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'Las chicas del cable' ya no son ni "chicas" ni "del cable"

Carmen Broncano Viernes 14 febrero 2020

Llega a Netflix la primera parte de la última temporada de 'Las chicas del cable', la primera serie de producción nacional para la plataforma de streaming que se estrenó en 2017 para 193 países. Cuatro temporadas después, llega a su fin después de haber sido pionera en el camino que ya emprenden 'La casa de papel', 'El vecino', 'Diecisiete', 'Elisa y Marcela' u otras producciones españolas para Netflix. Bajo la tutela de Bambú ('Velvet', 'Gran Hotel'), la serie se concebía como un alegato a aquellas mujeres del Madrid de los años 20 que encontraron trabajo en la compañía de telefonía. Prometía un discurso feminista, rompedor, político y de época (especialidad de su productora) que se quedó en una historia de enredos, drama, triángulos amorosos y una voz en off de su protagonista que hizo que 'Las chicas del cable' se estancara a medio camino entre lo que prometió ser y lo que finalmente fue.

'Las chicas del cable'

La primera parte de esta quinta y última temporada empieza siete años después del final de la cuarta. Un final que aparentaba cerrar un círculo que vuelve a abrirse (no sabemos por qué) después de la muerte de Ángeles (Maggie Civantos), la huida de Lidia (Blanca Suárez) a América con su hija y Francisco (Yon González), la reconciliación de Marga (Nadia de Santiago) con su marido y el exilio voluntario de Carlota (Ana Fernández) y Óscar (Ana Polvorosa) a París para vivir su amor en libertad. Sin embargo, es Sofía (Denise Peña), la hija de Ángeles, la que reúne a las chicas del cable en Madrid, en plena guerra civil y con la compañía de teléfonos rezagada a una improvisada redacción para la prensa española, cuando decide escapar de los brazos familiares de Lidia para unirse al frente republicano. Será ella quien haga de hilo conductor en la trama de los nuevos episodios. La quinta temporada se presenta como un relato de la guerra atroz que separó a familias y dio pie a tantas injusticias, como una representación de la muerte, la pérdida y la enajenación mental que provocaba cada bombardeo.

Otra vez en su papel de madre coraje, el personaje de Blanca Suárez rinde homenaje a su amiga fallecida protegiendo a su hija contra viento y marea. Suárez vuelve de Nueva York paseándose con los labios rojos y con tacones por el Madrid derruido que tantos malos recuerdos le trae. Su interpretación desgarradora no termina de calar, pero cualquiera que sea seguidor de 'Las chicas de cable' sabrá que no es precisamente el papel de su protagonista el que más brilla, sino el de sus secundarias. Carlota y Óscar vuelven a Madrid hospedándose en el hotel Pacífico, uno de los pocos enclaves que quedaban más o menos inmunes al paso de las bombas por ser refugio de periodistas internacionales como ellas se presentan. En su papel de reaccionarias, Fernández y Polvorosa volverán a otorgarle al grupo el punto de valor que necesita con una relación más que afianzada. Sin duda es Nadia de Santiago en su papel de Marga la que más luz aporta en medio de tanta tragedia. El punto de comedia al que nos tenía acostumbrados se pierde en la inmensidad de la guerra, pero sigue siendo la mujer tierna, comprometida y generosa que reconforta la vista del espectador. Poco se ve de Yon González en los dos primeros capítulos, que por lo pronto permanece en Nueva York con Eva, la hija de Lidia, y Carlos Cifuentes (Martín Rivas) reaparece para enfrentarse a la madre de su hija en una batalla personal que comenzarán cargada de rencor y dolor del pasado que aún sienten presente.

Marga y Pablo en 'Las chicas del cable'

Continúan Antonio Velázquez en su papel de Cristóbal, que intuimos veremos en él el recuerdo aún presente de Ángeles, y Nico Romero como Pablo, que hará todo lo posible para no alistarse en el ejército republicano. También volveremos a ver a Kiti Mánver y su capacidad resolutiva liderando el contrabando de la guerra, y la nueva incorporación de Denise Peña, en ese papel de adolescente perdida que tampoco llega del todo a ganarse la empatía, pero que aporta a la serie la ingenuidad y la inocencia ya perdida a la que nos tenían acostumbradas las "chicas".

El salto temporal de los siete años ni se entiende ni se justifica igual que cuesta imaginar por qué una niña de 17 años iba a volar sola de una vida acomodada en Nueva York a la guerra de un Madrid que difícilmente recuerda. En busca de sus raíces, se supone. Desde la decepción inicial que supuso la trama de la primera temporada de 'Las chicas del cable', en la que todo se centraba en los amoríos de Lidia y poco en las historias de las mujeres de la época, la serie ha mantenido un ritmo extraño que saltaba de la compañía de teléfonos a la guerra feminista, de ahí a la carrera política, a una acusación falsa de asesinato, a una abuela sin escrúpulos, y más tarde, al exilio a América antes de la guerra inminente. Pasando muy de refilón por la monarquía, la República y el fracaso de la misma, 'Las chicas del cable' pueden dejar de llamarse así porque poco les queda ya de ese universo de llamadas. La quinta temporada mantiene los giros de guion por casualidades, los desenlaces sin querer y las coincidencias tan poco creíbles que solo se dan en la ficción. Sigue explicándolo todo sin explicación aparente y convierte a las cuatro protagonistas en heroínas sin mérito a las que todo les cae del cielo.

Denise Peña en 'Las chicas del cable'

El perfecto "guilty pleasure"

Sin embargo, la ficción de Netflix tiene ese algo que nadie sabe muy bien qué es pero que existe, engancha y busca alimentación constante. 'Las chicas del cable' se ha convertido en el "guilty pleasure" de la plataforma, esa serie que sabes que le falta mucho camino para poder llegar, en la que tú hubieras hecho las cosas diferentes si fueses el guionista pero que, no sabes por qué, te gusta, te quedas y quieres más. Quizás sea porque la fórmula del amor imposible sigue enganchando, o porque ver a cuatro mujeres reconocidas en la pequeña pantalla siga siendo la mejor llamada de atención para público.

La ambientación, los decorados, el equipo de arte, la fotografía, el maquillaje, peluquería y vestuario siguen siendo excelentes. Bambú se luce con cada época que materializa y sabe bien dónde tocar para meter al espectador de lleno en los turbulentos años 30 de Madrid. Y es cierto que quizás en esta temporada veamos más conflicto social y más contextualización de la época que tanto echábamos de menos en las pasadas. El retrato de la guerra, el enfrentamiento entre ambos bloques y las historias humanas que renacerán del conflicto llenarán los últimos episodios de 'Las chicas del cable'. Prometen ser más comprometidos, más fieles a la época y más sensibles con el momento político y social que vivía España durante la Guerra Civil. Aun así, no faltará el amor, la pérdida, el dolor y los recuerdos de las chicas (ya mujeres) que las moverán contra viento y marea manteniendo su amistad como bandera durante toda la trama.

La primera parte de la quinta y última temporada de 'Las chicas del cable' ya está disponible en Netflix.

Nota (de los dos primeros episodios de la quinta temporada): 7

Lo mejor: La ambientación, la recreación de la atmósfera de la guerra civil. Nadia de Santiago. Que siga siendo un "guilty pleasure" cinco temporadas después.

Lo peor: La vuelta forzada de la historia cuando parecía estar completamente cerrada. Le sigue faltando ese algo que la haga brillar.

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