueve sobre terreno conocido durante gran parte de la película. Es una recopilación de los muchos años de experiencia que ha adquirido a través de su filmografía. Podemos ver partes de 'Oppenheimer' en el personaje de Odiseo, trozos de 'Interstellar' en el viaje en el que se embarca, la magia de 'Origen' en sus momentos más místicos. Es una colección de lo mejor que nos ha traído con el tiempo, y a su vez, se atreve a adentrarse en campos desconocidos también.
Hay dos secciones de la película que no se parecen en nada a trabajos anteriores, y que remarcan la flexibilidad del director de cara a futuros proyectos. El manejo del que hace uso del elemento del terror es impecable para alguien que apenas se ha movido por el género. 'La Odisea' demuestra que Christopher Nolan aún tiene mucho con lo que sorprendernos, y que todavía tiene mucho que ofrecer: no será lo mismo verla en una pantalla pequeña que en la grandeza de un cine. Es una de esas películas que hace falta ver en la gran pantalla.