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'Bienvenidos al barrio' es una tierna comedia sobre la integración y la multiculturalidad

Marina Vázquez Viernes 27 septiembre 2019

Lo hemos visto innumerables veces en la ficción: cambiamos a un elemento de su ecosistema natural y a partir de ahí se generan todo tipo de situaciones rocambolescas. Es una de las fórmulas básicas para crear humor y es la que el director franco-argelino Mohamed Hamidi utiliza en su última película 'Bienvenidos al barrio'.

Sin embargo, aunque la premisa pueda parecer puramente cómica, en los primeros momentos del filme descubrimos su clara intención social. Y es que Hamidi, que ya experimentó con la comedia surrealista en 'La vaca' (2016), se vale del humor en un intento por concienciar sobre las diferencias de clase, las ventajas de la multiculturalidad y la integración.

 bienvenidos al barrio

La película comienza cuando Fred Bartel (Gilles Lellouche), un carismático publicista dueño de una pequeña empresa de París, incurre en un fraude de ley al domiciliar su negocio en las afueras de la ciudad, aprovechándose de las innumerables ventajas fiscales que esto conlleva. Tras una visita de Hacienda en la que le informan que tiene que pagar más de un millón de euros de multa, Bartel tiene que decidir entre pagar esa cantidad que, obviamente, no tiene y, por lo tanto, cerrar la empresa y mandar a sus trabajadores al paro; o conmutar la deuda trasladando la oficina a La Corneuve, una de las zonas más deprimidas y con más delincuencia del extrarradio parisino.

Uno de los principales problemas del filme reside en su falta de verosimilitud. Desde el planteamiento de esta situación las reacciones son tan exageradas que te sacan de la historia: ¿de verdad a un empresario le generaría un dilema el tener que trasladar su empresa a veinte minutos del centro? ¿Realmente habría gente que amenazaría con dejar un trabajo como protesta por la mudanza? Pues en 'Bienvenidos al barrio' estos conflictos son de lo más normal.

Obviamente, acaban mudándose para pesar de jefe y trabajadores que, en un primer momento, sienten un profundo rechazo por el barrio y su gente de apariencia marginal. Algo que empezará a cambiar cuando conocen a Samy (Malik Bentalha), uno de los habitantes de La Corneuve que les enseñará a desenvolverse en el barrio y que acabará convirtiéndose en su compañero y la mano derecha del jefe.

 bienvenidos al barrio

La película funciona mucho mejor como producto social que como comedia: la exageración con los problemas del barrio se pasa de vueltas y por el tono pseudo bélico en algunos puntos no sabemos si estamos en Francia o en Kabul. Además, salvo algunos gags, hay falta de originalidad en unos chistes que hemos oído mil veces y que bien se podrían aplicar a La Corneuve, a los suburbios de Detroit o a Usera. Da la sensación de que se quedan a medio camino y que desaprovechan el potencial que la situación ofrece.

Es una lástima también el desaprovechamiento de algunos personajes: pese a que el personaje de Bartel luce y el peso recae casi exclusivamente sobre él, la película deja la sensación de que la evolución de su amistad con Samy, aunque se intuye, podría haberse explorado más. Lo mismo ocurre con el resto de trabajadores de la empresa, que quedan reducidos a meros portadores de chistes poco ocurrentes.

 bienvenidos al barrio

El barrio como cura y aprendizaje

Sin embargo, aunque la parte cómica es algo floja, hay que destacar la intencionalidad y la búsqueda del impacto social a través de la crítica a la diferencia de clases y el despertar de la conciencia sobre el racismo y el clasismo por parte del protagonista.

 bienvenidos al barrio

Bartel deja de ser ese empresario cosmopolita y alejado de la calle. El barrio y su gente le cambian, le enseñan y le curan contra los prejuicios. Gracias a ese intercambio cultural, en un principio, forzoso, consigue desarrollar una empatía por sus vecinos y su situación y, asombrado, descubre que mudarse a las afueras le ha convertido en mejor jefe, mejor marido, mejor padre y, en definitiva, mejor persona.

Nota: 5

Lo mejor: La ternura con la que Hamidi nos hace llegar el mensaje social.

Lo peor: Los momentos cómicos dependen de clichés muy manidos que podrían haberse trabajado más; así como las exageraciones, que son tan inverosímiles que nos sacan de la historia.

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