'Barcelona, noche de invierno': Otra noche mágica

Jesús Agudo + Jueves 03 diciembre 2015

Resulta muy complicado encontrar películas románticas con algo de corazón. Si el género ya contaba con el gran problema de la falta de originalidad, últimamente también es cada vez más difícil ver que una historia de amor nos llega a tocar, hablando mal y pronto, la patata. Pero en 2013 llegó 'Barcelona, nit d'estiu', una cinta que, sin inventar la rueda ni revolucionar el género, conseguía que no una, sino unas cuantas historias, todas con la ciudad de Barcelona como escenario, acabaran emocionando como pocas películas de amor en los últimos años.

Barcelona, noche de invierno

¿Con la secuela se perderá la magia? Por suerte han querido contar con el poder de los Reyes Magos para ayudarles. Dani de la Orden regresa a la dirección en 'Barcelona, nit d'hivern', en la que recuperan la misma fórmula de la primera entrega, pero esta vez dan el salto a la noche de Reyes. La Navidad como telón de fondo de historias de amor es quizás algo muy manido, basta 'Love Actually' como claro ejemplo de ello, y si las comparaciones con la película de Richard Curtis ya eran inevitables en 'Noche de verano', esta vez hasta se la menciona. Porque no tienen ningún problema en admitir de dónde vienen, ni que puede que no sean la película más original, pero sí son capaces de traernos historias en las que el mensaje queda claro: ¿si no es por amor, para qué?

'Barcelona, noche de invierno' nos presenta nuevas historias en la Ciudad Condal (que pierde protagonismo) y nuevos personajes. También conectará con la noche de verano de hace dos años gracias a la reaparición de otros tantos actores. Uno es Àlex Monner, con el que nos trasladamos a su comida familiar, una historia de nuevo marcada por la diversidad sexual, esta vez de su abuela, que decide confesar a sus hijos que está enamorada de la amiga con la que vive. Otros dos son Bernat Saumell y Cristian Valencia, el primero como cameo y el segundo como uno de los protagonistas de una interesante oferta: hacerse un trío con su compañero de piso y la chica que reparte comida a domicilio. Pero los dos regresos más importantes son Bárbara Santa-Cruz y Miki Esparbé, que son los que sí continúan con el relato de Laura y Carles directamente, ahora padres primerizos y abrumados por la situación. Las nuevas historias vuelven a ser tan variadas como la primera vez, mezclando mucho sentimiento con el humor. Tenemos desde un chaval muy enamoradizo que quiere demostrarse a sí mismo (y a los pesados de sus amigos) que puede acostarse con una chica y no quedarse prendado de ella a los cinco minutos, a un Rey Mago que abandona la Cabalgata de Reyes para perseguir a su amor de la infancia, a una mujer que lleva años buscando a su abuelo.

Barcelona, noche de invierno

Al igual que ocurría en 'Nit d'estiu', y en casi todas estas películas corales con varias historias (no entrecruzadas), unos segmentos funcionan mejor que otros. Para mí, la historia de las abuelas lesbianas es una de las más redondas, con importantes mensajes que transmitir, mientras que la del trío es quizás la más básica y más "tontaca", más intranscendente. Pero lo bueno que tiene es que en general está bastante bien equilibrada, y los que buscen un poco más de comedia que de romántica no coincidirán probablemente con mis gustos, y viceversa. Pero lo que comparten casi todos los relatos es que, dejando las interpretaciones a un lado, Dani de la Orden ha conseguido que la química surja entre todos ellos, algo bastante complicado de encontrar. Los fans del género no tendrán problemas en conectar gracias a ello con el hombre que recorre kilómetros vestido con un traje dorado porque cree haber visto al amor de su vida, o con la joven a punto de ser despedida que decide echarle una mano, primero por interés y luego por convicción. Los personajes de Montserrat Carulla, Asunción Balaguer, Vicky Luengo o Àlex Monner son absolutamente encantadores, por poner ejemplos. Y Santa-Cruz y Esparbé siguen siendo una pareja top, a pesar de sus baches.

Esta vez, la película cuenta con más apariciones estelares que funcionan bastante bien y dan su toquecito de calidad y, sobre todo, de risas al conjunto. Berto Romero o Yolanda Ramos vuelven a estar inmensos en sus breves apariciones. Alberto San Juan, nuestro Melchor fugado, protagoniza una de las historias principales, consigue llegarnos al corazón con su desesperada búsqueda casi a ciegas. Las apariciones del cómico David Guapo o del youtuber Antón LoFer son bastante más cuestionables, como el excesivo product placement, pero todo lo que pueda ayudar a vender una película pequeñita pero con tanto encanto es bien recibido. Se nota aquí que 'Barcelona, nit d'estiu' consiguió conquistarnos a unos cuantos, y si encontraron la fórmula para conseguirlo, no es malo que la quieran repetir sin darle más vueltas.

Barcelona, noche de invierno

Una carta de amor al amor

La gran ventaja de la que parte la película, que ya hacía la primera, es que no se esconde detrás de nada. Ni de experimento ni de película súper independiente. Lo explica el propio director en la introducción de la cinta, y si nos ceñimos a lo que nos vende, es un producto maravilloso. Es una carta de amor al amor desgranada en distintos caminos más o menos azucarados, más o menos mordaces y más o menos intensos. Es básica, sí, pero hecha con un cariño que atraviesa la pantalla. Desde su, una vez más, preciosa fotografía, a la de nuevo delicada banda sonora con canciones del cantautor Joan Dausá, 'Barcelona, noche de invierno' no pierde el tiempo buscando la forma de darle una vuelta a la primera entrega, sino que coge todo lo que la hizo encantadora y lo lleva a un momento tan mágico como la Noche de Reyes. Porque la magia vuelve a fluir por esta película (más todavía con la Navidad en plena efervescencia), y los aficionados al romance encontraremos de nuevo un pequeño bombón que degustar con mucho placer, y que a los que no sean muy dados a estas películas les seguirá resultando empalagoso a más no poder.

Pero si entramos, entraremos en una estupenda sucesión de sonrisas, de instantáneas que darían para postal, de alguna lagrimilla momentánea y de muchos suspiros. No importa tanto que sea lo mismo que vimos hace dos años, cuando cosas así se hacen con tanto cariño, hay que aplaudirlas. Dani de la Orden puede seguir dándonos historias como estas, porque es un verdadero Rey Mago y sabe perfectamente lo que los romanticones queremos. Yo ya le espero en primavera.

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