Con su primer largometraje, Spike Jonze consiguió, además del favor de una industria que terminó colocándole entre los cinco nominados al Oscar a Mejor Director por su trabajo, construir una joya de culto por la que no pasa el tiempo. Y es que, apoyada de manera fundamental en un extraordinario guion del gran Charlie Kaufman, 'Cómo ser John Malkovich' es uno de esos trabajos que, sobre el papel, pueden parecer poco más que una curiosidad tan absurda como genial pero que, una vez vista en pantalla, se descubre como vibrante ejercicio cinematográfico, brillante reflexión sobre la creación y la personalidad autoral, delirante comedia absurda y, finalmente, memorable recital técnico e interpretativo.

Efectivamente, estamos ante algo muy parecido a una obra maestra, un trabajo de orfebrería narrativa y de magistral puesta en escena que, sumado a la entrega total de su maravilloso reparto, termina elevándose como una de las cintas realmente imprescindibles, por atrevimiento, riesgo asumido y triunfo conseguido, de la década de los 90. Una propuesta que sigue sorprendiendo en cada visionado, que mantiene intacto su poder de fascinación, su talento a la hora de hilar carcajadas con golpes en la misma boca del estómago.

Un auténtico tiovivo de sensaciones que, controlado con pulso de hierro por un Jonze que ya parecía maestro en su primera convocatoria, aprovechaba el inmenso potencial del libreto de Kaufman, otro de los genios incontestables del Hollywood actual, quien ofrecía aquí todo un arsenal de ideas excepcionales, diálogos de acero y escenas que se inyectaban directamente en la memoria. En definitiva, una sucesión imparable de aciertos que convierten a 'Cómo ser John Malkovich' en todo un estallido único y genuino de cine en su estado más puro. Inolvidable delirio.