Si algo impera en el pensamiento colectivo de las salas de cine al acabar '1917' es el increíble trabajo de fotografía que ha realizado Roger Deakins. La película cuenta la historia de dos jóvenes que, en plena Gran Guerra, tienen que hacer un viaje para salvar a miles de soldados de una muerte segura.

La forma en la que está contada y la millonada que ha costado que se cuente así convierten a esta cinta en una proeza audiovisual innegable y un producto que seguramente ya ha puesto corazoncitos sobre los ojos de los académicos. El equipo detrás de esta película se ha autoimpuesto, bajo la batuta de Sam Mendes, la máxima de hacer historia en la historia de los planos secuencia y en eso han dedicado todo el esfuerzo y el cuidado. Esta noticia, junto con todos los premios que ya lleva a sus espaldas, es el legado que inevitablemente debe recoger un delirio performático de tales dimensiones.
El dominio con el que la película disimula los cortes del plano secuencia logran realmente sumergir al espectador en un entorno hostil lleno de barro y cadáveres. El constante nivel de detalle del plano denota que todas esas imágenes han estado siempre en la imaginación del director. La idea, como bien explica Mendes en el vídeo, "nació cuando era un niño" ya que su abuelo, Alfred Hubert Mendes, que "luchó en la Primera Guerra Mundial" y por eso le dedica a él la película.
Go see 1917 in a theater. Full stop. pic.twitter.com/bUwmvJSqbV
? One Perfect Shot (@OnePerfectShot) January 11, 2020