Si miramos el vaso medio vacío, y estableciendo las siempre odiosas comparaciones, 'Zombies party' supone el eslabón más débil dentro de la celebrada (con justicia) Trilogía del Cornetto creada por Edgar Wright y Simon Pegg, superada por la contundencia cómica de 'Arma fatal' y la espectacularidad narrativa y formal de 'Bienvenidos al fin del mundo'. Calma, ya llegan las buenas noticias.

Sin embargo, quedémonos con el lado positivo y celebremos esta gamberrada a costa del cine de zombies como lo que realmente es, un debut más que prometedor de un cineasta que llegaba arrasando a base de influencias evidentes como George A. Romero, Quentin Tarantino o Martin Scorsese, entre otros, pero que conseguía desarrollar un discurso propio y carismático. Ritmo endiablado, gags memorables y un nervio realmente deslumbrante. Un puñetazo inicial sobre la mesa realmente admirable.

Por eso, a pesar de haber terminado ocupando un lugar menor dentro de la filmografía de su director y protagonistas, basándonos en lo puramente cinematográfico, 'Zombies party' sigue manteniendo intacta su frescura e inteligencia, su dinamismo y efectividad y su merecida relevancia dentro del género. Carcajadas tan sangrientas como eficaces.