Si lleváramos a cabo un cálculo rápido sobre el número de ocasiones en las que le hemos pedido a la Academia algo de emoción o sorpresas a la hora de entregar sus admirados Oscar, perderíamos la cuenta. Sucede casi todos los años, los pronósticos se cumplen en el ochenta por ciento de las categorías dejando a los millones de espectadores que disfrutan de la gran fiesta del cine con cara de tonto. Porque nos gusta que ganen nuestros favoritos, está claro, pero eso no debería excluir por completo las opciones de perder todas las apuestas que hemos hecho los días previos.

Por otro lado, también nos hemos encontrado con una situación inversa. Es decir, sorpresas que nos han arruinado por completo la madrugada, dejándonos con el ánimo por los suelos y con el café escapando de nuestra boca con un sonoro ¡¿QUÉ?!. Nos referimos, claro, a esas ocasiones en las que la Academia ha decidido ir a contracorriente y convertir a las grandes favoritas de la noche en las grandes fracasadas. Sin piedad. Y hablamos de propuestas que nacieron rodeadas de esas peligrosas voces que empiezan a animarte de cara a los premios y esos temibles dedos que te señalan como la próxima ganadora del Oscar a Mejor Película. ¿Sin duda? Sin duda. ¿Seguro? Seguro. Pues toma.
A continuación, enumeramos diez ejemplos que demuestran que las quinielas no siempre están asentadas sobre pilares seguros, ni que las previsiones de los expertos son cien por cien de fiar. En la mayoría de casos, su desastre está relacionado directamente con la injusticia más dolorosa, pero ya es demasiado tarde para los lamentos. Mejor reivindiquemos el papel de estas propuestas. Y sigamos intentando explicarnos lo que pudo fallar para que pasaran de favoritas a perdedoras.