¿Una canción puede salvar una película del desastre? Vale, quitamos signos de interrogación y sumamos un elemento clave: Una canción puede salvar una película del desastre, al menos durante unos minutos. Puede que en tu posición de espectador no hayas conseguido entrar en la historia, conectar con sus personajes, introducirte en su trama y dejarte llevar por ella, pero si aparece una de las melodías de tu vida de repente, todo estalla en mil pedazos. La memoria se activa al instante, la emoción se desborda y te puedes encontrar moviendo los pies de manera descontrolada debajo de la butaca o comprobando como las lágrimas hacen acto de presencia de la manera más inesperada.

Por supuesto, también ocurre con canciones desconocidas que llegan para quedarse. No importa tanto el efecto nostálgico, que también, sino el alcance emocional que tiene la música en cada uno de nosotros. Podemos borrar una película de nuestra mente pero, si de repente aparece ese estribillo que elevaba una de sus escenas hasta el infinito, la recordamos como si fuera una de las experiencias más intensas que hemos vivido en un cine. Y una de las más maravillosas. La música y el cine siempre se han llevado bien, se han necesitado, se han cuidado, se han entendido a la perfección. Nosotros hemos sido simplemente un conjunto testigos afortunados. Bendita suerte la nuestra.
En este especial, repasamos diez de las canciones que han marcado de manera evidente lo que llevamos de siglo cinematográfico. Las hemos cantado. Las hemos memorizado. Las hemos llorado y reído sin descanso. Funcionan porque tienen un efecto directo en el conjunto, un papel esencial dentro de la historia, un golpe en el estómago por encima de la mirada, nunca por debajo. Son canciones inmensas, divertidas y dramáticas, épicas y austeras, vibrantes e imprescindibles. Empezamos a tararear ya.