A Joe Pesci siempre le ha bastado lo mínimo para alcanzar el máximo. Nunca ha sido especialmente relevante el tiempo en pantalla de sus respectivos personajes, si él entraba en acción todo se ponía patas arriba, mejoraba, crecía, se elevaba a base de energía inalcanzable. Hilarante desde la seriedad, emotivo desde el detalle, magnético desde la firmeza. El único y gran Pesci.
Capaz de destacar tanto como secundario de oro como en papeles protagonistas, el intérprete ha manejado su trayectoria profesional con una honestidad a prueba de éxitos, rodeándose en la práctica totalidad de las ocasiones de equipos que eran familia, siendo agradecido con aquellos que confiaron en él cuando nadie más lo hacía y participando, aunque fuera en forma de cameo, en proyectos que estaban claramente por debajo de su potencial. La fidelidad, el compañerismo y la conexión indescriptible.

Tipo de pocas palabras, ahí está su discurso tras recibir el Oscar a Mejor actor de reparto por su extraordinario trabajo en 'Uno de los nuestros' como principal ejemplo, Joe Pesci nunca ha necesitado rodearse de oro, champagne y ovaciones multitudinarias para mantener el equilibrio en el siempre hambriento Hollywood. Es una estrella reconocida, admirada, misteriosa y genuina. No hay dos Pesci. Y mejor así.