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'Morir para contar': Pasión en tiempos de guerra

Alberto Monje Jueves 22 noviembre 2018

Después de los desoladores documentales 'Nacido en Siria' y 'Nacido en Gaza', en los que seguía a niños en su día a día en estos territorios devastados por la guerra y de 'Lucha de gigantes', un comprometido documental de Acción contra el Hambre, el argentino Hernán Zin ha decidido dar la voz a aquéllos que entregan su vida día a día en el trabajo: los periodistas de guerra. Con profesionales de la talla de Ramón Lobo, Javier Espinosa o Mónica G. Prieto, el director y también reportero bélico va desgranando en primera persona en 'Morir para contar' los puntos más calientes de la actualidad militar de los últimos veinte años: desde la guerra de los Balcanes, pasando por los conflictos de Iraq, Afganistán, Somalia, Sudán o ya, recientemente, Siria y Gaza, y poniendo el foco en aquellos compañeros que han pedido su vida en este trabajo.

"En la guerra en una semana tienes la vida concentrada: tienes tensión, tienes miedo, tienes alegrías. Es todo arbitrario y muy efímero, y es muy bonito". Con estas palabras el director da comienzo a este documental, que en sus 90 minutos intenta ahondar en esa doble vertiente del reporterismo de guerra: por un lado el peligro, pero por otro lado la emoción de llegar a puntos del planeta a los que nadie llega y de dar voz a aquéllos que no la tienen. Y es que ninguno de los protagonistas, aunque hayan perdido a compañeros, aunque estén luchando contra las innumerables secuelas psicológicas de la guerra, ninguno de ellos muestra ningún grado de arrepentimiento. Al contrario, todos quieren volver. Es esa seguridad en sí mismos, esa confianza en su trabajo lo que al espectador le hará empatizar más con las historias que le cuentan.

'Morir para contar'

Los momentos más emotivos, más profundos de la película, son aquéllos en los que narra los instantes antes del asesinato de compañeros, como José Couso, asesinado en Iraq en 2003. Es desgarrador, e indignante, volver a escuchar la crónica de la muerte de este cámara de TeleCinco al que todavía no se le ha dado la justicia que se merece. Por otro lado, historias como la de Miguel Gil, un abogado que tenía la vida hecha, pero que encontró su vocación en narrar los conflictos bélicos aportan humanidad a unas situaciones, y a una profesión, que parece a primera vista que no la tiene. Especial atención a los casos de reporteros que fueron secuestrados, que una vez retornados a España han decidido poner su voz en el documental. "No hice más que cagarla", comenta Manu Bravo, que fue detenido por las autoridades libias durante un mes.

Los miedosos sirven para este oficio

Ellos son claros: en su trabajo el miedo es necesario. Todos están de acuerdo en que no son más valientes que nadie, al contrario, es necesario que tengan miedo para que éste les haga tomar las decisiones correctas en los momentos correctos. El más valiente no piensa con la cabeza, el miedo les ayuda a estar alerta. "Me aseguro de que mis compañeros tienen miedo antes de ir allí". El testimonio directo, con los invitados mirando a cámara, de todo su mundo interior es la principal baza de la película para que el espectador sienta su dolor y su afición por partes iguales. Que los reporteros miren a la cámara, y al espectador, a los ojos y les comenten que, en el fondo, ellos también están petrificados por el miedo, quizá haga entender algo más esta profesión.

'Morir para contar'

Todos están de acuerdo en que su trabajo es necesario, por muy desgarradores que sean sus testimonios, por muy mal que lo estén pasando, aunque hayan perdido a amigos, parejas y hermanos, todos coinciden en que hablar de su dolor les parece "obsceno". El documental muestra aquí un dilema que cita en su recta final y que corona muy bien el viaje emocional del espectador: ¿si esos reporteros viajan a los conflictos para que sus víctimas puedan tener una vida mejor, por qué ellos mismos se niegan la posibilidad de esa vida mejor, tranquila, junto a sus familias? ¿Son mártires los reporteros de guerra? ¿O son unos kamikazes que no saben dónde se meten? Que sea el espectador el que decida.

'Morir para contar' hace del testimonio de sus protagonistas su punto fuerte. Unos protagonistas que han presenciado unos horrores que han querido plasmar con sus cámaras. Unos protagonistas que han puesto al servicio su vida para darles una voz en el mundo a las personas a las que se les ha arrebatado. Sin embargo, estos protagonistas están rotos por dentro y ya no saben lo que es tener una vida normal. ¿Héroes o locos? Quizá ellos estén de acuerdo en que son lo segundo, pero cualquiera que vea 'Morir para contar' no dudará en llamarles lo primero.

Nota: 7

Lo mejor: La valentía y la fuerza de los testimonios, imposible no empatizar con ellos.

Lo peor: Que no consiga reactivar investigaciones como la del asesinato de José Couso.

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