Estrenada en 1999, 'Sleepy Hollow' se convertía en una de las sorpresas del cine de terror de aquel año, dejando a un lado la tendencia que parecía establecerse ese año sobre las nuevas formas de entender el género y recuperando ese aroma al gótico que tanto furor había causado décadas atrás.
Mientras que títulos como 'El sexto sentido', 'El proyecto de la bruja de Blair' o la recién estrenada oleada de películas provenientes de Japón (un año antes, llegaba 'The Ring: El círculo' y ese mismo Takashi Miike sorprendía con la brutal 'Audition') sentaban cátedra para marcar un antes y un después en el terror, la propuesta de Tim Burton es claramente entendible como uno de los últimos coletazos de aquella recuperación de los monstruos clásicos vivida en el Hollywood de los noventa.

Modas cíclicas
Entre los años veinte y cincuenta, la Universal había convertido a los villanos de la literatura gótico en los grandes arquetipos del cine de terror, explotando al máximo las figuras de Drácula, la momia, la criatura de Frankenstein, hombres lobos e invisibles y demás antagonistas. Estas, habían vivido una segunda era dorada gracias a la Hammer, la cual reimaginaría aquellas antiguas películas años después, hasta que acabó de hacerlo por propio agotamiento.
Desde principios de los noventa, será cuando se viva aquella nueva recuperación de la tradición gótica, la cual englobó toda una serie de títulos a lo largo de toda una década, y la cual ha vuelto a tener cierta reivindicación durante los últimos años, llegando incluso a nuevas reinterpretaciones de los mismos monstruos ya en el nuevo milenio, donde hemos vuelto a tener encarnaciones nuevas de ellos con 'El fantasma de la ópera' de Joel Schumacher, el 'Drácula: La leyenda jamás contada' protagonizado por Luke Evans, o con Sofia Boutella como la nueva 'La momia', demostrando que las figuras más representativas del terror, nunca pasarán de moda.