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'El cover': Benidorm es nuestra La La Land

Javi P. Martín Viernes 23 julio 2021

Hay muchos elementos que podemos discutir en torno a una película. Guion, fotografía, música, interpretaciones, los movimientos de cámara, el montaje... es posible analizar una producción como si estuviéramos desmontando un coche, e ir pieza a pieza poniendo nombres y calificativos a todas las decisiones, los patinazos o los hallazgos. Pero aparte de eso hay algo más. Podemos llamarlo magia, encanto, amor o como queramos: el caso es que es un elemento tan difícil de describir como de conseguir, y 'El cover' lo tiene.

'El cover'

Secun de la Rosa debuta como guionista y director de largometrajes con un musical que tiene eso, sea lo que sea "eso", que tanto se echaba de menos en 'Explota explota'. Es una película con canciones cantadas en directo en las que lo menos importante es la excelencia técnica. Deudora de musicales cañís hechos con más gracia que recursos como 'El otro lado de la cama' o '20 centímetros', 'El cover' sabe que nosotros no venimos de Fred Astaire sino de Los Chichos, y que lo más parecido que tenemos a La La Land es Benidorm.

En la ciudad alicantina se desarrolla esta historia protagonizada por Dani (Àlex Monner), un hijo de cantantes que, a pesar de su talento para la música, ha decidido que quiere ser simplemente camarero. A su alrededor abundan los que sueñan con triunfar, como su amigo (Lander Otaola), cover (es decir, sustituto) de uno de los actores en una pequeña producción teatral local; Sandra (Marina Salas), imitadora de Adele que pasa las noches actuando en hoteles y bares; o una chica que imita a Amy Winehouse todo el tiempo, de la que nadie conoce su identidad real (Carolina Yuste). Sueñan con triunfar pero se conforman con cantar, aunque sea ante dos o tres personas.

Igual que los Javis, autores de otro musical con encanto reciente, reivindicaban en 'Paquita Salas' la dignidad de las actrices olvidadas, De la Rosa hace con 'El cover' un canto a todos esos músicos que nunca encabezarán carteles de festivales o listas de discos vendidos. Defiende que cantar es un trabajo, y uno que agota tanto como los demás: "30 años cantando, no puede más", se dice sobre un anciano que ha dedicado su vida a actuar en la ciudad.

Quizá por su experiencia como dramaturgo, Secun de la Rosa llena el guion con demasiadas ideas y abusa de la palabra para exponer y sobreexplicar muchas de ellas. Por suerte su estilo lírico solo llega a rozar lo cursi ("puede ser que entre los discos y cassettes también se colara el miedo en mi herencia", dice la voz en off del protagonista) y tiene como bálsamo un sentido del humor y una honestidad conmovedora en cuanto a sus referencias y sus ambiciones. "Qué bonito, ¿es de Lorca?", le dice el personaje de Salas al protagonista cuando le recita unos versos. "No, los Chunguitos", responde él.

'El cover'

Esa apología de la tradición, la real y no la impostada, es de lo más interesante de 'El cover'. España es un país que ha formado su cultura popular entre dos aguas, avergonzándose de lo propio e idealizando lo ajeno. Secun de la Rosa mezcla en la misma coctelera a Gloria Gaynor, The Killers o Lady Gaga con Nena Daconte, Antonio Vega, Mocedades, Loquillo o Antonio Orozco, a veces literalmente: una de las mejores escenas es un plano secuencia en el que gran parte del reparto se reta en duelo cantando canciones en inglés y en español en un popurrí que recuerda, por lo icónico y sorprendente, al de las canciones pop ochenteras de 'Los dos lados de la cama'. No hay prejuicios ni apariencias: 'El cover' eleva a la misma altura música de antes y ahora, de aquí y allí, en un sincero homenaje al batiburrillo que nos ha formado.

Esa pugna entre lo nuestro y lo importado forma parte de los cimientos de la ciudad que queda inmortalizada por la película (curiosamente también lo ha hecho recientemente Isabel Coixet con una película coetánea, 'Nieva en Benidorm'). 'El cover' desprende amor por la mitomanía y por lo impuro, ¿y qué hay más mitómano, más impuro y más artificial en este país que ese Las Vegas nacional que es Benidorm? "Estoy harto de que todo sea de plástico", dice el protagonista. Para Secun de la Rosa ese plástico tiene alma y esa mitomanía es solo una forma de escapar de lo ordinario de uno mismo. Precisamente la historia más emotiva de la película la protagoniza Amy, esa imitadora de la Winehouse que vive tras una máscara para protegerse. Carolina Yuste, muy alejada de su papel en 'Carmen y Lola', se postula como una de las actrices más desaprovechadas de esta industria.

La fauna que puebla Benidorm es como la parada de los monstruos de esta película, pero unos monstruos a los que el director ama. Son imitadores, cantantes, actores, representantes y, no menos importantes, hosteleros a los que encarnan nombres consagrados como Carmen Machi, Juan Diego o Susi Sánchez, pero también gente del underground o eternos secundarios como Jorge Calvo, Cristina Rueda, Diego París, Pepe Ocio, María Hervás o Xavi Melero. Muy en consonancia con la tesis de la película, 'El cover' hace un trabajo encomiable desenterrando un talento que puebla los rodajes y las tablas en España y normalmente no recibe toda la atención que debería en los circuitos mainstream.

'El cover'

Un canto a los supervivientes

Esta producción fue afectada por la llegada del coronavirus: cuando el Gobierno decretó el Estado de alarma llevaban dos semanas de rodaje, y no pudieron volver a retomarlo durante meses. En ese tiempo De la Rosa asegura que perdieron a personas del equipo (algunos vivían fuera de España, otros tuvieron que dedicarse a otros proyectos), localizaciones y decorados. Y en la película se pueden ver los hilos que quedaron sin remendar, especialmente en un final repentino y apresurado que logra a duras penas darle una conclusión a la trama principal.

Pero ese trasfondo solo le suma épica a esta hazaña. En vez de tratar de imaginar la película que podría haber sido hay que aplaudir el milagro que este equipo ha llevado a cabo. Es la trastienda perfecta para una película que habla de los supervivientes. Secun de la Rosa demuestra tener visión, voz y personalidad firmando esta imperfecta pero emocionante oda. Una oda que no es solo a los músicos, sino también a los perdedores con imaginación. Solo con ella podemos ganarle la batalla a este mundo feo en el que vivimos.

Nota: 8

Lo mejor: El amor y la pasión por el proyecto por parte del director y el resto del equipo traspasan la pantalla

Lo peor: Su final abrupto que deja en evidencia los estragos del coronavirus en el rodaje

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