Pese a que la interpretación no debería tener discriminación entre géneros cinematográficos, desde tiempos inmemoriales el hecho de ser un actor o actriz encasillado en el terror, es algo que más que abrir puertas, en Hollywood las cierra. De ahí que las estrellas de la Universal o la Hammer ya se quedasen de forma casi perpetua asociadas a un tipo de producciones que, a ojos de los productores, no les daban el suficiente respaldo como para protagonizar otro tipo de títulos más "serios" o alejados de los cánones de la fantasía o el horror.
Pese a que hayan sido muchos los actores de hoy en día (y del Hollywood de hace unas décadas) que cuenten con títulos de terror en los orígenes de sus carreras, también son varios los que no han vuelto a este una vez se han convertido en estrellas. Sin embargo, y cuando las oportunidades han dejado de llamar a sus puertas, el hecho de hacer una producción de puro género cuando se considera que están en horas bajas, tampoco les ha ayudado demasiado, dando luz durante el nuevo siglo a algunos bodrios que muchos pensaban haber olvidado.

Malas elecciones
Es curioso ver cómo estrellas que en su momento la Academia alabó y que consideró que eran las mejores intérpretes en los años en los que se hicieron con el Oscar, acabaron formando parte de la larga lista de intérpretes asfixiados por esa (divertida) leyenda sobre la maldición que pesa sobre cualquiera que gane la estatuilla dorada.
Por eso, no sorprende ver cómo estrellas de los noventa de la talla de Sharon Stone, Demi Moore o Sandra Bullock, comparten fracasos en el terror (y derivados) junto a ganadores del Oscar como Adrien Brody, Hilary Swank, Halle Berry o Robert De Niro. Todos y cada uno de ellos, dejan claro que ni siquiera una peli de terror puede salir a flote con el único aliciente de tener a una estrella como protagonista. Sea como fuere, y pese a que un par de ellos hayan repetido (con nefastas consecuencias), puede que no volvamos ver a ninguno en otra producción de género.