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'La calle del terror': La reformulación del terror adolescente para la Generación Z

Javier Parra Viernes 16 julio 2021

Han pasado veinticinco años desde el estreno de 'Scream. Vigila quién llama', la peli con la que Wes Craven y Kevin Williamson consiguieron resucitar el terror adolescente y, con él, darle una segunda era dorada al slasher. Una vez que este acabó muriendo de nuevo por sobreexplotación y agotamiento de la fórmula, han sido varias las propuestas que han ido llegando para insuflar de vida otra vez al horror teen. Y entre las características que llegaron en los noventa y que no han querido irse, nos encontramos con lo meta y autorreferencial.

En el terror de los ochenta ya nos encontramos con películas que hablaban directamente a los fans del terror. Desde 'Fundido a negro' a 'The Slumber Party Massacre', pasando por la secuela 'Campamento sangriento II' o la reconversión de monstruoso asesino de niños a icono pop de Freddy Krueger, estrella absoluta del género que no lo hubiera sido sin el respaldo de un público que pasó a idolatrarlo. Los guiños acerca de los tópicos ya estaban al servicio del espectador. Los clichés se forzaban a modo de subrayado con el que poder sentirse identificado. Las reglas no escritas acerca de las scream queens (siempre castigando la promiscuidad), las final girls (premiando la virginidad) y los pyschokillers (siempre al acecho, de aura inmortal y caminando en lugar de ir corriendo), habían entrado en un piloto automático que logró reavivar Ghostface. Preguntarle a Drew Barrymore que cuál era su película de terror favorita en el prólogo, ya dejaba clara cuál iba a ser la tendencia a seguir. Y aunque esa nueva formulación del terror desde una perspectiva referencial no se explotó mucho entre finales de los noventa y principios de los 2000, sí que regresó en la década siguiente.

La calle del terror

Tan solo hay que echar un vistazo a 'Castigo sangriento', 'La cabaña en el bosque', 'The Final Girls', 'Tragedy Girls', 'Nación salvaje' o 'Este cuerpo me sienta de muerte', títulos liderados por 'Scream 4', que en 2011 se reformulaba como ejercicio meta acerca de los remakes. A toda esta corriente que podríamos etiquetar dentro del terror millennial, se suma ahora abriendo nueva década 'Fear Street', trilogía televisiva ideada cual triple evento semanal, la cual cuenta con varios aspectos que la convierten en candidata a hito para la generación Z.

Para dejar claro de donde viene, la primera escena cuenta con Maya Hawke, la cara más conocida del casting (es Robin Buckley en 'Stranger Things'), leyendo la frase promocional de un libro de terror para adolescentes. Este no es otro que 'The Wrong Number', uno de los títulos reales que formaron parte de la colección La Calle del Terror de R.L. Stine (aquí se llamó 'Llamada mortal'), y que en pantalla vemos con el nombre de Robert Lawrence. Después, y tras otro guiño al lector mostrando otras míticas portadas como 'La fiesta sorpresa' o 'La sonámbula', Hawke será la primera en morir en una nueva masacre en Shadyside, cuya sangrienta historia de muerte se remonta al siglo XVII.

La calle del terror

Cualquiera que conozca un poco la trayectoria de R.L. Stine, sabrá que su obra es tan prolífica que podría dar para décadas de adaptaciones. Además de 'Pesadillas', el autor cosechó hasta la extenuación una serie de propuestas enmarcadas en la categoría de young adult, las cuales vieron la luz desde 1989. Los años noventa fueron clave para Stine, quien mientras veía como 'Pesadillas' se convertía en un fenómeno global (acrecentado gracias a la serie homónima), conseguía que el resto de sus colecciones destinadas a un público más adolescente, acabasen siendo objeto de culto para quienes habían empezado a conocer el terror teen gracias a 'Scream' y sus derivados.

A modo de universo compartido, las historias que formaban parte de la serie 'La Calle del Terror' sucedían en Shadyside, localidad ficticia en la que resolver misterios, asesinatos, enfrentarse a fantasmas y demás situaciones relacionadas con lo macabro y lo terrorífico. Tomando como punto de referencia la leyenda de la familia Fier (su nombre derivó a Fear, de ahí lo de Fear Street), con algunos de sus miembros acusados de brujería en el pasado, la adaptación nos trae una historia contada a través de varios momentos en la historia del pueblo, sobre el que pesa la maldición de una bruja, Sarah Fier, desde 1666.

Condenados a vivir un duelo eterno, sus habitantes han asumido que, de forma casi cíclica, las masacres y crímenes violentos son algo adscrito a la esencia de Shadyside, la cual Leigh Janiak ha conseguido trasladar a la pantalla a lo largo de los tres títulos que ahondan en sus respectivas líneas temporales: 1994, 1978 y 1666. Siendo su trama principal la de los noventa, queda constatado cómo 'La Calle del Terror' está hermanada con el neoslasher de finales de siglo.

La calle del terror

Tras haberse dado a conocer con 'Honeymoon', título indie de 2014 en el que Rose Leslie era víctima de una posesión de tintes cósmicos, la directora había sonado como la candidata idónea para dirigir el remake de ´Jóvenes y brujas'. Sin embargo, y tras haber dirigido un par de episodios de la serie 'Scream', Janiak conseguía embarcarse en un proyecto tan ambicioso como este, en el que también figura como guionista y que, gracias a Netflix, ha conseguido que su nombre ya pueda ser considerado como una de las actuales firmas a tener en cuenta en el cine de terror.

Del mismo modo en el que las dos 'Pesadillas' se inspiraban en los libros para dar pie a una historia nueva con monstruos y personajes de R.L. Stine, aquí la verdadera protagonista es la leyenda negra de Shadyside. Y como no podía faltar en un buen título de terror adolescente, el rol de final girl recae sobre Kiana Madeira, quien interpreta a Deena, una joven lesbiana que verá como parte de sus acciones se verán promovidas por su relación con Samantha (Olivia Scott Fraser).

La gran diferencia entre el slasher de los noventa y 'La Calle del Terror, radica en la forma con la que la propia película le habla al espectador. Randy Meeks en 'Scream' hacía referencias a 'La noche de Halloween' y 'Prom Night'. Ahora, algunos de los principales tributos son para 'Carrie' y 'Viernes 13' (sobre todo, 'Viernes 13, 2ª parte' y ese asesino con saco en la cabeza emulando a aquel primer Jason Voorhees). Por lo tanto, seguimos en esa línea, aunque Janiak haya apostado por querer verse también reflejada en algo que era clave en el terror de los ochenta y que se abandonó una década más tarde: el gore.

La calle del terror

Terror para la Generación Z

En 1994, veremos cómo los antiguos asesinos de Shadyside regresan de forma implacable matando a todo el que se les pone por delante. En 1978, en la más absoluta tradición de películas de terror en campamentos de verano, el Camp Nightwing es testigo de una masacre y la lucha por la supervivencia de dos hermanas, Cindy (Emily Rudd) y Ziggy Berman (Sadie Sink). En 1666, y sirviendo como colofón a la historia, Deena revive las últimas horas de Sarah Fier (Elizabeth Scopel) hasta desentrañar el misterio que gira en torno a su muerte, con la intención de poder acabar con la maldición que pesa sobre el pueblo, mostrándonos una caza de brujas que podría estar situada en el mismísimo Salem.

Si no fuese porque el origen está en R.L. Stine, 'Fear Street' podría esta incluida dentro del universo de 'Las escalofriantes aventuras de Sabrina', por cómo es un producto absolutamente consciente de su estatus dentro del actual panorama del terror que le habla a una generación de jóvenes. Porque si los referentes en los noventa pasaban por Sidney Prescott o Julie James, ahora es evidente que quienes han crecido con 'Stranger Things', puedan sentirse reflejados en Deena, Kate, Josh o la propia Sarah Fier.

Un compendio de roles que siguen estando bajo el paraguas de los clichés del cine de terror, los cuales se actualizan ondeando la bandera LGTBIQ+ al contar con una protagonista abiertamente lesbiana (y cuyo personaje no tiene conflictos en cuanto a su orientación sexual, la cual está totalmente normalizada), algo que pocas veces hemos podido ver en el slasher, y que sirve como claro avance en cuanto a la formulación de los códigos del género. Ahora, el terror adolescente sigue bebiendo de los ejercicios autorreferenciales (ya sea a través de guiños al espectador o claros homenajes) que se pusieron de moda en los noventa. Pero a su vez, recupera el espíritu grindhouse y de gore festivo que proliferó en los años ochenta, dejando atrás cierta tendencia a la mojigatería que habíamos estado viendo en los últimos años, y llegando a las pantallas de todo el mundo a modo de incuestionable divertimento que acaba de llegar a su fin.

Ahora, solo cabe esperar que podamos seguir disfrutando de nuevas propuestas que indaguen en el universo de Shadyside. Porque en Stine hay material de sobra para satisfacer a un público que estaba ávido de carnaza que diera un aire nuevo al terror. Y Leigh Janiak ha sabido tocar las teclas adecuadas, así que ojalá pueda traernos más propuestas así. Con una trilogía al año, nos conformamos.

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