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La homosexualidad y el cine de Hollywood: Condenados a entenderse

Diego Pla 28 junio 2015

A casi nadie escapa que las películas (sobre todo las producidas en Hollywood, dado su alcance) proyectan una imagen de la realidad que influye en la propia imagen que las personas tenemos de la sociedad en que vivimos y, en consecuencia, de nosotros mismos. Así ha sucedido con las guerras, los roles femenino y masculino, el amor, la violencia, etc., y tantos otros conceptos, concretos y abstractos, variando según las épocas y circunstancias adscritas a cada una de ellas. La homosexualidad, como es lógico, no ha escapado a esta influencia.

La homosexualidad y el cine de Hollywood: Condenados a entenderse

Si repasamos la historia del cine estadounidense, desde sus inicios hasta nuestros días, no es difícil advertir que el tema de la homosexualidad ha sufrido una evolución considerable, tal y como lo ha hecho en la sociedad. Hasta aquí todo normal. Pero si nos detenemos a indagar más concienzudamente sobre el asunto, y a poco que reflexionemos sobre ello, surgen un par de interrogantes inquietantes: ¿ha modelado Hollywood la imagen que la sociedad tiene sobre la homosexualidad, o solo se ha hecho eco de lo que la sociedad percibía por sí misma? Y en cuanto a los potenciales afectados, los homosexuales, ¿ha sido el cine norteamericano el encargado de dictarles cómo actuar y sentir, o se han regido según sus propios códigos, es decir, con el margen de libertad y autonomía digno de cualquier otro colectivo humano? Si tenemos en cuenta que, aún a día de hoy, la homosexualidad sigue generando controversia e incluso es tema tabú en multitud de círculos y contextos, estos interrogantes no son poco relevantes.

Con el siguiente repaso al tratamiento que Hollywood ha hecho de la homosexualidad no pretendemos hallar culpables, ni siquiera resolver las preguntas enunciadas (al menos no directamente). Más bien, buscamos arrojar luz sobre un tema que, pese a estar presente desde los inicios de la historia del cine, ha sufrido fluctuaciones significativas y, a nuestro entender, injustas. Es esa injusticia la que buscamos, humildemente y solo en cierta medida, subsanar a través de la mera exposición.

Los inicios

La primera escena cinematográfica en la que se aprecia una actitud homosexual data de 1984. Se trata de un cortometraje de 17 segundos titulado 'Dickson Experimental Sound Film', en el que vemos a dos hombres bailar al son de un fonógrafo. La secuencia resulta un tanto cómica, y será precisamente esa comicidad la que acompañe a todo comportamiento o figura que remita a la homosexualidad hasta los años 30. Cualquier actitud afeminada por parte de un hombre será recibida con risas por parte del público.

Estereotipos

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En 'Behind the Screen' (Charles Chaplin, 1916), Chaplin besa a una mujer vestida de hombre (sabiendo que en realidad es una fémina). Otro personaje, rudo y masculino, los ve y, confundido y alterado ante la obscenidad del acto, reprende al personaje de Chaplin. Recordemos que se trata de un film mudo, y pese a ello la escena no pierde un ápice de la comicidad pretendida. Es decir, no hacen falta más que unos cuantos gestos y el atuendo adecuado para que el espectador comprenda qué sucede, decodifique el chiste: es el ejemplo perfecto de cuán asentados estaban los estereotipos en la sociedad de la época.

La homosexualidad y el cine de Hollywood: Condenados a entenderse

En torno a los años 30, la figura del mariquita se hace bastante recurrente, como vemos en la imagen extraída de 'The Gay Divorcee' (Mark Sandrich, 1934). Así recibe el cine sonoro hollywoodiense a los homosexuales, dotándolos de una voz aguda y ridícula. Es cierto que, hasta este punto de la historia, apenas hay dimensión psicológica en los personajes homosexuales representados en pantalla, pero, pese a este tratamiento en apariencia amable e inofensivo, se esconde una cruda realidad: la sociedad no sabe cómo tratar a los homosexuales y, en consecuencia, los homosexuales, sin referentes a los que seguir, deben guiarse por sus propios códigos de conducta.

La censura

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En 'Morocco' (Josef von Sternberg, 1930) asistimos a una escena legendaria: Marlene Dietrich, una cantante de cabaret, interpreta uno de sus números vestida de hombre y, en cierto momento, besa a una mujer del público. En realidad, el único trasfondo que hay detrás de esta escena es el que un espectador ávido de interpretaciones desee otorgarle, pues el personaje de Dietrich es heterosexual y lo demuestra a lo largo de la trama. Con todo, esta secuencia sí sirve para observar un cliché que aún hoy se mantiene: una mujer vestida de hombre resulta más sensual que cómica, y en ella el atuendo masculino no se relaciona forzosamente con la homosexualidad. En cambio, un hombre vestido de mujer, entonces y aún hoy en día, se traduce en uno de dos significados: o es un perturbado sexual, o pretende divertir a aquellos que lo observan.

En esta época entra en vigencia el llamado Código Hays, o sistema de censura en las producciones cinematográficas hollywoodienses. Concebido por miembros de distintas asociaciones conservadoras, el código intentó instaurarse sin mucho éxito en 1930, pero no fue hasta 1934 cuando, tras la creación de la PCA (Administración del Código de Producción), las productoras se rindieron ante la presión y aplicaron el código a sus películas. Entre otras representaciones, el código prohibía: besos con la boca abierta, abrazos lujuriosos, perversión sexual, seducción, violación, aborto, prostitución y esclavitud blancas, desnudez, obscenidad y profanación. El código estaría vigente hasta 1966, si bien es cierto que a partir de los años 50 la censura fue haciéndose más laxa.

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La censura, lejos de erradicar a los personajes homosexuales de las pantallas, los sofistica. Ya no hay maricas ni marimachos, sino caracteres más complejos, misteriosos e insinuantes. Los guionistas y realizadores se las ingeniaban para sugerir aquello que querían contar pero no les estaba permitido. Así, la interpretación final siempre quedaba en manos del espectador. Subyacen dos tipos de mensajes a lo largo de esta época: a los gais les espera un camino sombrío, plagado de peligros y cuyo final es, ineludiblemente, fatalista; por su parte, una mujer atraída por otra mujer debía, a la fuerza, endurecerse y alejarse de su feminidad, lo cual sería -del mismo modo inevitable- condenado por la sociedad.

En 'La Soga' (Alfred Hitchcock, 1948), los dos protagonistas masculinos no son solo pareja sino, a la vez, asesinos. Este es un claro ejemplo de cómo los realizadores debían ingeniárselas para sortear la censura (que, al menos en apariencia, tampoco era especialmente perspicaz), algo que contribuyó al enriquecimiento de las tramas y sus personajes.

Destino fatal

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Quizás, lo que más daño provocó en los jóvenes espectadores de la época cuya identidad sexual estaba todavía en construcción fue la siguiente pauta: todos los personajes que mostraban una tendencia sexual dudosa, manifiesta o esbozada, acababan mal, la mayoría de las veces muertos. Esta fatalidad, sin duda, debió calar hondo en la sensibilidad de aquellos espectadores que buscaban su reflejo en la pantalla, y que solo lo encontraban en los personajes que se sentían atraídos por otros de su mismo sexo.

Suicidios, asesinatos o trágicos accidentes ponían fin a la vida ficticia de todos y cada uno de los personajes de sexualidad ambigua paridos por Hollywood. Son cuantiosos los ejemplos de esos personajes (siempre secundarios) cuyo destino se decide de manera fatal: Judith Anderson (Mrs. Danvers, la siniestra ama de llaves) en 'Rebecca' (1940), Sal Mineo (Platón) en 'Rebelde sin causa' (1955) o Stephen Boyd (Mesala) en 'Ben-Hur' (1959) son solo algunos de los casos que ponen de manifiesto cómo castigaba Hollywood cualquier indicio de desviación sexual.

La homosexualidad y el cine de Hollywood: Condenados a entenderse

Hacia finales de los 50's, y salvo algunas excepciones, la censura comienza a tornarse más permisiva con las producciones hollywoodienses. Pero no será en USA sino en UK donde se produzca uno de los grandes pasos de cara al aperturismo: en la producción británica 'Victim' (Basil Dearden, 1961), Dirk Bogarde interpreta a un abogado gay, constituyendo el primer caso de un homosexual en el rol de personaje protagonista. Y no solo eso, sino que Bogarde era una auténtica estrella cinematográfica en su país.

La homosexualidad y el cine de Hollywood: Condenados a entenderse

Si bien es cierto que a lo largo de los 60's los personajes homosexuales concebidos en Hollywood son cada vez más abundantes y manifiestos, no lo es menos que esa mayor visibilidad no se traduce en una proyección más beneficiosa. Los homosexuales continúan muriendo en los tramos finales de las historias en que participan, siguen moviéndose en las sombras, en ambientes siniestros. Y, lo que es más pernicioso de cara a la audiencia, esos personajes deben arrastrar a sus espaldas una inmensa carga de vergüenza y culpa. Sirva como ejemplo el personaje interpretado por Shirley MacLaine en 'The Children's Hour' (William Wyler, 1961), que confiesa a Audrey Hepburn que se siente "sucia y enferma". MacLaine termina suicidándose al final del film.

En esta década se establecen con fuerza varios patrones de la mano de los personajes homosexuales: ser gay o lesbiana significa ser infeliz, lo que se traduce en la imposibilidad de encontrar el amor verdadero. Asimismo, la homosexualidad se representa como una patología a la que se está abocado y de la que no se puede escapar. Aunque en este punto en particular, tal vez el cine de Hollywood solo recogió lo que era una realidad socio-cultural: recordemos que, por entonces, la homosexualidad aún era considerada enfermedad y delito en EE.UU.

Apertura

La homosexualidad y el cine de Hollywood: Condenados a entenderse

Con 'The Boys in the Band' (William Friedkin, 1970) Hollywood da un paso al frente: una película en la que un grupo de gais aparece alegre, en un ambiente luminoso y normal, y en la que los protagonistas reflexionan sobre su condición de homosexuales. Y no, en este film ninguno de los personajes muere. A partir de entonces, el tema de la homosexualidad será tratado más explícitamente. Pero los daños que Hollywood ha causado, tanto en el imaginario colectivo como en los propios homosexuales, no será fácil de reparar: ya liberado de la mirada censora, ahora el cine norteamericano debe pasar un filtro más riguroso todavía, el de la sociedad, un muro que el propio cine ha ayudado a levantar.

La homosexualidad y el cine de Hollywood: Condenados a entenderse

En el aclamado musical de 1972, 'Cabaret' (Bob Fosse, 1972), el personaje masculino interpretado por Michael York no solo reconoce abiertamente su homosexualidad, sino que es presentado como un hombre decente y cabal, lejos de la típica figura atormentada que hasta entonces venía repitiéndose.

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En 'Making Love' (Arthur Hiller, 1982) Hollywood recoge el testigo tendido por el cine británico dos décadas antes, en 'Victim', y lo hace a lo grande: Michael Ontkean interpreta, en el papel protagonista, a Zack, un prestigioso médico que descubre y acepta su homosexualidad pese a estar casado. En este film asistimos a escenas de amor entre los dos amantes protagonistas como nunca antes habían sido representadas. De hecho, fue proyectado con un mensaje a modo de introducción en el que se advertía del tema sobre el que versaba la historia. Supuso un importante punto de inflexión en el tratamiento de la homosexualidad, no solo por la explicitud de las imágenes, sino porque el protagonista gay era un actor famoso y atractivo.

Liberación

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Como ya pasase con 'Dos hombres y un destino' (George Roy Hill, 1969), la relación entre las dos protagonistas de 'Thelma & Louise' (Ridley Scott, 1991) resulta ambigua, y si bien en ningún momento se explicita que exista atracción sexual entre ellas (como tampoco sucede con Newman y Redford), son muchos los que dan por sentado que tal atracción es no solo evidente, sino que forma parte sustancial de la trama. De hecho, el final de estos dos films es el mismo: la pareja protagonista acaba suicidándose, lo que podría ser interpretado como un símbolo del amor verdadero y recíproco. No deja de ser sintomático que de una película a otra hayan transcurrido dos décadas y, sin embargo, la salida que se da a ambas sea prácticamente idéntica. ¿Sigue Hollywood sin saber solucionar el conflicto? ¿O es en la sociedad donde continúa el problema y el cine solo se hace eco de ello? Esta cuestión podría extenderse hasta nuestros días, con todos y cada uno de los temas abordados por el cine, pero veamos el último caso paradigmático sobre el asunto que nos ocupa.

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'Philadelphia' (Jonathan Demme, 1993) representa el eslabón final (y lógico) en la escalada de la cuestión homosexual hacia su merecida legitimación. Representado por Tom Hanks, el protagonista de la historia es gay y seropositivo. La Academia premió al actor con el Oscar al Mejor Actor Protagonista, pero no es este el punto clave. Al fin y al cabo, el personaje es presentado como alguien débil (inofensivo) y termina muriendo, características que, como hemos comprobado, vienen de lejos. Lo que marca la diferencia en 'Philadelphia' es que el amor triunfa entre dos personas del mismo sexo. Y, sobre todo, lo hace de manera explícita y sin concesiones.

Así, mostrando que el amor entre dos hombres es posible y legítimo, Hollywood abría por fin las puertas de par en par a la homosexualidad, poniendo fin a casi un siglo de representaciones más que cuestionables.

Contemporaneidad

A partir de entonces, la temática ha sido tratada, por lo general, sin complejos y con mayor profundidad. Abundan los títulos, desde los distintos géneros, en los que la homosexualidad se sitúa bien como eje temático, bien como aspecto colateral. Son muchos los personajes concebidos desde Hollywood, tanto protagonistas como secundarios, que han circulado por la pantalla orgullosos de su homosexualidad, ayudado así a naturalizar el tema.

La homosexualidad y el cine de Hollywood: Condenados a entenderse

Como decíamos, no son pocos los films reseñables: 'Mejor... imposible' (James L. Brooks, 1998), 'Las Horas' (Stephen Daldry, 2002) o 'Oscura inocencia' (Gregg Araki, 2004) son solo algunos de los títulos más representativos de estas dos últimas décadas. Pero quizá sea 'Brokeback Mountain' (Ang Lee, 2005) la película que mejor simbolice ese conflicto entre la homosexualidad y el cine hollywoodiense: sus protagonistas deben luchar contra los prejuicios, propios y ajenos, impuestos por una sociedad y una cultura (la trama transcurre en los años 60 en Norteamérica) que todavía no estaban preparadas para aceptar con naturalidad el amor entre dos personas del mismo sexo. Con esta historia, ganadora de los Oscar a Mejor director y Mejor guión adaptado, Hollywood se redimía, de nuevo pero con más intensidad y elocuencia que nunca, de ese siglo de tradición injusta y cruel.

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