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'Los niños del mar': El océano de la vida

Miguel Ángel Pizarro Viernes 24 enero 2020

Usualmente, la animación japonesa que llega a salas comerciales tiene un perfil común, siendo buena parte de ellos relatos con un marcado tono juvenil, filmes magníficos como 'El himno del corazón' (2015), 'Your Name' (2016), 'A Silent Voice' (2016), 'Quiero comerme tu páncreas' (2018) o 'El tiempo contigo' (2019) son ejemplo de ello. No obstante, el anime es tan diverso como la propia animación en sí, gracias a cineastas con una mirada diferente como Naoko Yamada, Mamoru Hosoda, Satoshi Kon o Hayao Miyazaki. En el caso de 'Los niños del mar', el director Ayumu Watanabe presenta un largometraje con un estilo completamente diferente al que se ha visto convencionalmente en los últimos años, que evoca al estilo de animación de la trilogía Animerama.

Los niños del mar

El largometraje, presentado en la sección Esbilla del 57º Festival de Gijón, está basado en el manga de Daisuke Igarashi, que también escribe el guion de la adaptación cinematográfica, realmente prepara al público con un enigmático prólogo, en el que puede apreciarse ya un estilo de animación diferente, excepcionalmente bello, con una presentación de créditos que, sutilmente, anuncia su enfoque de cine experimental. Porque 'Los niños del mar' es un filme en el que la trama acaba estando a merced de una animación deslumbrante, de increíble hermosura, que fluye libremente en medio de un océano con el que Watanabe e Igarashi traen una obra visceral, que acaba siendo una metáfora sobre el origen de la vida.

Un maremoto de sensaciones, lleno de simbolismos

Pero antes de llegar a esa explosión artística, el filme se disfraza de aventura fantástica adolescente, con una protagonista con problemas familiares que toma contacto con unos extraños hermanos cuyo hábitat parece ser más bien el mar que la tierra. Esa premisa puede llevar al desconcierto cuando devenga la historia en un maremoto místico y espiritual, lleno de simbolismo, en el que puede verse la mirada animista de Igarashi respecto a la relación entre el ser humano, los animales marinos y el océano. Esa forma de fluir, de sentir la vida, recuerda a la visión artística del cine de Naomi Kawase, esas olas del mar podrían ser en las que los protagonistas de 'Aguas tranquilas' (2014) se zambullen, dejándose arrastrar por las sensaciones.

Los niños del mar

"También soy un ser viviente. Mi padre me dijo que cuando surfeas [...] hay momentos en que te sientes que te fundes con el mar", le explicaba la joven Kyoko, en la cinta de Kawase, a un descreído Kaito. Precisamente ese es el concepto del filme, dejar fluir y dejarse llevar por el cúmulo de emociones que ofrece esa animación, que acaba teniendo una mirada surrealista que evoca a esa joya de la animación que es 'Belladonna of Sadness' (1973), incluso a los filmes experimentales de Disney de los años 40, con esa explosión de colorido de 'Los tres caballeros' (1944) o el bolero de 'Música maestro' (1946).

Una joya cinematográfica con animación de vanguardia

De ahí, que 'Los niños del mar' sea una obra maestra, un largometraje hecho para sentir, dejarse llevar. Ayumu Watanabe, más experimentado en la dirección de series, destaca con un largometraje completamente diferente a cualquier estilo de anime visto recientemente, pese a compartir la mirada ecologista y filosófica de los largometrajes de Studio Ghibli o el detalle en su máxima expresión del cine de Makoto Shinkai. Sin duda, una revolución animada que fascina, siendo similar a un viaje psicodélico hacia las profundidades marinas.

Los niños del mar

Ayudado por la música de Joe Hisaishi, compositor habitual de Miyazaki que en esta ocasión saca una vena más cercana a las composiciones que ha hecho para Takeshi Kitano o a la banda sonora de 'El cuento de la princesa Kaguya', 'Los niños del mar' es un filme hecho para el deleite visual, una auténtica obra de vanguardia en el que las sensaciones se convierten en las protagonistas, en una reflexión sobre el destino y el ciclo de la vida, recordando que el mar es el origen del todo (cual madre, pues en ciertos idiomas, como el francés, se pronuncian igual).

Una profunda experiencia espiritual convertida en cine, con la que Watanabe e Igarashi penetran en el alma. Un poético y hermoso canto a la vida y también a la muerte, filmado con un bello lirismo con el que es posible sumergirse en esas profundidades marinas que son la conexión pura con la naturaleza del espíritu.

Nota: 9

Lo mejor: Su excepcional belleza visual, alejada de la convencional mirada del anime, que acaba convirtiéndose en una animación de vanguardia.

Lo peor: Su trama inicial lleva a la perplejidad, lo que puede provocar que ciertos espectadores se vean decepcionados por ello.

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