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'My Policeman': Harry Styles y David Dawson se dan a la pasión en un drama gay tibio (tirando a frío)

Pedro J. García Viernes 04 noviembre 2022

Tras su paso por festivales de cine y salas comerciales en estreno limitado (fuera de España), llega a Prime Video 'My Policeman', drama gay basado en la novela homónima de la autora británica Bethan Roberts, que dirige Michael Grandage ('El editor de libros'). La película viene avalada por la producción de Greg Berlanti, una figura clave en el auge reciente de la representación LGBTQ+ en cine y televisión, con sus series del Arrowverso o la pionera historia adolescente gay 'Con amor, Simon'.

'My Policeman'

'My Policeman', sin embargo, se aleja de la ligereza de los títulos mencionados para adoptar un punto de vista completamente serio y dramático, en la que es una historia sobre el amor prohibido, el paso del tiempo y las oportunidades perdidas. Un relato de amor y descubrimiento a tres bandas ambientado en el Brighton de los años 50, que gira en torno a la presión social, el peligro de no poder ser uno mismo en un mundo que persigue la homosexualidad y las consecuencias que esto puede acarrear en la vida de tres personas unidas por un vínculo común.

La historia sigue a Tom, interpretado por el archiconocido cantante Harry Styles, un joven y atractivo policía gay que tiene que ocultar su identidad en una sociedad que todavía considera que la homosexualidad es un delito (esta no se despenalizó parcialmente hasta 1967 en el Reino Unido), viviendo una doble existencia amplificada por el conflicto que le plantea su profesión. Cuando una profesora de primaria llamada Marion (Emma Corrin, 'The Crown') se fija en él, Tom encuentra la oportunidad perfecta para mantener su fachada mientras, a la vez, conoce al carismático y refinado Patrick (David Dawson), un curador de arte que se hace amigo íntimo de la pareja y del que Tom se enamora irremediablemente, iniciando con él un romance furtivo a espaldas de Marion.

'My Policeman' transcurre a caballo entre dos tiempos. En el pasado asistimos al florecimiento del amor y la pasión entre Tom y Patrick, con una Marion enamorándose cada vez más del primero, sin ser consciente de que él no la ve (ni la desea) de la misma manera que a su fascinante nuevo amigo. Paralelamente, vemos a los protagonistas en los 90. Tras lo vivido en su juventud, Marion y Tom (interpretados en sus versiones maduras por Gina McKee y Linus Roache) continuaron con su matrimonio para ajustarse a las convenciones sociales, lo que ha creado un resentimiento entre ambos que se intensifica cuando reaparece Patrick (Rupert Everett) en sus vidas, después de que Marion decida acogerlo para cuidarlo durante la fase final de su enfermedad, postrado en una cama y sin apenas poder comunicarse. De esta manera, Marion y Tom se ven obligados a revivir y revaluar lo que ocurrió hace 40 años, sacando a la luz el secreto que los destruyó, para tratar de encontrar una segunda oportunidad de reparar el dolor del pasado.

Harry Styles y Emma Corrin

Grandage, a partir del guion de Ron Nyswaner (nominado al Oscar por 'Philadelphia'), se aproxima a la historia de Tom, Marion y Patrick con la misma delicadeza evocadora y tensa serenidad que Roberts en su novela. La adaptación se mantiene respetuosa en su traslado a la pantalla, optando por un enfoque pausado y una puesta en escena elegante pero discreta, que envuelve a los personajes en el velo nostálgico de un tiempo idealizado, en el que bajo su fachada pulsa un dolor reprimido que busca una salida. El film lanza un mensaje concienciador, muy valioso y oportuno, sobre cómo, hasta hace muy poco, la comunidad LGBTQ+ debía permanecer en las sombras, ocultando su verdadera naturaleza por miedo a las represalias (palizas, arrestos, condenas, ostracismo social). Un contexto que, por desgracia, sigue vigente en una sociedad moderna en la que la homosexualidad sigue penalizada (en algunos casos con la muerte) en muchos países y la comunidad queer se expone a la discriminación y la violencia a diario, incluso en los países donde se supone que está aceptada.

En este marco sociocultural nace una historia de amor entre dos hombres que se ve abocada al fracaso por ese mismo contexto. 'My Policeman' se puede enmarcar en el subgénero de amores queer prohibidos al que pertenecen 'Call Me By Your Name', 'Carol' o 'Brokeback Mountain', aunque con la que más guarda en común es con una desconocida (y preciosa) miniserie de BBC llamada 'Man in an Orange Shirt' -y estrenada precisamente con motivo del 50º aniversario de la despenalización de la homosexualidad en Inglaterra y Gales-, que planteaba exactamente el mismo conflicto, con un triángulo muy parecido y también narrado entre dos tiempos. Y aunque 'My Policeman' es una propuesta correcta en esa tradición, pierde en comparación con todos los títulos mencionados.

La principal traba de la película es que la supuesta pasión que caracteriza (o debería caracterizar) a la historia, no se siente como tal. Falta ímpetu emocional tanto en el desarrollo de los acontecimientos como en los diálogos y las caracterizaciones, que se quedan más bien en la superficie. A lo largo del metraje, hay muchos momentos que rozan la emoción a flor de piel, pero hay algo que los refrena. Y sí, se podría interpretar como un reflejo de la época y la naturaleza misma de la historia, en la que la discreción y la prudencia juegan un papel esencial, pero no es (solo) eso. Se trata de un fallo de tratamiento, que deja que la frialdad cale en todo momento y sea difícil entrar bajo la piel de sus personajes.

Styles, mejor que en 'No te preocupes, querida'

Las interpretaciones no son el problema. El trío protagonista realiza un trabajo notable, teniendo en cuenta que el libreto que manejan no les da pie a lucirse excesivamente. De los tres, Corrin es quien destaca más, con una interpretación de intensa contención y mayor complejidad psicológica que sus partenaires masculinos -aunque no llegue a desarrollarse del todo. Dawson borda la personalidad enigmática y sofisticada de Patrick a la vez que transmite perfectamente el dolor trágico de su conflicto al atreverse a vivir su sexualidad de forma más abierta que Tom. Y el tercero en discordia, Styles, sale mucho mejor parado que en la reciente 'No te preocupes, querida'.

Es verdad que en las escenas más intensas, Styles demuestra que aun no está a la altura del reto dramático, pero en la faceta más íntima del personaje, su proceso de autodescubrimiento, que pasa por el miedo de pertenecer al mismo organismo que lo condenaría si supiera quién es realmente y la excitación y el anhelo en su relación con Patrick, el aun novato intérprete se hace con el conflicto interno del personaje y deja entrever destellos del buen actor en el que se podría convertir. Además, lejos de ser timorato, Styles también se entrega a la pasión con Dawson en las escenas de sexo, realizadas e interpretadas de forma exquisita. Aunque siguen siendo relativamente recatadas, al menos Grandage no gira la cámara en los momentos clave, y Styles y Dawson exhiben bastante química, haciendo creíble la atracción y el deseo que hay entre sus personajes.

Harry Styles

Sin embargo, esos momentos de sensualidad en los que la película parece soltarse no representan el conjunto. 'My Policeman' es bonita, pero la mayor parte del tiempo, se queda a las puertas de algo verdaderamente trascendental. Un problema que viene de la novela, a la que también le falta capacidad introspectiva y algo de autenticidad. Bethan Roberts parece tener solo una idea aproximada de lo que realmente significa ser un hombre gay (rozando la fetichización romántica) y esto lleva a que los personajes estén a medio cocer, lo que hace que empatizar con ellos sea difícil por momentos, provocando la indiferencia donde debería conmovernos. En su recta final, la película casi consigue conquistar esa emoción que se le ha resistido hasta ese momento, pero llega tarde y se diluye en lo que podía haber sido. Como la propia historia de Tom y Patrick.

'My Policeman' no pasará a la historia por su contribución al cine, pero la buena labor de sus actores (tanto los jóvenes como los mayores) y su mensaje universal sobre el paso del tiempo aplicado inteligentemente a la historia de la comunidad LGBTQ+, la convierten en un aporte bienvenido, aunque otras historias similares hayan logrado captar mejor el sentimiento que la elude.

Nota: 6

Lo mejor: El reparto, especialmente Corrin, y la química de Styles y Dawson en las escenas íntimas, realizadas con mucho tacto.

Lo peor: Se queda en la superficie y le cuesta emocionar. Por momentos, es difícil empatizar con los personajes.

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