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'El Camino': Un festín de nostalgia de 'Breaking Bad' que nos da demasiadas respuestas

Javi P. Martín 13 octubre 2019

Cuentan Vince Gilligan y Aaron Paul que los fans llevaban años preguntándoles por el destino de Jesse Pinkman. El cierre de 'Breaking Bad' es lo menos parecido a un final abierto que ha habido en la historia de la televisión reciente, pero es cierto que el personaje de Paul se despedía de los espectadores "in media res", en una huida desesperada. "Se escapó. No es un final completamente feliz porque está llorando, está riéndose, es de suponer que estará ahogado en síndrome postraumático. Pero al menos se escapó", dice el creador de la serie. "Entonces me puse a pensar, bueno, lo mismo no se escapó. Lo mismo lo pilló la policía al cruzar la esquina. ¿Quién sabe?".

'El Camino: Una película de Breaking Bad'

Pero parece que tenemos alergia a ese "¿Quién sabe?", una pregunta que rara vez se queda ya sin respuesta en Hollywood. Y en ese espíritu aborrecedor del misterio, Gilligan ha escrito y dirigido 'El Camino: Una película de Breaking Bad'. El título recuerda a 'Rogue One' y 'Han Solo', dos películas de la saga 'Star Wars' que también respondían a preguntas que los fans se habían hecho y que, como 'El Camino', son absolutamente innecesarias.

También suena a amenaza: si hay "una película de 'Breaking Bad'" podría haber también dos, tres o quién sabe cuántas más. Al fin y al cabo tampoco sabemos qué ha sido de la familia de Walter tras su caída, ni qué ha pasado con el cristal azul de Heisenberg tras su muerte, ni cómo llegó Gustavo Fring a convertirse en el monstruo que acabaría siendo. Sí sabemos, o en ello estamos, cómo nació el abogado Saul Goodman, que cuenta con su propia serie, 'Better Call Saul', en la que Gilligan ya está demostrando que puede alargar el chicle todo lo necesario y le quedará igualmente uno sabroso y pegajoso, pero alargado al fin y al cabo.

'El Camino' es obviamente buen cine, como lo fue siempre 'Breaking Bad', en cuanto a su poderosa filmación de ese Nuevo México que tiene vida propia, envuelve y engulle. Por su paisaje y por el magnífico uso que hace del silencio, la obra de Vince Gilligan es la heredera directa del que algunos creen el único género cinematográfico esencialmente estadounidense, el western, hasta el punto de que 'El Camino' tiene una escena extraída de cualquiera de las películas del oeste. A estas alturas no vamos a despreciar el talento para lo formal de uno de los creadores con un estilo más marcado de la televisión actual.

'El Camino: Una película de Breaking Bad'

El problema principal de 'El Camino', que no consigue contar una historia con consistencia ni autonomía, ni parece intentarlo, es que existe solo para responder a esa pregunta que los fans se hacían. "'El Camino' le da a los fans de 'Breaking Bad' exactamente lo que quieren", dice la crítica de Vulture. "Fan service funcionando a toda pastilla", titula el crítico de televisión Alan Sepinwall. Gracias a varios flashbacks y al viaje circular, o espiral, que emprende Jesse en su búsqueda de una salida, hay decenas de guiños, homenajes y regresos de personajes de 'Breaking Bad', que convierten a la película en un festín de nostalgia de la serie que acabó hace seis años. Cada vez tenemos nostalgia del pasado más cercano, pero eso es otro tema.

La belleza de los flecos sueltos

Si la perfección existe en la ficción televisiva, 'Breaking Bad' es una de las series que más se ha acercado a ella, al menos en lo narrativo. Dio pocos pasos en falso, nunca se estancó y supo en todo momento hacia dónde se dirigía. Era la historia de Walter White, cuya ambición ciega, su verdadero cáncer, destruyó muchas vidas. Entre ellas, la de Jesse Pinkman, una de sus mayores víctimas, el pupilo que no supo llegar a convertirse en monstruo. Su propósito como personaje era servir de contraste a la total pérdida de humanidad de Walter, y su final fue absolutamente perfecto: gracias a Jesse, Walter mató a Heisenberg y consiguió redimir al menos alguno de sus pecados. El hombre ya estaba consumido, pero utilizó las pocas fuerzas que le quedaban para salvar a su protegido. La risa desesperada y las lágrimas que bañaban la cara de Jesse, en una escena que culminaba la gran evolución como actor de Aaron Paul durante toda la serie, eran un punto y final agridulce, explosivo y lírico, a la altura de 'Breaking Bad'.

'El Camino: Una película de Breaking Bad'

Preguntarnos qué fue de Jesse no es solo un derecho que tenemos los fans de la serie: es un deber. Como el sueño publicitario de Don Draper al final de 'Mad Men', la iglesia de 'Perdidos', el apocalipsis desatado de 'Angel', el corte a negro de 'Los Soprano' o el salto de fe definitivo que nos exigía el final de 'The Leftovers'. Las preguntas sin respuestas son lo que mantiene viva a una serie años después de su último episodio. ¿Por qué le ha arrebatado Vince Gilligan eso a 'Breaking Bad', a cambio de una película que no aporta absolutamente nada a la serie? Aparte de por el dinero, claro.

Un buen guionista entiende la belleza de los flecos sueltos y sabe que lo que el fan pide (hoy en día, exige) no es necesariamente lo mejor para la historia. Hollywood ha olvidado esto último. Jesse y nuestra imaginación quedaron libres al final de 'Breaking Bad'; seis años después, Vince Gilligan ha vuelto a enjaularlos con 'El Camino'.

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