Está claro que las historias de amor han estado siempre presentes desde que prácticamente nació el séptimo arte. Su innegable potencial dramático para capturar al espectador ya funcionaba entonces y, a día de hoy, sigue siendo un argumento de suficiente peso como para que los estudios sigan apostando por intentar traspasar la pantalla con los instrumentos que ofrecen los grandes romances. Si vienen con conflicto resuelto en el último segundo y con perdices para los protagonistas en forma de epílogo, mejor. Aunque las lágrimas compartidas tampoco son una opción nada despreciable.

Parece evidente que todos los elementos, o la mayoría de ellos, deben funcionar a un nivel más bien alto para conseguir esa intensa identificación con el espectador, pero, en ese sentido, ¿se puede caer toda una película si falla en un factor tan 'mínimo' como una frase? Rotundamente no. ¿Y puede elevar su nivel o aumentar sus opciones de convertirse en una propuesta más memorable? Por supuesto. El detalle como vehículo directo hacia la posteridad más emotiva.
Un golpe de guion, una inesperada referencia, un penúltimo giro de ingenio, unas palabras que lo cambien todo. Hay que ser genial para conseguir que una simple frase termine formando parte de los elementos mejor valorados, y mejor recordados, del conjunto, pero existen casos que demuestran que es más que posible. Y aquí tenemos veinte ejemplos claros relacionados directamente con el género de la comedia romántica.